TODO LO QUE HABITA EN UNA GOTA DE AGUA

Este volumen de 1851 es un atisbo microscópico a todo aquello que puede existir en una pequeña gota de agua.

Como un grano de arena, la gota de agua encarna lo inconmensurable en lo diminuto. Su pequeñez no implica, sin embargo, que la gota no pueda ser habitada por universos enteros. Publicado en Londres en 1851, Drops of Water: Their Marvellous and Beautiful Inhabitants Displayed by the Microscope, de Agnes Catlow, es un tributo a estos  paradójicos microcosmos.

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El siglo XIX, especialmente su segunda mitad, encontró en Inglaterra una obsesión por todo aquello que el microscopio era capaz de revelar, a pesar de que estos instrumentos no estuvieron al alcance de los no especialistas sino hasta la era victoriana. El libro de Catlow nació en este contexto y celebra a los animálculos (pertenecientes, en su mayoría, al género Glenomorum) que habitan los charcos y pequeños cuerpos de agua estancada, una guía para cualquier amateur que quisiera adentrarse en estos diminutos ecosistemas. En el prefacio, la autora se refiere a su volumen como una puerta semejante a la que, en el libro de Lewis Carroll, cruza la pequeña Alicia para visitar el País de las Maravillas.

Como los granos de polen vistos de cerca, estos retratos de lo invisible —hechos por el litógrafo A. Achilles— nos invitan a atestiguar un mundo que tiene vida y movimiento, y seres de fascinantes geometrías y extraños colores que son capaces de recordarnos algo que es fácil olvidar: todos esos mundos que existen y que no podemos ver.

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via Aleph

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¿SON ESTOS LOS 100 MEJORES DISCOS EN LO QUE VA DEL SIGLO XXI?

THE GUARDIAN PUBLICA UNA POLÉMICA LISTA

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La música, de todas las artes clásicas, es la única que sigue teniendo penetración e influencia global. Esta popularidad se traduce en que actualmente el género dominante de la música literalmente se conoce como pop. Y, como vemos en el ranking que han hecho los escritores de música del periódico The Guardian, hoy en día el pop reina absolutamente, casi eclipsando a cualquier otro género musical. 

Los escritores de The Guardian -y de otros medios que participaron en un sondeo- han osado hacer una lista de los 100 mejores álbumes de 2000 a 2019. Sorprende que la lista tiene casi exclusivamente discos de pop, rock y hip hop. En realidad casi no existe ningún disco que no pueda categorizarse dentro de estos géneros -no hay artistas de electrónica de ambient, de jazz, de música clásica, etc.-, acaso sólo el disco debut de Burial, uno de los máximos exponentes del dubstep. Encontramos discos de Daft Punk, The Knife, Chromatics o LCD Soundsystem -sólo este último entre los primeros 30- que tienen una importante presencia electrónica, pero que de todas maneras pueden y son a veces clasificados como electropop o algo similar. Cabe mencionar que los resultados son producto de un sondeo, por lo cual era de esperarse que la lista estuviera dominada por el pop, aunque sorprende quizá que Britney Spears ocupe un lugar en la lista, mientras que hay notables ausencias.

Dominan la lista artistas como Beyoncé, Kendrick Lamar, Radiohead, Amy Winehouse, Jay-Z y sobre todo Kanye West (todos con más de un disco en el top 100). Es cierto que la lista tiene un claro sesgo anglosajón, pero también es cierto que el mundo en general oye pop anglosajón. Así que la lista es también una radiografía del zeitgeist.

Top 10 discos del siglo XXI:

10. Frank Ocean – Blonde (2016)

9. Beyoncé – Beyoncé (2013)

8. Artic Monkeys – Whatever People Say I am, That’s What I’m Not (2006)

7. The Streets – Original Pirate Material (2002)

6. Dizee Rascal – Boy in da Corner (2003)

5. LCD Soundsystem – Sound of Silver (2007)

4. Kendrick Lamar – To Pimp a Butterfly (2015)

3. Kanye West – My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010)

2. The Strokes – Is this It (2001)

1. Amy Winehouse – Back to Black (2006)

Aquí puedes ver el top 100

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LA CARTA QUE EL JEFE INDIO SEATTLE ENVIÓ AL PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS

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En 1854, el presidente de Estados Unidos quiso comprar el territorio de los indios Suwamish. Esta es la respuesta que recibió del jefe Seattle…

Poesía y política son esferas opuestas del saber humano. Cada una de ellas orbita en torno a problemas que, si bien pueden en ocasiones permearse, pertenecen a ámbitos esencialmente separados. La poesía, en su devenir histórico, ha estado frecuentemente tentada de ofrecer su cuerpo evanescente a la refriega bélica, sacrificando su substancia al bien común y desecándose en solar inhóspito de las ideologías. Es muy posible, como afirmó alguna vez Octavio Paz, que ningún poeta haya visto robustecerse su poesía por poner esta al servicio de una idea política. Pero sucede que, a veces, la poesía da muestras de un potencial inusualmente movilizador, y que su fuerza evocadora surte inesperadamente un efecto desestabilizador en las rígidas estructuras del utilitarismo. La carta que aquí ofrecemos es un claro ejemplo de esto.

Sucedió en 1854. El decimocuarto presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, de tendencia esclavista y expansionista, envió una carta al jefe Seattle, de la tribu Suwamish, para comprarle los territorios del noroeste que hoy forman el estado de Washington. La respuesta del jefe indio no se hizo esperar. Ese mismo año dio un discurso dirigido al gobernador territorial Isaac I. Stevens, conocido hoy como la Respuesta del jefe Seattle.>

LA  CARTA QUE EL JEFE INDIO SEATTLE ENVIÓ AL PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS

Aunque existen dudas razonables acerca de la fidelidad de la traducción, podemos inferir del tono general de la charla un profundo conocimiento de la vida y del hombre, emanado de las primitivas reservas de sabiduría del corazón humano. Convertida en la década de los setenta en una suerte de manifiesto del movimiento ecologista, la carta hace hincapié, en un ejemplo de excelsa humildad, en la conexión primordial del hombre con la naturaleza y alerta, de manera casi profética, de las consecuencias inexorables de la actitud occidental frente a esta.

Lo que debía ser una simple respuesta a una oferta de compra, adquirió el carácter de un texto poético que es leído hoy con delectación y estupor por todos aquellos que se acercan a él. Las preocupaciones del jefe indio Seattle continúan siendo nuestras preocupaciones. La nostalgia por el mundo perdido que se revela en sus afirmaciones continúa siendo la nuestra. Sus palabras son todavía una lección por aprender:

El gran jefe de Washington manda palabras, quiere comprar nuestras tierras. El gran jefe también manda palabras de amistad y bienaventuranzas. Esto es amable de su parte, puesto que nosotros sabemos que él tiene muy poca necesidad de nuestra amistad. Pero tendremos en cuenta su oferta, porque estamos seguros de que si no obramos así, el hombre blanco vendrá con sus pistolas y tomará nuestras tierras. El gran jefe de Washington puede contar con la palabra del gran jefe Seattle, como pueden nuestros hermanos blancos contar con el retorno de las estaciones. Mis palabras son como las estrellas, nada ocultan.

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esta idea es extraña para mi pueblo. Si hasta ahora no somos dueños de la frescura del aire o del resplandor del agua, ¿cómo nos lo pueden ustedes comprar? Nosotros decidiremos en nuestro tiempo. Cada parte de esta tierra es sagrada para mi gente. Cada brillante espina de pino, cada orilla arenosa, cada rincón del oscuro bosque, cada claro y zumbador insecto, es sagrado en la memoria y experiencia de mi gente.

Nosotros sabemos que el hombre blanco no entiende nuestras costumbres. Para él, una porción de tierra es lo mismo que otra, porque él es un extraño que viene en la noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemigo, y cuando él la ha conquistado sigue adelante. Él deja las tumbas de sus padres atrás, y no le importa. Así, las tumbas de sus padres y los derechos de nacimiento de sus hijos son olvidados. Su apetito devorará la tierra y dejará detrás un desierto. La vista de sus ciudades duele a los ojos del hombre piel roja. Pero tal vez es porque el hombre piel roja es un salvaje y no entiende. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades de los hombres blancos. Ningún lugar para escuchar las hojas en la primavera o el zumbido de las alas de los insectos.

Pero tal vez es porque yo soy un salvaje y no entiendo, y el ruido parece insultarme los oídos. Yo me pregunto: ¿qué queda de la vida si el hombre no puede escuchar el hermoso grito del pájaro nocturno, o los argumentos de las ranas alrededor de un lago al atardecer? El indio prefiere el suave sonido del viento cabalgando sobre la superficie de un lago, y el olor del mismo viento lavado por la lluvia del mediodía o impregnado por la fragancia de los pinos. El aire es valioso para el piel roja. Porque todas las cosas comparten la misma respiración, las bestias, los árboles y el hombre. El hombre blanco parece que no notara el aire que respira. Como un hombre que está muriendo durante muchos días, él es indiferente a su pestilencia.

Si yo decido aceptar, pondré una condición: el hombre blanco deberá tratar a las bestias de esta tierra como hermanos. Yo soy un salvaje y no entiendo ningún otro camino. He visto miles de búfalos pudriéndose en las praderas, abandonados por el hombre blanco que pasaba en el tren y los mataba por deporte. Yo soy un salvaje y no entiendo como el ferrocarril puede ser más importante que los búfalos que nosotros matamos sólo para sobrevivir. ¿Qué será del hombre sin los animales? Si todos los animales desaparecieran, el hombre moriría de una gran soledad espiritual, porque cualquier cosa que le pase a los animales también le pasa al hombre. Todas las cosas está relacionadas. Todo lo que hiere a la tierra, herirá también a los hijos de la tierra. Nuestros hijos han visto a sus padres humillados en la derrota. Nuestros guerreros han sentido la vergüenza. Y después de la derrota convierten sus días en tristezas y ensucian sus cuerpos con comidas y bebidas fuertes.

Importa muy poco el lugar donde pasemos el resto de nuestros días. No quedan muchos. Unas pocas horas más, unos pocos inviernos más, y ninguno de los hijos de las grandes tribus que una vez existieron sobre esta tierra o que anduvieron en pequeñas bandas por los bosques, quedarán para lamentarse ante las tumbas de una gente que un día fue poderosa y tan llena de esperanza.

Una cosa sabemos nosotros y el hombre blanco puede un día descubrirla: Nuestro Dios es el mismo Dios. Usted puede pensar ahora que usted es dueño de él, así como usted desea hacerse dueño de nuestra tierra. Pero usted no puede. Él es el Dios del hombre y su compasión es igual para el hombre blanco que para el piel roja. Esta tierra es preciosa para él, y hacerle daño a la tierra es amontonar desprecio al su creador.

Los blancos también pasarán, tal vez más rápidos que otras tribus. Continúe ensuciando su cama y algún día terminará durmiendo sobre su propio desperdicio. Cuando los búfalos sean todos sacrificados, y los caballos salvajes amansados todos, y los secretos rincones de los bosques se llenen con el olor de muchos hombres ( y las vistas de las montañas se llenes de esposas habladoras), ¿dónde estará el matorral? Desaparecido. ¿Dónde estará el águila? Desaparecida. Es decir, adiós a lo que crece, adiós a lo veloz, adiós a la caza. Será el fin de la vida y el comienzo de la supervivencia.

Nosotros tal vez lo entenderíamos si supiéramos lo que el hombre blanco sueña, qué esperanzas les describe a sus niños en las noches largas del invierno, con qué visiones le queman su mente para que ellos puedan desear el mañana. Pero nosotros somos salvajes. Los sueños del hombre blanco están ocultos para nosotros, y porque están escondidos, nosotros iremos por nuestro propio camino. Si nosotros aceptamos, será para asegurar la reserva que nos han prometido. Allí tal vez podamos vivir los pocos días que nos quedan, como es nuestro deseo.

Cuando el último piel roja haya desaparecido de la tierra y su memoria sea solamente la sombra de una nube cruzando la pradera, estas costas y estas praderas aún contendrán los espíritus de mi gente; porque ellos aman esta tierra como el recién nacido ama el latido del corazón de su madre. Si nosotros vendemos a ustedes nuestra tierra, ámenla como nosotros la hemos amado. Cuídenla, como nosotros la hemos cuidado. Retengan en sus mentes la memoria de la tierra tal y como se la entregamos. Y con todas sus fuerzas, con todas sus ganas, consérvenla para sus hijos, ámenla así como Dios nos ama a todos. Una cosa sabemos: nuestro Dios es el mismo Dios de ustedes, esta tierra es preciosa para él. Y el hombre blanco no puede estar excluido de un destino común.

—Noah Seathl, Jefe de la Tribu Suwamisu. SEATTLE (EE. UU.)—

Imagen: 1) Museum of Photographic Arts – flickr 2) Dominio público

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Libros que nos inspiran: ‘¡El mundo va mucho mejor de lo que piensas!’ de Jacques Lecompte

Libros que nos inspiran: '¡El mundo va mucho mejor de lo que piensas!' de Jacques Lecompte

SERGIO PARRA

A pesar de que los medios de comunicacón suelen resaltar el vaso medio vacío (e incluso lo vacían un poco más de lo que es verdad para vender), afortunadamente cada vez hay más libros que tratan de equilibrar el fiel de la balanza en todos los ámbitos, desde el medioambiente hasta la violencia.

En la línea de obras como Factfulness, de Hans Rosling, o En defensa de la Ilustración, de Steven Pinker, tenemos este ¡El mundo va mucho mejor de lo que piensas!, de Jacques Lecomte.

Mandela

Decía Nelson Mandela: “He descubierto este secreto: después de haber trepado hasta lo alto de esta colina, todo lo que he visto es que detrás hay muchas más colinas que trepar”. Es decir, que Lecomte no sugiere que todo esté hecho, sino que estamos en la buen senda y que hemos hecho mucho más de lo que creemos.

Hay menos violencia, hay más empatía, hay menos contaminación (porcentual), hay menos pobreza extrema, hay más democracia… y todo eso lo apoya con datos y estadísticas. Porque la esperanza puede ser más inspiradora que el discurso agorero. Demasiadas malas noticias, paralizan:

Desmontando los ponósticos más sombríos, convencidos de que de lo peor puede salir lo mejor y confiando en la capacidad humana para la bondad, se abren nuevas posibilidades que parecían improbables, pero que se descubren como beneficiosas.

Por eso, el libro nos ha inspirado para escribir en Xataka ciencia textos como El agujero de la capa de Ozono cada vez es más pequeño.

https://www.xatakaciencia.com

El retorno de los Avengers patrios

Existió una tendencia enfrentada por los herederos políticos de los conservadores y los porfiristas que rebajó a los personajes centrales de nuestra historia a monigotes sin mérito

ANTONIO ORTUÑO

Estatua del General Emiliano Zapata en la entrada de la ex hacienda de Chinameca, sitio donde fue asesinado
Estatua del General Emiliano Zapata en la entrada de la ex hacienda de Chinameca, sitio donde fue asesinado MARGARITO PÉREZ RETANA CUARTOSCURO.COM

En Francia, suele utilizarse la expresión “como ejército mexicano” para hacer referencia a un grupo indisciplinado, en el que todos quieren mandar y nadie obedece. Debo aceptar que me da risa la frasecita (que, al parecer, proviene de las opiniones de los franceses que vivían en nuestro país en tiempos de la Revolución y atestiguaron el caos de las tropas rebeldes, que, no olvidemos, operaban de modos tan enredados que se autoapodaron con el mote de la “Bola”), pero sé que a muchos compatriotas les indigna profundamente.

Por allá del año 2009, el político galo Christian Estrosi, alcalde de la ciudad de Niza, criticó a sus compañeros de partido por comportarse como “un ejército mexicano”. Los medios nacionales hirvieron de cólera y nuestro embajador en París, Carlos de Icaza, presentó incluso una protesta formal, en la que lamentaba que Estrosi hubiera empleado “una expresión perjudicial para un país amigo”. Los mexicanos, que parodiamos incansablemente a gringos, españoles, asiáticos, centroamericanos, argentinos, etcétera, somos así de susceptibles cuando nos tocan la identidad con el pétalo de unas palabras.

A la vez, México incuba contradicciones centrales en la manera en la que se ve a sí mismo. Por decenios (los del largo dominio político del PRI) contemplamos la exaltación de un puñado de héroes patrios, cuyas historias se repetían incesantemente en las escuelas y los discursos políticos y cuya iconografía formaba parte fundamental de la imagen del régimen. Las vidas y palabras de Hidalgo, Morelos, Guerrero, la Corregidora Ortiz de Domínguez, Benito Juárez, Madero, Zapata, etcétera, nos fueron repetidas al modo de un catecismo, tal y como hacía la Iglesia con las vidas de santos, en busca de inculcarnos un fervor patriótico de tintes religiosos. El país estaba (y sigue) tapizado de sus bustos, monumentos y retratos, así como de miles de calles con sus nombres (en cada ciudad de mediana para arriba suele haber más de cinco o seis Hidalgos…).

La contraparte es que siempre existió una tendencia enfrentada, sostenida por los herederos políticos de los conservadores y los porfiristas, que rebajó a los personajes centrales de nuestra historia a monigotes sin mérito alguno o canallas funestos (Hidalgo, decían, fue un prepotente y un inepto; la Corregidora, una infiel; Juárez se había vendido a los gringos y los masones; Madero no era sino un supersticioso y Zapata, un bárbaro, etcétera). Las tornas se invertían al referirse a los antagonistas de los héroes. En la escuela y los discursos, Iturbide (a pesar de haber sido, para todo efecto práctico, el “libertador”), Maximiliano, Porfirio Díaz, Huerta, eran ritualmente cubiertos de lodo y acusados de todas las taras y retrasos del país. Pero aquellos que opinaban que el Cura Hidalgo era un botarate se animaban a prenderles una velita en su altar.

Cualquier mexicano mayor de 35 años sabe esto. Y sabe que fuimos educados en un universo histórico tan plano y despojado de matices que bien podría decirse que esos héroes fueron los Avengers de nuestra infancia. Y que Maximiliano y Porfirio oficiaron como los Thanos de ocasión…

Cuando los conservadores le ganaron las elecciones al PRI y lo sacaron del poder, al inicio de este siglo, la cosa se puso confusa. Algunos quisieron añadir a don Porfirio a la letanía de vivas del Grito de Independencia; otros pugnaron por “limpiar” las imágenes de Maximiliano o Miramón, la nemésis de Juárez, en los libros escolares. Pero esos mensajes contradictorios (y muy mal enviados) hicieron crisis con los anteriores. Y lo que pasó fue que el discurso oficial y el educativo se enfocaron en otros campos y dejaron empolvarse el tema de los héroes y los villanos. En unos pocos años, Hidalgo se volvió pasto de memes y chistes de Whatsapp y poco más.

Hoy el nuevo gobierno tiene un discurso marcial y reivindicativo y cada lunes y cada martes el presidente habla de Juárez, Morelos y Guerrero como si citara a los Profetas. Y me pregunto si el regreso de la historia ñoña de Avengers patrios del pasado no es solo un intento de legitimación simbólica y de explotación de atavismos. Y me pregunto de qué les servirá a los niños que les cuenten los mismos cuentos planos que nos contaron a nosotros.

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