Los 52 hercios, la frecuencia más triste del mundo

En el océano Pacífico habita una ballena que emite sonidos a una frecuencia tan elevada que ningún otro miembro de su especie es capaz de escucharla

Pedro Gargantilla

Imagen de una ballena jorobada

Anton Chejov publicó un cuento titulado “La tristeza” acerca de un cochero de nombre Yona que busca desesperada e infructuosamente a quién contarle el tormento que le aflige por la desdichada muerte de su hijo.

Ninguna persona parece dispuesta a escucharlo y, al final, el único que le presta la atención que demanda es su caballo. Con esta narración el escritor ruso pretendía hacernos reflexionar sobre la sociedad que estamos creando y en aquello en lo que, a menos que pongamos remedio, nos convertiremos.

Este cuento es un grito a la necesidad que tenemos de compartir nuestros sentimientos con los demás. Algo de lo que sabe mucho la “ballena solitaria”.

Los cantos de las ballenas

En la década de los sesenta del siglo pasado dos biólogos estadounidenses descubrieron que las ballenas jorobadas machoproducían vocalizaciones complejas y repetitivas -cantos- para comunicarse con otros miembros de su especie.

A partir de entonces los cetólogos no han parado de estudiar el fascinante lenguaje de estos mamíferos. Habitualmente los sonidos que emiten se encuentran en un rango de frecuencias que oscilan entre 15 y 25 hercios (Hz).

Cada especie dispone de un intervalo sonoro propio y dentro de las especies cada familia de ballenas expresa su propia versión. Los cetáceos repiten sonidos durante unos cuatro minutos y a eso se llama “tema”, un conjunto de temas configura una canción.

No se conoce con precisión el mecanismo fisiológico de estas estas eufonías, se sabe que las ballenas barbadas tienen laringe pero que carecen de cuerdas vocales y que, además, no necesitan espirar el aire para emitir los cantos.

Un espécimen único

Los cantos nos indican un carácter gregario, así como una capacidad de reconocimiento y emisión del canto, con una estructura sintáctica y jerárquica perfectamente desarrollada. Es el sonido lo que permite seguir la pista y reunirse con sus congéneres en la inmensidad oceánica.

En 1989 un grupo de científicos estadounidenses detectaron en el Pacífico Norte un sonido que catalogaron como el sonido de una ballena. Era un sonido diferente al que emite cualquier tipo de ballena -a 52 Hz-, más agudo incluso que el sonido que profiere una tuba.

Esa frecuencia es inaudible para el resto de las ballenas y, por tanto, ningún espécimen la puede responder. El oceanógrafo Bill Watkins la bautizó con el nombre de “ballena 52”.

Este cetáceo alza su melodía del amor por el mundo submarino sin esperar nada a cambio, nunca encontrará respuestas a sus llamadas.

Esta ballena solitaria viaja entre treinta y setenta kilómetros diarios -una velocidad de crucero que recuerda al rorcual-. Anualmente de desplaza desde las Aleutianas (Alaska) hasta California, un trayecto que se asemeja al de las ballenas azules.

Símbolo del desamparo

Los científicos barajan cuatro posibles hipótesis que permitan explicar la singularidad de la ballena solitaria: un extraño cruce entre dos especies, el último miembro de una familia extinta, un ejemplar sordo que nunca aprendió a emitir sonidos a las frecuencias adecuadas o bien que sufra una malformación que impida la emisión de registros correctos.

La “ballena 52” es el símbolo de la exclusión social, de la soledad, y ha sido fuente de inspiración de canciones, libros, documentales y tatuajes. ¿Qué puede haber más triste que un animal gigantesco deambulando por la inmensidad de los océanos emitiendo una balada de amor que nunca hallará respuesta?

Si Chejov hubiera sabido de la existencia de este cetáceo, quizás el protagonista de “La tristeza” no habría sido el cochero Yona.

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Vamos a oprimir nosotros

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En vista de que la RAE no se pliega a ninguna presión autoritaria, son numerosas las instituciones que intentan legislar y censurar por su cuenta

NOS HARTAMOS de repetirlo todos sus miembros, del más veterano al más reciente: la Real Academia Española o RAE no manda ni impone nada; no obliga, prohíbe, castiga ni multa. No está facultada para hacerlo y además no quiere. Es probablemente la institución más liberal de cuantas hay en este país profundamente antiliberal. A lo sumo recomienda, orienta, aconseja, avisa de que tal o cual término son peyorativos o vulgares o despectivos. Indica simplemente lo que es correcto gramatical, sintáctica y ortográficamente, pero nadie se ve forzado a hablar ni a escribir según esa corrección, que ni siquiera dicta la propia RAE, sino el uso centenario de la lengua. Si no hay un mínimo acuerdo básico, no nos entenderíamos y el idioma se tornaría inservible. Aun así, cada cual es libre de decir y escribir lo que quiera y como quiera, de emplear el vocabulario que le plazca, desde el exquisito hasta el malsonante y soez. Eso no está penado todavía, por fortuna. Sin embargo, demasiada gente pretende lo contrario, que la RAE ejerza de policía, que censure el diccionario, que elimine palabras o acepciones, que añada otras a capricho de cada colectivo o individuo con ínfulas, que se dedique a una labor represiva. Como si tuviera capacidad o voluntad para ello; no las tiene en absoluto.

En vista, así pues, de que la RAE no se pliega a ninguna presión autoritaria, son numerosas las instituciones que intentan legislar y censurar y reprimir por su cuenta. Son conocidas, por ejemplo, las directrices que con frecuencia lanzan la Junta de Andalucía o Comisiones Obreras, y aun el Congreso, que decidió que los castellanohablantes teníamos que decir Girona, Lleida y A Coruña, aunque viniéramos llamando secularmente a esas ciudades Gerona, Lérida y La Coruña. Ninguna institución posee la menor autoridad para dictaminar nada —aún menos para imponer— en materia de lengua. Pero todas se la arrogan con intolerables intrusión y soberbia.

Ahora se ha ido aún más lejos, por parte de Ada Colau y su Ayuntamiento de Barcelona, que han impreso 62.000 ejemplares de una Guía de Comunicación Inclusiva para construir un mundo más igualitario(menudas pretensiones). Está destinada sobre todo a las empresas que aspiren a contratar o a concursar, a trabajar con dicho Ayuntamiento. El paso más lejos consiste en que aquí se obliga a tales empresas a utilizar los vocablos estúpidos y ridículos que se les han ocurrido a Colau y a su equipo. Y, si no se someten, se las castiga privándolas de oportunidades y beneficios. Eso sólo lo hacen las dictaduras más intransigentes: en el III Reich, si alguien saludaba con “Buenos días” o “Alabado sea Dios” (un religioso) en vez de con el preceptivo “Heil Hitler!”, se lo multaba o detenía por “desafecto”. Y una vez detenido en aquel régimen, uno podía acabar rápidamente en una fosa… Una de las órdenes más pintorescas de esta Guía de Colau es que se eviten términos como “demente”, “loco” o “trastornado”, así que no sé cómo decir que el panfleto en cuestión me parece obra de dementes, locos y trastornados. Según él, “no hay nadie normal, sino que todo el mundo es diferente”. No se debe decir “estoy depre” porque eso trivializa la depresión, sino “tengo el día triste”. Según él, “las razas no existen, el racismo sí”, que viene a ser tan estulto y —sí— trastornado como afirmar que “no existen los machos, el machismo sí”, o que “los sexos no, el sexismo sí”. Según él, el desdoblamiento hoy tan pelmazo (“los trabajadores y las trabajadoras”) también es “excluyente”, porque “excluimos a las personas que no se identifican como hombre o mujer”. No hay que hablar de “madres solteras”, pues puede resultar discriminatorio mencionar el estado civil “cuando la persona no tiene pareja”. “Abuelo, abuela” son inadmisibles como apelativos irónicos o cariñosos, ya que muchas “personas mayores” carecen de progenie. Y nada de “cambio de sexo”, eso se llama “operaciones de afirmación de género” (cuando en español “género” y “sexo” no son, o no solían ser, sinónimos). Olvídense de la milenaria pero “irrespetuosa” “hermafrodita”, de “minusválido”, “inválido”, “cojo”, “sordo”, “ciego” y hasta “invidente”. Todos esos son “personas con discapacidad física” o “con movilidad reducida” o “con ceguera”. Francamente, entre “ciego” y “con ceguera” veo la misma diferencia que entre “inteligente” y “con inteligencia”; claro que este último concepto le es desconocido a Colau, no la ha tocado jamás. Para ella y su equipo es insultante decir que uno “compra en un chino” o “en el paki”, y proponen algo tan inespecífico como “comprar en la tienda” (se han roto el cerebro). Ignoran que “moro” y “mauritano” (condenan la primera palabra y predican la segunda) significan exactamente lo mismo. Absténganse ustedes de espetarle a nadie “Que te den” e inclínense por el vetusto “A freír espárragos”; y nada de “mariconadas”, sino “tonterías” (otra vez rotos los sesos). Inaceptables “inmigrantes” y “emigrantes”, son todos “migrantes”, como las aves. La Guía es un inagotable y fascinante compendio de imbecilidades. Búsquenla y díganme si es obra de gente cuerda, tolerante, democrática, “igualitaria” y respetuosa de las libertades. El lema parece ser: “Si la RAE no oprime, que le den. Vamos a oprimir nosotros”.

Javier Marías

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La frutería

Nuestra cultura viene determinada por cuatro manzanas

MANUEL VICENT

La frutería
GETTY IMAGES

Nuestra cultura viene determinada por cuatro manzanas. La primera fue la que pendía del árbol de la ciencia en el paraíso terrenal y marcó el momento de la evolución en que simbólicamente al morderla el cerebro humano se invistió de uso de razón y de libre albedrío. La serpiente ofreció ese fruto prohibido a Eva como un desafío a los dioses, que aun persiste y se transmite con los genes en forma de pecado original. La segunda manzana fue la que, según la tradición, la cayó a Newton en la cabeza y le impulsó a desarrollar la ley de la gravedad, llave de la física moderna que ha permitido conocer las fuerzas que rigen el universo. Gracias a ella las sondas espaciales están abriendo el camino para poder un día abandonar la Tierra y repoblar otros planetas. La tercera manzana preside hoy la empresa más exitosa de nuestro siglo. Apple muestra con orgullo su logo universalmente conocido, una manzana con un pequeño mordisco cuyo significado alude al nuevo conocimiento informático que abre en el cerebro humano un campo ilimitado de liberación y dominio. La promesa de la serpiente del paraíso, seréis como dioses, está a punto de cumplirse. La manipulación genética y la llegada de la inteligencia artificial nos auguran una próxima inmortalidad, que podría ser un castigo muy superior al del infierno. Pero antes de que los engendros de laboratorio y los robots se apoderen de la Tierra, está a nuestro alcance, como salvación, la cuarta manzana. No es la de Eva, ni la de Newton ni la de Steve Jobs sino la que se halla en cualquier frutería del barrio, una manzana del tiempo madura y perfumada. Esa manzana natural puede llevarnos a la conquista de la verdadera sabiduría, que es la inteligencia de los sentidos. Bastará con aspirar profundamente su aroma para ver abiertas de nuevo las puertas del paraíso de la niñez donde te sentías feliz e inmortal.

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La tinta de aguacate es, naturalmente, color rosa milénial

ISVETT VERDE 

La tinta de aguacate es, naturalmente, color rosa milénial
El tinte se seca de color rosa, porque claro.CreditSasha Arutyunova para The New York Times

Para hacer tinta natural de aguacate, lo único que hacen falta son los huesos. Esas semillas color café dorado, tan resbalosas al extraerlas, contienen un líquido lechoso rico en taninos que se convierte en una sorpresiva tinta roja cuando se hierven.

Primero se lavan los huesos y se secan. Luego se hierven en una olla con suficiente agua para cubrir el tejido (unos cinco huesos por cada media libra de tela, unos 227 gramos). Mientras bailan en el líquido, chocando levemente unos con otros, la cáscara se desprende y se abre, pintando el agua de un rubí intenso. Dejar remojar toda la noche.

Al día siguiente se agrega la tela húmeda hasta obtener el color adecuado. (Los tejidos prelavados deben remojarse en agua tibia la noche previa para que el color se fije). No hay que buscar la perfección: cada intento será distinto, imperfecto, etéreo y rosado.

La tinta de aguacate es, naturalmente, color rosa milénial
Huesos de aguacate secos y molidos en espera de usarse como tinta natural.<br><br>CreditSasha Arutyunova para The New York Times

Este proceso engañosamente simple es un arte en las manos de María Elena Pombo. Pombo, de 30 años, es una diseñadora de ropa de Venezuela que forma parte de un grupo de creadores milénials que trabajan con tintas hechas de plantas que tienden a ser más sustentables y usan desechos vegetales que de otra forma se descartarían. En su estudio, en un tramo industrial de la calle Ingraham en el barrio de East Willamsburg de Brooklyn, Pombo crea exquisita ropa hecha a pedido teñida con todo tipo de desechos orgánicos, entre ellos cáscaras de nueces, semillas de achiote y pieles de cebolla. Pero los huesos de aguacate son su material principal.

Su empresa Fragmentario es al mismo tiempo experimento de moda e iniciativa educativa. Además de vender ropa, Pombo ofrece talleres sobre cómo extraer seductores colores de materiales botánicos.

Por naturaleza, los resultados son irregulares. Las variaciones en la mineralidad y pH del agua, por no decir la inevitable inclusión de contaminantes, afecta las tonalidades de las tintas hechas a base de plantas. El agua dura, llena de minerales como calcio y magnesio, puede hacer que los colores sean más vibrantes, mientras que las aguas más suaves producen tonos más suaves. Las fibras de origen vegetal como el algodón o el lino tienden a atenuar el tinte mientras que las derivadas de animales como la seda o la lana producen resultados más intensos.

Pero Pombo trata a sus pigmentos con una sensibilidad metódica que refleja su entrenamiento de ingeniera. Por todo su estudio hay mecheros, vasos de precipitado, pinzas y recipientes con agua de todo el mundo junto con tablas meticulosas que rastrean sus experimentos y pruebas con tintes. “Estoy haciendo este proceso a mano pero es muy controlado”, dijo.

La tinta de aguacate es, naturalmente, color rosa milénial
María Elena Pombo confecciona prendas teñidas con todo tipo de desechos orgánicos, incluyendo cáscaras de nuez, semillas de achiote y pieles de cebolla. Los huesos de aguacate son su principal material. CreditSasha Arutyunova para The New York Times

Los aguacates antes de los milénials

Podemos agradecer a los perezosos gigantes prehistóricos por la dispersión de los aguacates. Los lestodontes, como se conoce a estos perezosos, crecían hasta medir unos cuatro metros de longitud y durante la era cenozoica deambulaban por Sudamérica y tragaban aguacates enteros y dejaban a su paso los árboles. Aunque los humanos empezaron a cultivar la fruta en tiempos tan remotos como hace 5000 años, una de las descripciones más antiguas de las que se tienen registro en papel es de 1519: la “fruta comestible”, escribió el geógrafo y conquistador Martín Fernández de Enciso en un documento titulado Suma de geographia, es “como mantequilla” y “tiene un sabor delicioso y deja un gusto tan blando y tan bueno que es maravilloso”.

Es comprensible que los huesos sean secundarios frente a esta fruta “maravillosa”, ahora tan codiciada que solo en 2018 Estados Unidos importó de México casi dos mil millones de libras de aguacates Hass. Pero existe evidencia de que la humilde semilla se usa hace mucho para tinturas o tintes. En un artículo publicado en 1964, un historiador del arte español, Santiago Sebastiánl, apuntó que muchos documentos que sobreviven de la época de la Conquista española en Centroamérica y Sudamérica se escribieron con tinta derivada de los huesos. Y su aplicación a textiles data de generaciones, aunque a menudo no exista registro escrito de ello.

La tinta de aguacate es, naturalmente, color rosa milénial
Pombo, quien originalmente se entrenó como ingeniera, mantiene hojas de cálculo meticulosas que documentan sus experimentos y pruebas de tintes. CreditSasha Arutyunova para The New York Times

“El rosado de aguacate es un poco un misterio” dijo Jennifer Gómez Menjívar, profesora asociada de Español y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Minnesota, Duluth. “Lo que sabemos al respecto se ha preservado a través de historias orales”. Por ejemplo, los kuna que viven en el noreste de Panamá y las vecinas islas San Blas desde tiempos prehispánicos mencionan el uso de la tintura de aguacate para teñir textiles en su historia de la creación. Y también se han encontrado restos de lana de llama y alpaca teñida con huesos de aguacate en sitios arqueológicos en la sierra andina, donde residieron pueblos aimaras y quechuas.

A diferencia de las tintas hechas de flores o pieles de cebolla —en los que el producto final a menudo se parece al color del material—, la tinta de los huesos de aguacates es “muy mágica”, dijo Pombo. “Nunca me hubiera imaginado que sería rosa”.

La tinta de aguacate es, naturalmente, color rosa milénial
CreditSasha Arutyunova para The New York Times

Hay muchos tipos de aguacates y, por ende, muchos tonos posibles de rosa aguacate; la especie, parte de la familia del laurel, se divide en tres razas botánicas —mexicana, guatemalteca y de la india occidental— pero la polinización cruzada permite el desarrollo de variedades ilimitadas.

La variedad que crecía en el patio de la casa de la familia de Pombo, en Caracas, se llama Fuerte y es de cáscara verde, con forma de pera y dos veces más grande que la variedad Hass que usualmente se encuentra en Estados Unidos. El hueso se evidencia cuando madura, y se mueve dentro de la fruta como una maraca. Esos aguacates, dijo Pombo, “me recuerdan la casa”.

Pero para su primera colección de ropa teñida con aguacate ha usado huesos de la variedad Hass que consigue de cuatro distintas tiendas de abarrotes en Bushwick. Como estas tiendas tienen limitado el espacio de almacenamiento, tenía que ir a cada una dos veces a la semana y recoger unos 20 huesos cada vez. También significaba que se pasaba horas conversando con los dueños y empleados cada vez que pasaba a recogerlos.

El resultado ha sido una línea de prendas uniformes, disponibles en lino, seda o una mezcla traslúcida de seda, organza y algodón teñidas a mano (incluso los botones) en un tono de rosado viejo que recuerda una rosa muy reseca. Las prendas, que se venden a través de Instagram, no son baratas: los precios varían desde 300 dólares por una blusa de lino hasta 1580 dólares por una chaqueta de seda shantug. Pero Pombo dijo que las piezas, fabricadas con tanto cuidado, son para toda la vida: únicas y heredables: “La idea es ir más despacio y tener una relación más reflexiva con lo que consumimos”, dijo.

La tinta de aguacate es, naturalmente, color rosa milénial
Pruebas de la primera colección de Pombo, llamada Fragmentario.<br><br> CreditSasha Arutyunova para The New York Times

La basura de uno es el tesoro de otro

El verano pasado, en uno de los talleres de tintura con cebolla en el jardín comunitario McLeod en Brownsville, Brooklyn (ofrecido sin costo a través de un apoyo del New York Restoration Project), cerca de 50 participantes se reunieron alrededor de cubos llenos de pieles de cebolla anegadas mientras esperaban su turno para mojar bufandas y pañuelos. Trozos de detritus se mezclaron con la tela empapada, impregnando la seda charmeuse y la gasa con un tono rojo oxidado.

Mientras los participantes esperaban pacientemente que la alquimia surtiera efecto, Pombo habló de la belleza que podía extraerse de los desperdicios de comida.

“Hacemos muchas preguntas sobre el origen de nuestra comida pero no preguntamos lo mismo sobre los textiles”, dijo Pombo. “Al usar desperdicios de comida, les das una segunda vida al crear belleza de algo que puede considerarse basura”. (Pombo ahora consigue sus huesos en Arepera Guacuco, un restaurante venezolano en Brooklyn. Cada semana el restaurante le llena un recipiente con unos 100 huesos, la mayoría de los cuales ella muele con una Vitamix para almacenarlos más fácilmente).

La tinta de aguacate es, naturalmente, color rosa milénial
Pombo en su estudio del este de Williamsburg, Brooklyn. CreditSasha Arutyunova para The New York Times

Su abuela materna, Ligia de Reyes, estaba cerca, sentada en una silla plástica blanca de patio, e irradiaba orgullo. Reyes, quien tiene 80 años, estaba de visita en Brooklyn procedente de Cabimas, Venezuela, por primera vez. Su familia se fue poco a poco de Venezuela pero ahora está desplazada del país, sumido en un profundo colapso económico.

“Yo no sabía cómo tener este tipo de estructura familiar fragmentada”, dijo Pombo. Sus padres están en Canadá y su hermano vive en Londres. Sus dos abuelas siguen en Venezuela. “La nostalgia es ahora tan parte de mi identidad porque no es como que me puedo ir a casa”, dijo. “Lo que queda es un cascarón de lo que alguna vez fue”.

En 2018, Pombo se volvió candidata para solicitar una tarjeta de residencia, lo que significaba que no iba a poder salir de Estados Unidos por un tiempo. Fue un cambio difícil: los talleres de huesos de aguacate la habían llevado a Italia, España y Alemania, donde los impartía; cada ciudad produjo un tono único de “rosado aguacate” debido a las diferentes propiedades del agua y las condiciones de fabricación del tinte. (El agua en Barcelona y Madrid resultó en colores más rojizos, pero fue el agua dura de París la que produjo el rosa más intenso).

La tinta de aguacate es, naturalmente, color rosa milénial
CreditSasha Arutyunova para The New York Times

Al darse cuenta de que no podría viajar por un tiempo, Pombo empezó a pedirle a sus amigos que le enviaran agua de sus viajes. Admiradores de redes sociales y desconocidos empezaron a hacer lo mismo. Empezaron a llegarle botellas desde Chicago, Nueva Delhi y fuentes interesantes como el mar Muerto. “Recibir esas aguas de la gente fue muy bello”, recordó Pombo, visiblemente conmovida. Estar atrapada en Nueva York le ayudó a encontrar un nuevo modo de conectarse con el mundo. Una segunda línea de ropa empezó a tomar forma. “Todos han sido parte de esta colección”, dijo. “Inspiró una práctica para lo que sería el color, un sentido juguetón”.

Las nuevas prendas, todas de seda y hechas a pedido, tienen precios de entre 300 dólares por una bufanda y 2200 dólares por un vestido de organza plisado a mano. Las siluetas son parecidas a las de su última colección, pero esta vez los diáfanos textiles se arrugan y planchan al vapor antes de teñir y los tonos vacilan entre el rubor, el óxido y el rosa. Los resultados lucen salvajes, desenfrenados e impredecibles, un reflejo de la variabilidad de las distintas muestras de agua de alrededor del mundo.

Una de sus mejores amigas de Venezuela se estableció en San Luis Potosí, México, porque su pasaporte se había vencido y Venezuela no le había emitido uno nuevo y durante mucho tiempo no pudo visitar Nueva York. Le enviaba por correo a Pombo muestras de agua que recolectaba en México. “Es lindo”, dijo Pombo. “Porque lo hicimos juntas, pero separadas”.

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