Diez importantes ventajas para tu vida de ser ateo

Diez importantes ventajas para tu vida de ser ateo

Si bien es difícil determinar quién es ateo y quién no (muchos agnósticos en realidad son ateos sin saberlo y muchos ateos lo son por odio a la religión u otros motivos relacionados), aproximadamente un 13% de la población mundial se declara como tal. Y ser ateo tiene sus ventajas (si pasamos un poco por alto lo de “correlación no implica causalidad”).

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  1. Los ateos tienden a tener un cociente intelectual más alto. Un metaanálisis de 63 estudios refrendan esta idea. Las personas inteligentes también tienden a pasar más tiempo estudiando, lo que a su vez conduce a un mayor éxito profesional. En general, también tendrán trabajos mejor remunerados.
  2. A los ateos no se les dice que son culpables y pecadores, como es el caso con muchas enseñanzas religiosas. Esto conduce a una mayor autoestima y una sensación de control sobre los eventos de la vida.
  3. El porcentaje de ateos en la población carcelaria es menor que la de creyentes, así que hemos de concluir que los ateos tienen un comportamiento moral/legal más recto (o mejores habilidades para eludir a la policía y a la justicia). En realidad, basar la moral en la religión es una mala estrategia.
  4. Los ateos tienden a valorar más los descubrimientos científicos y es menos probable que se interpongan en el camino del progreso científico, como ha sucedido a menudo por motivos religiosos. Una sociedad atea es más racional y orientada a la ciencia.
  5. Los ateos creen en la ciencia y no se opondrían a los tratamientos médicos por motivos religiosos. De hecho, cuanto mayor y más extraordinario es el currículo de un científico, más probable es que sea ateo.
  6. Si bien se han realizado estudios que muestran los beneficios para la salud física y mental de ser un creyente, también se han publicadoestudios recientes que no mostraron diferencias significativas en la salud mental de las personas religiosas y no religiosas.
  7. Los ateos no inician guerras ni cometen actos de terrorismo por motivos religiosos, solo para demostrar que su deidad es la correcta. Los ateos tienden a no matar a otros por el bien del ateísmo.
  8. Los ateos no suelen ofenderse si alguien pronuncia el equivalente a una blasfemia, se cuestiona su falta de creencia o se escribe un artículo valorando las ventajas de ser creyente (de hecho, en los artículos de ese estilo no suelen haber comentarios de ateos furibundos). Ni mucho menos los ateos suelen solicitar que se censure un texto por ofender al ateísmo. Eso es un reflejo claro de que los ateos están más en paz consigo mismos y no necesitan rearfirmar continuamente su postura por mor de que alguien les descubra que están equivocados (cosa lógica teniendo en cuenta que la mayoría de creencias valoran a las personas que creen sin cuestionar la creencia). Lo irónico de todo ello es que realmente la religión debería ser combatida.
  9. Los ateos son generalmente escépticos y tienden a ver los problemas desde un punto de vista racional, a menudo científico, que exige pruebas. Para un ateo, los elementos de la realidad son observables y pueden ser probados.
  10. Se han realizado estudios que demuestran que los ateos tienen una vida sexual mejor que las personas religiosas simplemente por no sentirse culpables al respecto.

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LOS LOMOS DE CABALLOS COMO HORIZONTES EN LAS FOTOGRAFÍAS DE LEE DEIGARD

La fotógrafa retrata animales en general, y en este caso caballos en particular. Pero lo hace desde un punto de vista muy personal, a través de planos detalle de su lomo.

 

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No es casualidad, Deigaard siente que de esta manera explora la personalidad e individualidad de cada animal. También tiene algo que ver el simbolismo entre cielo y tierra, entre interior y exterior. 

Residente en Nueva Orleans, la fotógrafa explica que le interesa las formas de ver y ser vistos, los encuentros, los cruces de miradas y mirar y ver a través de lo que fue y lo que es el pasado. Y esto lo aplica a las diferentes especies animales y vegetales a las que le gusta plasmar en su interacción.

 

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En realidad, todo empezó en los bosques de la granja familiar en su Georgia natal, cuando la fotógrafa dejó una cámara trampa y se encontró con un gran regalo: las imágenes de los habitantes del lugar. Así empezó a trabajar con una cámara de infrarrojos para poder capturar imágenes de los animales nocturnos.

 

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Formada como escultora, Lee trabaja -además de la fotografía- la instalación, el dibujo y el vídeo. Ha realizado varias exposiciones individuales y ganado importantes premios como el Southern Open en el Acadiana Center for the Arts o el reconocimiento Clarence John Laughlin que entrega New Orleans Photo Alliance.

Y ella nos premial al resto de los humanos con poder conectar con estos bellos animales a través de sus fotografías.

 

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Lee Deigaard: Web 

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La balanza

La mayor estafa está en el elevado precio que los políticos nos obligan a pagar por conceptos al parecer sagrados, la patria, la bandera, la unidad, la independencia, que si se pesaran se vería que no pesan nada

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, en Lleida, el pasado 22 de marzo.
El presidente de la Generalitat, Quim Torra, en Lleida, el pasado 22 de marzo. ADRIÀ ROPERO EFE

 

En el boxeo hay pesos mosca, pesos pluma, pesos gallo, ligeros y pesos pesados. Antes de subir al cuadrilátero se realiza la ceremonia del pesaje durante la cual desde la báscula los púgiles se retan, se insultan y llegan a veces a las manos, un artificio que se usa para crear la expectación ante el combate y animar el cruce de apuestas. Sucede lo mismo con los políticos cuando entran en campaña, solo que en este caso su categoría no la determina la báscula, sino unos conceptos etéreos, que conforman el espíritu del candidato, envueltos en las mentiras informativas, en la toxicidad de las redes sociales y en la procacidad de los manipuladores de opinión. En el Libro de los muertos, hace miles de años, consta que el dios egipcio Anubis, en presencia de Osiris, pesaba en una balanza las almas de sus súbditos para decidir su destino. Esta acción con la que se establece el peso del espíritu se llama psicostasis. Estamos acostumbrados a que nos estafen en la calidad de las mercancías que compramos, en el componente químico de los alimentos que comemos, pero la mayor estafa está en el elevado precio que los políticos nos obligan a pagar por conceptos al parecer sagrados, la patria, la bandera, la unidad, la independencia, que si se pesaran se vería que no pesan nada, porque las grandes palabras en que están envueltos son puro flato. Si en un platillo de la balanza de Anubis se colocara el españolismo macarra con caballo y pistola de Vox y en el otro el alucinado sectarismo independentista del lazo amarillo, el resultado sería cero, nada. De hecho, sus respectivos líderes en un combate de boxeo se considerarían pesos mosca cuando no simples paquetes o directamente políticos sonados. No obstante, pese a su fanatismo, que raya en la imbecilidad, muchos ciudadanos los van a votar sintiéndose, al mismo tiempo, felices y humillados.

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Contra las mentiras independentistas: las razones históricas por las que Cataluña no es Baviera ni Escocia

¿Por qué Cataluña o Escocia tiene más legitimidad histórica que Baviera o Córcega para reivindicar su independencia política? Cada grupo nacionalista se limitan a responder que cada caso es único, pero en el fondo piensan que son especiales, una nación de elegidos, cuyas tradiciones e historia se hunden en lo más profundo de los siglos

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Oriol Junqueras, licenciado en historia y dirigente de ERC, aseguró hace unos días en el denominado juicio del «procés»que cuando los independentistas de Baviera renunciaron a celebrar un referéndum de independencia, después de que un alto tribunal de Alemania lo desautorizase, lo hicieron porque se trata de un caso distinto al catalán: «Veo incomparables los casos, porque los bávaros no estaban respondiendo al principio democrático interpretado en el sentido de una propuesta mayoritaria significativa en la sociedad y reiterada en el tiempo». Enésimo intento de equiparse y, al mismo tiempo, desvincularse de otros desafíos nacionalistas que se viven o se vivieron en el seno de Europa.

¿Por qué Cataluña o Escocia tiene más legitimidad histórica que Baviera o Córcega para reivindicar su independencia política? ¿Por qué Cataluña, sí, pero el Valle de Arán o Kurdistán no pueden celebrar consultas? Cada grupo nacionalista se limitan a responder que cada caso es único, pero en el fondo piensan que son especiales, una nación de elegidos, cuyas tradiciones e historia se hunden en los siglos y los siglos. Y lo cierto es que sí hay grandes diferencias en lo que a historia se refiere entre Escocia, Baviera y Cataluña.

Cataluña: la independencia que nunca existió

Los nacionalistas catalanes mantienen vivo aún hoy el mito de que Cataluña fue un territorio independiente en la Edad Media. Nada más lejos de la realidad. El derrumbe de la Monarquía visigoda dejó en manos musulmanas casi la totalidad de la península, incluida Cataluña, si bien la inestabilidad interna en el Califato y la victoria cristiana en Poitiers (en el año 732) permitieron al Imperio carolingio crear en las siguientes décadas la Marca Hispánica en territorios cercanos a los Pirineos.

Los cristianos se organizaron políticamente en diferentes condados dependientes del rey franco, de modo que sus distintos nobles tenían que jurar siempre obediencia a la Monarquía vecina. Para la mitología nacionalista la ruptura con los francos llegó de la mano de Wifredo «El Velloso», pero lo cierto es que este no buscó nunca la independencia de los condados y, por supuesto, no configuró ninguna nación catalana ni nada parecido. Fue con la Capitular de Quierz, promulgada el 14 de junio de 877 por Carlos «El Calvo», cuando se sembró el auténtico germen de la separación de los condados catalanes del Imperio carolingio.

En el año 987, el Conde de Barcelona, Borrell II, fue el primero en no prestar juramento al monarca de la dinastía de los Capetos, pero hay que recordar que se sometió en vasallaje al poderoso Califato de Córdoba.

Lo cual no significa que se pueda hablar desde ese momento de una entidad propia y unitaria en la región catalana. En 897, a la muerte de su padre, Wifredo II Borrell se hizo cargo, conjuntamente con sus hermanos Sunifredo y Miró, de los condados paternos, reservándose para él el gobierno de los condados principales, Barcelona, Gerona y Osona. Llegado el momento, Wifredo Borrell sí viajó a Francia para rendir tributo al nuevo Rey, Carlos «El Simple», donde fue investido oficialmente como conde en 899.

Hubo que esperar más de un siglo más para ver la completa desvinculación de los Condes de Barcelona con respecto la Corona franca. En el año 987, el conde Borrell II, fue el primero en no prestar juramento al monarca de la dinastía de los Capetos, pero hay que recordar que se sometió en vasallaje al poderoso Califato de Córdoba. En el siglo XII, el conde Ramón Berenguer IV se casó con Petronila de Aragón, hija de Ramiro II «el Monje», conforme al derecho de este reino, es decir, en un tipo de matrimonio donde el marido se integraba a la casa principal como un miembro de pleno derecho. El acuerdo supuso la unión de la Casa de Barcelona, que controlaba la mayor parte de los Condados catalanes, y del Reino de Aragón en la forma de lo que luego fue conocido como Corona de Aragón.

Los territorios que formaron la Corona mantuvieron por separado sus leyes, costumbres e instituciones, siendo no la lengua, sino la obediencia al Rey de Aragón, el elemento aglutinador de todos los territorios. A lo largo del segundo cuarto del siglo XIII, se incorporaron a esta Corona las Islas Baleares y Valencia

Origen mitológico del escudo del condado de Barcelona (Real Academia Catalana de Bellas Artes de San Jorge)
Origen mitológico del escudo del condado de Barcelona (Real Academia Catalana de Bellas Artes de San Jorge)

La muerte sin descendencia del Rey de la Corona de Aragón Martín I «el Humano», en 1410, abrió una nueva fase en la historia de Cataluña. El candidato de la dinastía castellana de los Trastámara, Fernando de Antequera –hermano del Rey de Castilla Enrique III–ascendió al trono de la Corona. Posteriormente, el matrimonio de Fernando II de Trastámara con Isabel de Trastámara, Reina de Castilla, celebrado en Valladolid en 1469, condujo a la Corona de Aragón a una unión dinástica con Castilla, efectiva a la muerte del primero, en 1516, pero ambos reinos conservaron sus instituciones políticas y sus privilegios administrativos (lo que el independentismo catalán designa hoy como «libertades»).

En cualquier caso, con la unión dinástica entre los Trastámara se puso en marcha un proyecto para crear un estado moderno que aglutinara a los distintos reinos de la Península ibérica. Tras la Guerra de Sucesión, donde parte de Cataluña apostó por el candidato a reinar en España que perdió el conflicto, se inició oficialmente la andadura del llamado Reino de España.

800 años de historia independiente en Escocia

Las diferencias históricas entre Escocia y Cataluña es un tema que ha sido tratado ampliamente por el hispanista británico John Elliott en su libro «Catalanes y escoceses», donde recuerda que Escocia fue reino soberano hasta 1707, cuando se integró en Gran Bretaña, y es nación en virtud de una historia política y cultural consolidada durante más de 800 años, buena parte de ellos confrontados con Inglaterra.

Kenneth McAlpine, considerado el primer rey de su historia, unificó a sus diferentes pueblos en el siglo nueve. Sus sucesores fueron expandiendo el poder del reino durante 400 años, hasta completar el territorio de la actual Escocia. Ya entonces, uno de los primeros objetivos de McAlpine fue conquistar las tierras de las Lothians, que permanecían bajo el control de los anglosajones.

Durante el siglo X, el proceso de expansión y consolidación de la nueva monarquía escocesa estuvo directamente condicionada por las irregulares relaciones que mantenía con los reinos ingleses del sur, con los que mantuvo importantes batallas para conquistar territorios intermedios como Northumbria.

Pese a los litros de tinta que se han gastada en cantar sus gestas, la aventura de William Wallace terminó poco después de su famosa victoria sobre los ingleses y tras arrasar un centenar de pueblos del Norte de Inglaterra

A comienzos del siglo XI, las hostilidades continuaron cuandoMalcolm II logró extender las fronteras de Escocia hasta las orillas del río Tweed. La extensión de la actual Escocia se alcanzó a finales del siglo XIII, periodo en el que Inglaterra inició una serie de interferencias políticas para anexionar este reino. En 1286, la muerte sin herederos de Alejandro III provocó la intervención de Eduardo I de Inglaterra, quien no dudó en intentar aprovechar la confusión para hacerse con su corona e incluso invadir parte de su territorio.

La guerra comenzó con el saqueo de la ciudad de Berwick llevado a cabo por las tropas de Eduardo I, seguido por la derrota de las tropas escocesas en la batalla de Dunbar y por la abdicación de Juan de Balliol, hombre de paja de los ingleses ese mismo año. Cuando la situación parecía bajo control inglés, emergió la figura mitificada de William Wallace, que, acompañado de Andrew de Moray, personaje omitido en la película de «Braveheart», inició una nueva rebelión a principios del año 1297. El 11 de septiembre de 1297, Wallace arrasó por completo al ejército inglés comandado por el conde de Surrey en la batalla de Stirling Bridge. El ejército real, formado por 300 caballeros pesados y 10 000 hombres de infantería, fue dispersado por un ejército de apenas 5.000 hombres.

Ilustración de William Wallace
Ilustración de William Wallace

Pese a los litros de tinta que se han gastada en cantar sus gestas, la aventura militar del hidalgo escocés terminó poco después de su famosa victoria sobre los ingleses y tras arrasar un centenar de pueblos del Norte de Inglaterra. Su trayectoria fue fugaz. En marzo de 1298, Wallace recibió el nombramiento de Guardián de Escocia, pero unos meses después fue vencido en la batalla de Falkirk. Aunque Eduardo I no consiguió finalizar completamente la rebelión, la reputación y liderazgo deWilliam Wallace quedaron gravemente dañados, y tuvo que huir de las Islas británicas.

A finales del siglo XIV, una nueva dinastía, los Estuardo, se hiciera con la Corona escocesa y gobernaron con independencia de Inglaterra hasta 1714. A principios del siglo XVII, Jacobo I de Estuardo logró precisamente lo que ningún monarca británico fue capaz de conseguir en los siglos anteriores: ceñirse ambos tronos como Rey de Escocia e Inglaterra. Aún así, Escocia siguió siendo un reino independiente hasta que se firmó el «Acta de Unión» en 1707, que dio forma al Reino Unido de Gran Bretaña. Escocia perdió su autonomía y se disolvió su parlamento.

Baviera, más antigua que Alemania

Se denominó Sacro Imperio Romano al territorio compuesto por unos 300 estados soberanos, entre reinos, principados, ducados y ciudades libres, que se encontraban bajo la teórica soberanía de un Emperador desde el siglo IX hasta su disolución 1806. No en vano, el Emperador, que a partir del siglo XV fue siempre un Habsburgo, solo gozaba de un poder nominal dentro de este heterogéneo país de países. Cada territorio tuvo su propio desarrollo político e incluso religioso. En la Dieta de Augsburgo de 1555, se estableció el principio de «Cuius regio, eius religio» («a tal rey, tal religión»), por el que cada príncipe tenía el poder de decidir la religión (Luteranismo y Catolicismo) de sus súbditos. Precisamente uno de los rasgos más característicos de Baviera, que estuvo bajo el control de la familia Wittelsbach de 1180 a 1918, fue que en esas fechas se convirtió en un bastión del catolicismo.

En 1806, Maximiliano I fue coronado, con el apoyo de Napoleón, como rey del nuevo Reino de Baviera, cuya capital se estableció en Múnich, ciudad que vivió un gran cambio en su fisonomía urbana durante los reinados de Luis I (1825-1848) y Maximiliano II (1848-1864)

Durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), Múnich llegó a ser denominada «la Roma germánica» por su defensa del bando imperial, siendo el Ducado de Baviera la principal potencia católica en la zona. En 1806, Maximiliano I fue coronado, con el apoyo de Napoleón, como monarca del nuevo Reino de Baviera, cuya capital se estableció en Múnich, ciudad que vivió un gran cambio en su fisonomía urbana durante los reinados de Luis I (1825-1848) y Maximiliano II (1848-1864). Este último intentó, sin éxito, frenar el afán expansionista del nacionalismo alemán, del que Prusia se valió para crear su particular Imperio alemán.

Bajo la presidencia de la Casa de Austria, 39 Estados alemanes, incluida Baviera, se establecieron en una confederación tras las guerras napoleónicas, si bien en la práctica fue Prusia quien fue conquistando poco a poco el poder hasta desplazar a Austria del timón durante la guerra austro-prusiana de 1866. El 10 de diciembre de 1870, la Confederación pasó a designarse Imperio alemán y dio el título de Emperador alemán al Rey de Prusia. Guillermo I de Prusia se coronó emperador del nuevo Imperio en base a su obligación con la Vaterland (patria) de unificar los estados de la Nationis Germanicæ.

Luis II de Baviera, el Rey Loco, antepenúltimo monarca de este reino
Luis II de Baviera, el Rey Loco, antepenúltimo monarca de este reino

Baviera se reservó, al menos, mecanismos y privilegios que aseguraron cierta independencia soberana, más que cualquiera de los Estados federados del norte de Alemania. Así, conservó un servicio diplomático diferenciado, un ejército propio y un sistemas postal, telegráfico y ferroviario, no integrado dentro de la administración ferroviaria prusiana, como exigía el tratado del Zollverein.

Como Baviera era mayoritariamente católica, buena parte de la población mostró sus reservas por estar gobernados por la norteña Prusia, cuyos habitantes eran en su mayor parte protestantes. De ahí la autonomía concedida para minimizar el surgimiento de un movimiento separatismo bávaro que vivió y murió a principios del XX.

Dentro de la República de Weimar, se creó en 1919 el Estado Libre de Baviera, cuna del nazismo y donde Hitler protagonizó un golpe fallido (el Putsch de Múnich, en 1923). En esta región se celebraron algunos de los grandes desfiles y congresos del partido nazi más representativos.

La verdera coincidencia nacionalista

Las diferencias históricas entre Cataluña, Escocia y Baviera son tan grandes como lo son las similitudes entre sus procesos para reinventar rasgos y costumbres naciones en tiempos muy recientes. En la obra «La invención de la tradición», Eric Hobsbawm y Terence Rangerdiseccionan cómo el nacionalismo escocés requirió a una serie de escritores, pocas veces historiadores, para crear un pasado romántico a partir del siglo XIX.

El epicentro del relato escocés estuvo en el pasado celta de Escocia y su distinta relación con el Imperio Romano. El origen del proceso inventivo coincidió, como en Cataluña, con el auge en Europa del Romanticismo, que vanagloriaba la figura del noble salvaje que, al igual que los piratas, los guerreros celtas o los sitiados de Barcelona en 1714, lucha por defender sus ideas y su patria hasta la muerte. Un relato eminentemente literario que el nacionalismo ha usado con fines políticos.

«Cuando los escoceses se juntan para celebrar su identidad nacional, la afirman abiertamente a través de un “kilt”, tejido en un tartán con los colores de su clan, y de una gaita. Este instrumento, al cual atribuyen gran antigüedad, es de hecho básicamente moderno»

«Cuando los escoceses se juntan para celebrar su identidad nacional, la afirman abiertamente a través de un “kilt”, tejido en un tartán con los colores de su clan, y de una gaita. Este instrumento, al cual atribuyen gran antigüedad, es de hecho básicamente moderno. Su uso se desarrolló mucho después de la Unión con Inglaterra como símbolo de protesta», explica Hugh Trevor-Roper en el citado libro sobre la importancia que cobró el pasado celta de Escocia. Así, lo que era un instrumento rudimentario asociada como signo de barbarie por la mayoría de los escoceses y reservado a los «highlanders» (nobles escoceses de tradición celta) ha terminado por convertirse en el símbolo nacional por excelencia.

Pero el uso del «kilt», cuya forma actual también es de reciente creación, y de la gaita son la punta del iceberg en un proceso que ha colocado a los «highlanders», para nada representativos ni protagonistas de la historia de Escocia, como los supuestos padres de la nación escocesa. De hecho, los «highlanders» del norte de Escocia estaban considerados por la mayoría de la población como un apéndice de las tradiciones celtas de los irlandeses y su literatura era una copia de la Irlanda gaélica. Fue a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX cuando apareció una corriente pseudo histórica, repleta de personajes entre el folclore y el fraude, que se apropió de la cultura irlandesa y reescribió la historia de Escocia otorgando a los «highlanders» un papel clave. De la noche a la mañana, el incipiente nacionalismo proclamó que la Escocia celta era la «nación madre» e Irlanda su dependencia cultural.

El Lago Ness, en las Tierras Altas escocesas.
El Lago Ness, en las Tierras Altas escocesas.

El caso del nacionalismo catalán tiene muchas similitudes con Escocia, pero fue desarrollado de forma más tardía. Muchos años después de la Guerra de Sucesión, el periodista Salvador Sanpere i Miquelescribió a finales del siglo XIX, coincidiendo con el desastre del 98, el libro «Fin de la nación catalana» que sentó las bases para crear el mito moderno sobre el asedio de Barcelona de 1714. No en vano, Salvador Sanpere i Miquel bebía en su texto de la literatura romántica que los exiliados de 1714 habían dejado escrita y presentaba a Cataluña como una nación agredida en la Guerra de Sucesión.

En palabras del hispanista Henry Kamen dentro de su libro «España y Cataluña: historia de una pasión», «sin ningún criterio, los catalanes se presentaron como defensores unívocos de la libertad contra las fuerzas militares foráneas». Eso a pesar de que una parte sustancial de la población en Cataluña, cerca de la mitad, apoyaba a Felipe V y que, además, los rebeldes fueran firmes partidarios de la unidad de España, que ellos entendían que representaba el reconocimiento de otro rey –el que hubiera sido Carlos III– y de unas comunidades autónomas que preservaran sus constituciones históricas.

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Terror supremacista nacional-religioso en Occidente y en Oriente

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Los ataques terroristas del 15 de marzo a una mezquita y un instituto en Christchurch, Nueva Zelanda, que dejó 50 muertos (entre ellos varios niños), y decenas de heridos, es uno de los resultados de la persistente campaña “antiinmigrante musulmán”, lanzada por los políticos derechistas de Europa y EEUU y la normalización del odio hacia este colectivo por los medios de comunicación de masa. Es, también, una continuidad de los ataques militares de sus gobiernos a los pueblos de los países estratégicos como Afganistán, Irak, Libia, Yemen, Siria o Sudan. Cerca de cuatro décadas de propaganda diaria de demonización de las naciones propietarias de inmensos recursos naturales, que por casualidad son “musulmanes”, crea esta clase de monstruos que mata a personas que ni siquiera conoce. Una masacre parecida tuvo lugar en 1994 en una mezquita de Hebrón cuando el sionista Baruch Goldstein abrió fuego sobre una multitud de palestinos que rezaba, matando a 29 personas, y dejando heridas a otras 125.

Preguntas:

  1. ¿Pretendían los terroristas provocar una respuesta por parte de los islamistas? La organización terrorista ISIS, vinculada al Pentágono, que ha matado a decenas de miles de “musulmanes”, ha pedido venganza. Ya sabemos que detrás de los atentados terroristas “islámicos” están ciertos estados, pero, ¿quiénes son los autores intelectuales de los ataques terroristas a los musulmanes en el Occidente “cristiano”?
  2. ¿Deberían los gobiernos de Siria, Irak y Afganistán, de donde eran oriundas las víctimas, bombardear Nueva Zelanda, como suelen hacer EEUU y Europa tras sufrir un atentado terrorista “islámico”? Recuerden el extraño atentado del 2015 de Paris y la amenaza militar contra Yemen, y también el del 11S en EEUU, que a pesar de que los atacantes eran saudíes, fue Afganistán el país atacado y destruido.
  3. ¿Por qué estos ataques son considerados aislados y realizados por “psicópatas”, pero los perpetrados por los islamistas son tachados de “guerra contra los valores de la civilización occidental”?

El regreso del “Choque de Civilizaciones”

La seudo doctrina elaborada por Samuel Huntington no era más que una coartada para las fuerzas más belicistas en Occidente y en Oriente, quienes consideran a otros,  seres inferiores, bárbaros. Sin embargo, si bien el “Orientalismo” de Edward Said desveló los entresijos de fabricación del retrato del inexistente “mundo musulmán”, hace falta un estudio sobre el “Occidentalismo” y la “occidentofobia” por el bando contrario que invoca el regreso al medievo, tergiversa la realidad del Occidente y le ataca para protegerse del progreso y la modernidad: los sindicatos obreros, las organizaciones feministas, la libertad sexual y el de vestimenta son presentados como agentes del pecado, elementos que perturban el orden cósmico y corrompen la moral de los creyentes, incitándoles a desmontar las milenarias verdades absolutas.

Ambas fobias convierten al otro en peligroso, enemigo, e incluso subhumano; sólo así consiguen que millones de personas “normales” se conviertan en cómplices de horrendos crímenes: es el mismo mecanismo que nos hace capaces de subyugar, torturar y matar a los animales no humanos, seres con los que compartimos la misma categoría biológica.

En este tenebroso panorama, el papel de la religión (que no es lo mismo que espiritualidad de cada uno) es de lo más relevante: Si el propio Dios ha decidido que unos seres humanos (hombres, ricos y devotos) sean superiores a otros, sus representantes en la tierra también tendrán la legitimidad de someter a las criaturas “inferiores” en el nombre de Jesús, Yahvé, Alá, o Vishnu, y otras divinidades.

Otros supremacismos

Ya que el delirio de la superioridad del Occidente-blanco-cristiano es bien conocido, veamos los rasgos de otras doctrinas de extremaderecha:

. Supremacismo judío-blanco: antes de la creación del estado de Israel, los judíos afirmaban ser el “pueblo santo para el Dios“ y por ende, superior al resto de la humanidad; pero, después de su fundación por los Asquenazí (judíos blancos europeos), éstos además de ejercer el poder sobre los palestinos despojados de su tierra, también mostraron menosprecio hacia los judíos de Oriente Próximo, por ser pobres o por la forma de practicar su credo, el mismo sentimiento que mostraron hacia sus hermanos africanos, a éstos además por el color de su piel. Aun así, la instauración de la República judía de Israel en 2018 otorgaba al país, que antes presumía de ser democracia, un estatus de teocracia étnica, convirtiendo a la población no judía oficialmente en personas de segunda. Según el rabino Yaacov Perrin: “Un millón de árabes no valen una uña judía“. Israel junto con la República Islámica de Pakistán son los dos únicos estados modernos creados – por Gran Bretaña y en los mismos años-, sobre una base religiosa que no étnica.

El supremacismo hindú: rechaza el secularismo constitucional y propone una país sólo de los indios hinduistas; se trata de los neonazis y los extremistas religiosos, que un día colaboraron con el Tercer Reich para construir un país con la identidad racial aria “la madre de otras civilizaciones”. Grupos como Hindu Sena (Ejército de Hindúes), que celebran el cumpleaños de Trump como “el único capaz de salvar a la humanidad”, o el “Templo Ghosh” que ha propuesto a la ONU “controlar la tasa de natalidad de los musulmanes” por ser todos propensos a ser yihadistas, exigen privilegios especiales para sí mismos en detrimento de la población cristiana, musulmana, budista, atea y otras. Desde el ascenso de la extremaderecha hinduista dirigida por el Primer Ministro Narendra Modi en 2014, cientos de musulmanes, cristianos e hindúes de casta baja han sido agredidos y asesinados.

. El supremacismo islámico-árabe: “La última religión enviado por Dios”, como afirman los musulmanes, significa que los credos nacidos posteriormente son ilegitimas y perseguibles, como el bahaísmo. Incluso los fieles “del Libro” -judíos, cristianos y mazdístas-, para ellos carecerán de los derechos que gozan los musulmanes, aunque no serán perseguidos (como los serán los ateos), siempre que pagan un impuesto. Estos grupos consideran “Yihala” «ignorancia» las civilizaciones anteriores a la aparición del islam, como la sumeria, egipcia, persa, griega, etc., y repulsan a los musulmanes no árabes y sus tradiciones: De allí, la arabización de la vestimenta (como el velo), la imposición de nombres y tradiciones árabes a las naciones islamizadas como Irán, Afganistán, Indonesia, Pakistán, los países de Asia Central o los de África, etc.

. El supremacismo turco pretendía, según el ministro turco Şükrü Kaya en 1937, fundar “un país que hable con un solo idioma, piense de la misma manera y comparta los mismos sentimientos“. Tras el genocidio de cerca de 1.500 mil armenios, los gobiernos fascistas intentaron turquificar a los kurdos musulmanes, forzándoles a cambiar de nombre, de vestimenta y de cultura. Al no conseguirlo decidieron aplicarles otra solución final. Línea en la que el sultán pnayurquista-sunnita Tayyab Erdogan sigue trabajando.

El supremacismo negro-islámico: el movimiento de La Nación del Islam dirigido por Malcolm X alegaba que “El hombre negro es el hombre original” de la humanidad, y posee una serie de atributos que le coloca por encima de los blancos, haciendo que el sistema de explotación y opresión blanco fuese antinatural. Con esta mirada racista, los Panteras Negras, se negaron a unir su lucha por la liberación con la de la clase trabajadora blanca, y en vez de reclamar los derechos civiles e igualdad con los blancos, reclamaron un estado propio.

En Occidente, el error común de las fuerzas progresistas, que sólo critican a algunas de las ideologías supremacistas, es caer en la trampa de defender la “religión” de las víctimas de la xenofobia, e incluso llevar a más dioses a las aulas de los colegios en vez de reclamar un mayor laicismo y el respeto a los derechos de los migrantes como personas.
La estrategia de la tensión pretende correr una cortina de humo sobre el principal problema de la humanidad: el negocio de hambre de las élites mundiales que mata cada día a cerca de 100.000. No es de extrañar que el terrorista de este atentado afirma no odiar a todos los musulmanes, sino a los que han venido a “invadir nuestras tierras”, o sea a los inmigrantes, los más pobres entre los trabajadores de un país. Su acción se llama Aporofobia. En EEUU, son los migrantes latinoamericanos cristianos que ocupan este lugar y son el objeto de la agresión de los pistoleros xenófobos que van a su “caza” a la frontera.

La libertad religiosa de los estados y las personas debe tener un límite: En un mundo lleno de incertidumbres y parco en respuestas, la irracionalidad tiende a prosperar a la sombra de la pobreza y el desamparo. El auge de los “tribalismos” en las últimas décadas es una de las manifestaciones del retroceso que está sufriendo nuestro mundo.

Nazanín Armanian

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