Las ficciones malignas
Está de moda proclamar el fracaso de la Unión Europea, un empeño por el que Occidente ha vivido el más largo período de paz de su historia, ha reducido la pobreza y elevado los niveles de vida
FERNANDO VICENTELos seres humanos no pueden vivir sin ficciones —mentiras que parecen verdades y verdades que parecen mentiras— y gracias a esa necesidad existen creaciones tan hermosas como las bellas artes y la literatura, que hacen más llevadera y enriquecen la vida de las gentes. Pero existen ficciones benignas, como las que salieron de los pinceles de un Goya o de la pluma de un Cervantes, y malignas, que son aquellas que niegan su naturaleza subjetiva, ideal e irreal y se presentan como descripciones objetivas, científicas, de la realidad.
En los últimos tiempos hemos tenido muchas ocasiones de ver los efectos perniciosos que las ficciones malignas, difundidas por algunos gurús procedentes de la economía sobre todo, pueden tener sobre la vida social. La más reciente es la de Paul Krugman que, en su columna deThe New York Times, acaba de anunciar un próximo “corralito” para la economía española, lo que acaso haya contribuido a acelerar la fuga de capitales y de ahorristas de España y que debe haber dejado estupefactos a buen número de sus admiradores que no habían advertido todavía que también los Premios Nobel de Economía, cuando se convierten en iconos mediáticos, dicen a veces tonterías. (Dicho sea entre paréntesis, los asustados por las profecías apocalípticas del profesor de Princeton harían mejor en creerle al presidente de Telefónica, César Alierta, quien acaba de afirmar de manera categórica que “España es un país solvente, tanto en el sector público como en el privado”. Tengo la seguridad absoluta de que el señor Alierta está mejor informado que el doctor Krugman sobre la salud económica de este país).
Una de las ficciones malignas que, desde la Edad Media, circula como un tópico, en la cultura europea es la de la decadencia de Occidente. En sus orígenes tenía un supuesto sostén religioso y apocalíptico: aquí tendría lugar el fin de los tiempos, de la historia, y ese final sería precedido por un largo período de anarquía y catástrofe, de matanzas, pestes, confusión y ruina. Luego, aquellas sombrías predicciones irían perdiendo sus acentos bíblicos y adoptando semblantes más realistas. Ya no serían los inescrutables designios de Dios, sino la insensatez y la locura de los propios europeos lo que precipitaría la ruina y el hundimiento de Occidente. Pero, la verdad es que, pese a las guerras, las epidemias, los genocidios y todas las formas de destrucción y de exterminio que ha debido padecer a lo largo de su historia, Europa, cuna de la cultura de la libertad, está aún viva y coleando, ha enterrado a las dos amenazas más poderosas de la democracia, el fascismo y el comunismo, y es la única región del planeta donde está en marcha la construcción de un gran proyecto de integración de naciones, sociedades, culturas, economías e instituciones bajo el signo de la legalidad y de la libertad.
La ficción maligna de moda es ahora la de proclamar el fracaso de la Unión Europea, este empeño gracias al cual Occidente ha vivido el más largo período de paz y convivencia de su historia y conseguido reducir al mínimo la existencia de regímenes antidemocráticos en su seno y en su periferia. Y, también, reducir la pobreza y elevar de manera significativa los niveles de vida del conjunto de la población. Cada día aparecen informes técnicos, análisis administrativos, prospecciones sociológicas y, sobre todo, peritajes económicos, demostrando la insolvencia del euro y su irremisible declinación, el fracaso del empeño en querer integrar economías avanzadas y sólidas con las de países precarios y subdesarrollados, y fantásticas estadísticas según las cuales la apertura de las fronteras en el interior de Europa ha disparado la inmigración ilegal, la delincuencia y abierto las puertas a los terroristas del integrismo islámico.
Probablemente estas ficciones malignas, resultantes de esa deriva sadomasoquista del encomiable espíritu crítico que ha caracterizado la mejor tradición de la cultura occidental, esté haciendo más daño a Europa que la grave crisis económica que enfrenta. En todo caso, ellas han favorecido el crecimiento de partidos extremistas, de izquierda y de derecha, que quieren acabar con Europa y regresar a los tiempos de las naciones ensimismadas. Ya no es imposible que lo consigan.
La crisis económica es, desde luego, muy seria y constituye una dura prueba para todos los países que conforman la Unión. Mucho más, por supuesto, para los que dilapidaron sus recursos de manera irresponsable y vivieron por encima de sus posibilidades recurriendo a créditos que ahora los ahogan. Pero la crisis es perfectamente superable, con los sacrificios necesarios, como ha demostrado Alemania —país al que, otra de las ficciones malignas de nuestro tiempo, enseña que debemos odiar por no permitir que siga la fiesta gastadora—, que fue capaz de resucitar a ese muerto que era, económicamente hablando, la República Democrática que debió asimilar, y que, además, gracias a su disciplina y realismo, ha conseguido ahora vencer la crisis y comenzado de nuevo a crecer.
La ficción maligna presenta a la señora Merkel como un ser insensible, para la que sólo cuentan los números, y con la idea perversa de que el crecimiento europeo sólo puede resultar del saneamiento fiscal y la reducción del gasto público, es decir, que difícilmente puede haber políticas expansionistas antes de poner la casa en orden. Y la ficción maligna añade que, felizmente, en el oscuro túnel de la decadencia de Europa, ha aparecido una luz salvadora. Se llama François Hollande y acaba de ganar las elecciones en Francia con una bandera clara, simple y generosa: lo primero no es la austeridad sino el crecimiento. ¡Bravo! ¡Eso es ser sensible a la injusticia del paro y la caída de los salarios! La estupidez es contagiosa, sobre todo en el dominio político, y lo extraordinario es que mucha gente perfectamente consciente del estado real de la economía europea, cree que la receta simplista y fantasiosa de Hollande, que le ha servido para ganar las elecciones, será también la columna vertebral de su política ahora que ha llegado al poder. El crecimiento económico como un acto de voluntad. Si es así, ¿por qué Grecia, Italia, Portugal, España no deciden crecer y lo hacen? Ah, por el espíritu egoísta, estrecho y mezquino de sus gobernantes y la maldad congénita del capitalismo. Si tuvieran un Hollande en el timón…
No ocurrirá como creen por la sencilla razón de que un enfermo no puede echarse a correr una maratón sin curarse antes, so pena de quedarse muerto en el camino. Y esa cura exige un período de tremendos sacrificios, que son más fáciles de soportar cuando se tiene la seguridad de que sólo a través de ellos se recuperará la salud y las energías. Francia es un país demasiado antiguo, experimentado y sabio como para que se suicide cediendo a esa tentación de lo imposible que ha llenado su cultura de tantas obras maestras. Más pronto que tarde, François Hollande y sus colaboradores tendrán que reconocer en público que no era tan sencillo como decían y pedirán valor y patriotismo al pueblo francés para seguir apretándose el cinturón. Vendrá entonces la decepción de los electores engañados, y, bueno, ya conocemos el resto de la historia.
Intentar lo imposible sólo da excelentes resultados en el mundo del arte y de la literatura; en el de la economía y la política sólo trae desastres. Y la prueba es la crisis que ahora vive Europa, y, en ella, principalmente, los países que gastaron más de lo que tenían, que construyeron Estados benefactores ejemplarmente generosos pero incapaces de financiar, que se endeudaron más allá de sus posibilidades sin imaginar que también la prosperidad tiene límites, que inflaron sus burocracias a extremos delirantes y ocultaron la verdad de la deudas y la inminencia de la crisis hasta el borde mismo del abismo por temor a la impopularidad. Todo eso tarde o temprano se paga y no hay manera de evitarlo.
Eso lo saben todos los gobernantes europeos, pero, entre ellos, sólo la canciller alemana se atreve a decirlo y a actuar en consecuencia. Con su aspecto de abadesa o madre de familia numerosa, la señora Merkel tiene un carácter de hierro y se mueve en las tempestades que rugen a su alrededor con una serenidad y un temple admirables. Es posible que las ficciones malignas acaben con su gobierno, pero, al menos, si es que así ocurre, podrá pasar a la oposición con la conciencia tranquila. En efecto, ella sí que ha dejado a su país mucho mejor de lo que lo encontró.
Mario Vargas Llosa/elpais.es
Frase del día
¿Polémicas?
¿Qué caso tiene vencer en una discusión? Ninguno, acaso aumentarle un poco de peso a la vanidad. Porque si la única meta de la discusión es poner de rodillas a nuestro oponente entonces la conducta más sabia es retirarse de la mesa.
Sobra decir que después de una buena conversación uno se fortalece pues ha tenido oportunidad de asomarse a la vida moral de otra persona. Esto casi nunca sucede porque los oídos sordos son moneda común en estos días en que la "polémica" suele ser tan bien considerada. Una de las causas de esta sordera epidémica es el idealismo: un hombre quiere defender a toda costa sus principios aunque para eso tenga que valerse de crímenes o mentiras (cada vez que un hombre defiende sus ideales hasta las últimas consecuencias alguien sale lastimado). No me opongo a que para vivir con cierto orden o realizar sus proyectos las personas acumulen principios, pero de eso a poner cemento en sus oídos existe todo un abismo.
Seguir leyendo el articulo: http://fadanelli.blogspot.mx/2009/08/polemicas.html
Guillermo Fadanelli
Las principales marcas siguen fabricando “vaqueros mortales”
Un nuevo informe demuestra que Zara, H&M, Levi's, Diesel o Lee siguen utilizando la técnica mortal del sandblasting para «desgastar» las prendas
Los vaqueros han vuelto a sacar algo más que los colores a las principales firmas de moda. Un nuevo informe de Setem pone de relieve que en cualquiera de las tiendas de España de Zara, H&M, Levi’s, Diesel o Lee se siguen vendiendo vaqueros desgastadoscon la técnica del sandblasting. Este método se utiliza en sus fábricas de Bangladesh y pone en grave peligro la vida de los trabajadores expuestos a este envejecimiento artificial y les lleva a contraer graves enfermedades pulmonares como la silicosis.
La Campaña Ropa Limpia, coordinada a nivel estatal por Setem, ha presentado el nuevo informe que demuestra que estas compañías no han cumplido su compromiso de hace un año de prohibir la fabricación de prendas con envejecimiento artificial proyectando chorros de arena a alta presión sobre la tela vaquera en sus fábricas de Bangladesh.
La investigación de terreno revela que, pese a que muchas marcas internacionales como las anteriormente mencionadas han prohibido la técnica del sandblasting en sus cadenas de producción lo cierto es que no parece que hayan adoptado las medidas preventivas y de seguridad necesarias para que la prohibición sea efectiva porque la técnica se sigue utilizando.
Ataques de tos y dificultades respiratorias
Los trabajadores entrevistadas declararon que pueden llegar a realizar turnos de hasta 12 horas al día en salas llenas de polvo, con poca ventilación y sin protección adecuada de seguridad. Muchas de las personas entrevistadas sufrían constantes ataques de tos y dificultades respiratorias. También afirmaron que a menudo la producción se lleva a cabo por la noche para evitar las visitas de los auditores.
El informe recoge testimonios de personas trabajadoras que han recibido instrucciones de utilizar sandblasting para cumplir con los plazos exigidos por las empresas clientes, aunque estas lo hayan prohibido expresamente. El dueño de una de las fábricas declara que le es imposible cumplir con los diseños demandados sin recurrir al uso de sandblasting.
En la mayoría de las fábricas investigadas ha quedado patente que la repercusión de laprohibición ha sido irregular, la supervisión escasa y las medidas adoptadas hasta ahora han sido burladas ampliamente.
Recomendaciones
La red internacional Campaña Ropa Limpia plantea una serie de recomendaciones que tanto las marcas como los gobiernos y organismos internacionales deberían adoptar para poner fin al uso del sandblasting en la industria de ropa
- Las empresas deberían revisar sus diseños y plazos de producción para permitir a los proveedores cambiar a otras técnicas de acabado de vaqueros.
- Trabajar estrechamente con los sindicatos locales y organizaciones de defensa de los derechos laborales para garantizar que la prohibición se respeta.
- Los gobiernos de los países productores deberían prohibir el uso de esta técnica y los de la Unión Europea deberían introducir una prohibición de importación de los productos que hayan sido sometidos a sandblasting.
www.abc.es
El hombre que pedía demasiado
Satanás: ¿Qué pides a cambio de tu alma?
Hombre: Exijo riquezas, posesiones, honores, distinciones... Y también
juventud, poder, fuerza, salud... Exijo sabiduría, genio, prudencia... Y también
renombre, fama, gloria y buena suerte... Y amores, placeres, sensaciones... ¿Me
darás todo eso?
Satanás: No te daré nada.
Hombre: Entonces no tendrás mi alma.
Satanás: Tu alma ya es mía. (Desaparece).
Alejandro Dolina
Homenaje a Miguel Gila

Anoche en la cadena 1 de T.V.E., le rindieron homenaje a Gila, uno de los mejores humoristas que ha habido en España, estuvo dirigido por Santiago Segura y por el programa pasaron gran cantidad de humoristas de los de antes y de los de ahora, la verdad es que me pareció patético y carente de humor, de hecho me dió vergüenza ajena, los chistes malisimos, esos cómicos que tanto me hicieron reir ayer me dieron lástima.¿Es que en España también han recortado el sentido del humor?. ¡Qué pena!.......Si el bueno de Gila levantara la cabeza....perdón, el telefono.....
El Perro Morao
Diseño para comer insectos

Croquetita de saltamontes. / ENTO
La idea de comer insectos nos repugna a la mayoría de los ciudadanos del mundo occidental. Aunque devoramos sin problema animales similares -gambas, cangrejos-, pensar en meternos en la boca un saltamontes o una larva revuelve nuestros estómagos. ¿Pero qué pasaría si este tipo de alimento, consumido en buena parte del resto del mundo, se nos presentara de una forma atractiva que no recordara en absoluto a los bichitos en cuestión? ¿Nos negaríamos a aprovechar esta fuente de nutrientes sana, barata y sostenible? ¿O desaparecerían nuestros prejuicios como los que teníamos contra el pescado crudo japonés hace no demasiado tiempo?
Estas son las preguntas que se hizo un grupo de estudiantes del Royal College of Art de Londres antes de lanzar Ento, un proyecto que aspira a convencer a los británicos de que comer insectos es guay. La manera de lograrlo se resume en una sola palabra: diseño. "Cuando existe una resistencia intuitiva contra algo, el diseño es una muy buena herramienta para combatirlo y jugar con las percepciones negativas", explica a El Comidista Julene Aguirre-Bielschowsky, una de las promotoras. "Se trata de crear un medio amigable que permita a las personas probar la comida y atravesar la barrera del tabú que existe hoy en día en la cultura occidental". Con estos principios, Ento ha diseñado unos prototipos de comida hecha de insectos en la que no vemos ni antenas, ni ojos, ni alas, sino cubos que parecen croquetas, bandejas estilo sushi o deliciosas miniempanadillas.
En Ento están convencidos de que el público será menos reacio a comer insectos en formatos aceptables. "Hicimos varias series de experimentos visuales con personas", recuerda Julene. "Intentamos varios grados diferentes de abstracción, desde galletas hechas con harina de insecto hasta insectos completos. Las opiniones que obtuvimos de este estudio nos ayudaron a formar nuestro diseño. Curiosamente, cuando empezamos nuestro proyecto tuvimos gran dificultad de convencer a la gente de probarlos. Una vez terminado el proyecto, con la marca, recetas hechas, empaquetado y demás, en la exposición donde lo mostramos la gran mayoría de las personas que vieron nuestro standprobaron las muestras sin necesidad de convencerlos verbalmente".
Los productos de Ento están hechos de saltamontes, grillo picado y gusano de miel. "Mis preferidos son los saltamontes tostados, tienen un sabor parecido a las nueces y con sal y pimienta son deliciosos", asegura Julene. Todavía no son más que un experimento, pero puede que pronto acaben llegando a las tiendas. "Estamos preparándonos para empezar en verano. Ahora estamos todos acabando nuestro proyecto final de máster, y en Julio podremos dedicarnos nuevamente a Ento. Entonces empezaremos a buscar inversores". Su plan es empezar a domesticar el mercado con comidas muy alejadas de la estética bicharraca, para acabar introduciendo insectos cocinados con su apariencia original hacia el 2020.
Puede que el proyecto nos parezca una chifladura, pero quizá no lo sea tanto si pensamos que la producción de insectos es ecológica y barata: con la misma cantidad de comida que se gasta en generar un kilo de carne de vacuno se pueden obtener nueve de insectos.Además, son una fuente de proteínas, aminóacidos, hierro y vitaminas de lo más sana. Con la población mundial creciendo y los recursos naturales cada vez más sobreexplotados, ¿podremos vivir mucho tiempo sin acudir a este grupo que constituye el 80% de las criaturas que hay sobre la faz de la tierra?
Como en tantas otras cosas, el país europeo en vanguardia en consumo de insectos es Holanda. En Amsterdam, el restaurante Specktakel incluye platos con bichos en su carta, al parecer con bastante éxito. En la Universidad de Wageningen, científicos investigan cómo producir este tipo de comida de una forma cotidiana y barata. "Si el Big Mac te cuesta 100 y el Bicho Mac, 4, la gente cambiará al Bicho Mac", ha declarado a la NPR Arnold Van Huis, jefe del departamento de entomología. También se ha publicado un libro de cocina con esta materia prima, e incluso hay una asociación de productores llamada Venik que planea lanzar el primer bocadillo de insectos del mundo.
Personalmente, no sé si me podría comer ni la ensalada con larvas crujientes del Specktakel ni las elegantes croquetas de saltamontes de Ento sin que me dieran arcadas. Casi preferiría tomarlos con los ojos cerrados o sin saber lo que son, porque así los prejuicios no activarían mis mecanismos de defensa. Sin embargo, estoy de acuerdo con Julene en que las costumbres pueden cambiar. "Cada vez existe más curiosidad hacia diferentes tipos de comida, así como más conciencia sobre la procedencia de los alimentos y las consecuencias de nuestra dieta", señala. "El prejuicio cultural puede ser desafiado. Ya sucedió con el pescado crudo del sushi, que hace 30 años era considerado una barbaridad en Occidente".
¿Te animarías a probar los productos de Ento? ¿Crees que acabaremos comiendo insectos? Deja tu opinión en los comentarios.
Por: Mikel López Iturriaga/http://blogs.elpais.com/el-comidista
La payasa
Hoy se ha desahogado el tiempo. La hora punta está expectante, sin ganas de pasar el semáforo. Un conductor de la primera fila mira el reloj, pero sin intimidarlo. En el cruce no hay el habitual estado de aceleración anfetamínica, la gente mascando con resentimiento el tiempo perdido. No. Hoy, dicho a la manera del señor Benjamin, cada segundo parece la puerta abierta por la que puede entrar el Mesías. Y el mesías que ha aparecido en el semáforo es la payasa. Lleva unos días, pero da la impresión de que siempre ha estado ahí, en la pausa roja, en esa patria fugaz, sin que antes la viéramos. Y es que es muy joven y muy delgada, el cuerpo justo para verse en espejo. Todo ríe, menos el ojo maquillado en blanco con una lágrima negra. Viste harapos de colores con una elegancia cubista. Es increíble. Deja al tiempo con la boca abierta. En el intervalo, hace malabares, acrobacias y hasta consigue arrancarle acordes a un acordeón desollado. Pasa el gorro y hay gente que se rasca el bolsillo y suelta algunas golondrinas. La payasa ha transformado esa frontera hostil en un paso donde todos nos sentimos razonablemente vagabundos. El presidente habla de recuperar la confianza. Si no podemos cambiar el país, cambiemos de conversación. Pero él y los otros son incapaces de cambiar el país y menos aún la conversación. La muchacha payasa nos ofrece un trueque sin intereses, nos regala un fragmento de estado de bienestar y un paquete de silencio anfibio, limpio de palabras estupefacientes. Desde hace un tiempo, los semáforos se han ido poblando de jóvenes así. Artistas callejeros que vienen de los márgenes para ventilar la vida en el vacío central. Debería haber una justicia poética. Penitentes en los semáforos, los excelentísimos chorizos, los trileros que saquearon las arcas públicas. A ver qué harían, en libre competencia, al lado de mi payasa.
Manuel Rivas/elpais.es






