Dime a qué velocidad andas y te diré cómo es tu salud

Dime a qué velocidad andas y te diré cómo es tu salud

La presión arterial o nuestro índice de masa corporal son importantes para diagnosticar el estado de nuestra salud. Sin embargo, un nuevo estudio señala otro indicador que nunca se ha tenido en cuenta: medir lo rápido que caminamos.

Cuanto más rápido sea el ritmo al andar, mejores serán los resultados de salud. Por eso, los cirujanos cardiacos han propuesto usar esta medida como una forma de identificar a los pacientes que podrían tener dificultades para recuperarse de la cirugía. También hay evidencia de que podría alertar a los médicos sobre problemas de salud, como enfermedades cardiovasculares y deficiencias cognitivas.

Velocidad y edad biológica

De este modo, los médicos podrían usar la velocidad de la marcha para ayudar a determinar la edad biológica de una persona, que puede ser más o menos joven que su edad cronológica.

No es cuestión de que andemos más rápido: no hay evidencia que demuestre que un aumento en la velocidad de tu marcha influya en tu salud. Pero es importante prestar atención a lo físicamente activo que eres. Ir más lento de forma significativa podría indicar una condición subyacente.

Según explica Christina M. Dieli-Conwright, profesora asistente de investigación en la División de Bioquinesiología y Fisioterapia de la USC: “Un predictor realmente fuerte de la mortalidad es la velocidad de la marcha”.

Los investigadores creen que hay varias razones por las cuales la velocidad al caminar puede ser un vaticinador de supervivencia. Caminar requiere energía, control de movimiento y apoyo y exige un esfuerzo en múltiples sistemas de órganos, incluido el corazón, los pulmones y los sistemas circulatorio, nervioso y musculoesquelético. La disminución en la velocidad del andar refleja tanto daños en esos sistemas como un alto coste de energía al caminar.

Imagen | waitscm

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Responsabilidad

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En el corazón del hombre  (esto no lo conocen los niños ni los inocentes, los infelices, en el mejor sentido de la palabra) se libra una batalla entre el Bien y el Mal. ¿Sabemos por instinto o por educación cuál es cuál? En tiempos más o menos felices y de abundancia esta batalla permanece oculta; en tiempos difíciles no hay forma de eludirla. Si vivimos en un estado totalitario el dilema moral es continuo: ¿delataré a mi vecino? ¿Denuncio a mi padre? Siendo delator me recompensarán. Si me niego, me convierto en un traidor. ¿Admito ser instrumento de un poder arbitrario y cruel? ¿Odebezco las leyes si son injustas? Si la situación es desesperada, ¿doy mi trozo de pan a alguien que se muere de hambre? Eso no lo conocemos: no hemos llegado a esa degradación. No estamos en la Alemania nazi, ni en la Italia fascista, ni en la URSS de Stalin, ni en la Argentina de Videla. Son situaciones extremas, desde luego. En esos infiernos han vivido millones de personas. ¿Podemos elegir? Si nos ponen un arma en la mano y nos ordenan disparar a alguien indefenso, ¿apretaremos el gatillo? Brecht, que sabía de estas cosas, dijo con mucho acierto: “desdichado el país que necesita héroes”. Un héroe puede ser, sencillamente, alguien que, contra la mayoría, dice: “no, esto no lo hago”. Y asume las consecuencias.
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MARX PREDIJO EN ESTE PÁRRAFO DE 1848 LAS REDES SOCIALES Y EL CAPITALISMO DIGITAL DE NUESTRA ERA

TODO LO SÓLIDO SE DERRITE EN EL AIRE, TODO LO SAGRADO SE PROFANA”.

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Pese a todos sus errores o al menos implausibles visiones utópicas, no se puede negar que Marx entendió como pocos el capitalismo, tanto sus aspectos más sutiles como sus aspectos más burdos. En el primer capítulo del Manifiesto Comunista, escrito en 1848, 150 años antes de que el Internet se convirtiera en una tecnología de adopción masiva, Marx habló de uno de los puntos claves del capitalismo que vemos actualmente: “todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado se profana.” Esta frase una de las más comentadas en la historia de la economía política, resulta profética. El capitalismo derrite todo, hace de lo material, de la relación con los medios de producción, una cosa espectral o evanescente, que hoy llamaríamos virtual. Y todo lo que fue sagrado lo coopta, lo convierte en distracción y capital. El pasaje merece citarse extensamente (el término “burguesía” puede intercambiarse por “capitalismo”):

La burguesía no puede existir sin constantemente revolucionar los instrumentos de producción, y por lo tanto las relaciones con la producción, y con esto todas las relaciones de la sociedad. La conservación de los viejos modelos de producción de manera inalterada era, por el contrario, la primer condición de existencia para todas las clases industriales previas. La constante revolución de la producción, la ininterrumpida perturbación de todas las condiciones sociales y una perpetua incertidumbre y agitación distingue a la burguesía de todas las épocas anteriores. Todas las relaciones fijas, congeladas, con su antiguo tren de opiniones y prejuicios, se ven esfumadas y todas las nuevas que se forman se vuelven anticuadas antes de que se puedan osificar. Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado se profana, y finalmente el hombre se ve obligado a enfrentar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas.

La necesidad de un mercado que constantemente se esté expandiendo para sus productos lleva a la burguesía a extenderse por toda la superficie del planeta. Debe anidar en todas, partes, establecerse en todas partes, hacer conexiones en todas partes.

En este párrafo Marx preve la globalización, que como todos sabemos hoy en día, más que otra cosa es la forma en la que el capitalismo puede expandir su mercado para que sus productos puedan seguir generando cada vez más ingresos. Esta es la noción que vemos hoy de la economía del crecimiento infinito, con devastadoras consecuencias para el medio ambiente y para las culturas tradicionales. Pero no sólo eso, de alguna manera revela la cultura de lo que hoy llamamos la “obsolescencia programada”; las empresas no permiten que sus productos se “osifiquen”, generan nuevas versiones, pese a que en realidad las que están en el mercado funcionan perfectamente. Un “teléfono inteligente” podría durarnos 10 años sin demasiados problemas, pero una gran cantidad de personas decide cambiarlos -o no logra resistirse a las presiones sociales y mercadológicas- uno o dos años después de adquirirlos. Marx aquí también predice la inestabilidad que caracteriza los mercados bursátiles con sus finanzas especulativas, así como también la política del shock, la crisis constante y la incertidumbre que caracteriza a nuestra era. Marshall Berman escribe sobre esto en un libro que lleva el título de la famosa frase de Marx:

Cómo sus energías, percepciones y ansiedades características emanan de los impulsos y las tensiones de la vida económica moderna: de su incesante e insaciable presión a favor del crecimiento y el progreso; su expansión de los deseos humanos más allá de los límites locales, nacionales y morales; sus exigencias de que las personas no sólo exploten a sus semejantes, sino también a sí mismas; la infinita metamorfosis y el carácter volátil de todos sus valores en la vorágine del mercado mundial; su despiadada destrucción de todo y todos los que no pueden utilizar –buena parte del mundo premoderno- y su capacidad de explotar la crisis y el caos como trampolín para un desarrollo todavía mayor, de alimentarse de su propia destrucción.

Pero lo que nos interesa aquí es esta frase de que “todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado se profana”. La primera parte de la frase surge naturalmente cuando la materia -los recursos naturales- ha sido explotada de tal forma que es necesario explotar un espacio etéreo o inmaterial. Como ha demostrado Douglas Rushkoff, el mundo digital y los medios sociales son una invención fundamentalmente del capitalismo, en su afán de seguir creciendo sin brida. El capitalismo digital es la forma de capitalizar el tiempo y la atención de las personas, independientemente del espacio. Y esto, como dice Marx, modifica nuestras relaciones radicalmente; nos relacionamos cada vez más a través de espacios virtuales, sin la riqueza del contacto físico y el lenguaje no verbal. Se espera que en los siguientes años la realidad virtual o la realidad aumentada sea el nuevo hit de la tecnología capitalista. Literalmente el mundo se derretirá o desvanecerá en una pantalla digital que nos acompaña a todas partes, una simulación interactiva del mundo real que llevamos a todas partes. Paradójicamente la forma en la que hemos dejado entrar esta tecnología que derrite lo sólido es pensando que nos permite “hacer conexiones en todas partes”. Este es el slogan esencial que comparten tanto las compañías que producen teléfonos como una red social como Facebook: nos conectan con otras personas, nos conectan con nuestros amigos. Claro que hoy sabemos que la calidad de esas conexiones virtuales no es la misma que la de las conexiones reales que hacemos en el mundo. Así entonces lo virtual reemplaza la solidez material de la experiencia completamente encarnada.

Sobre la última parte de la frase, “todo lo sagrado se profana”, esta es la característica esencial del capitalismo: que todo lo sagrado lo convierte en negocio y lucra con lo más esencial de las relaciones humana. Lo que se llamó falsamente el “share economy”, por ejemplo, se convirtió en realidad en la mercantilización de todo. Uber se vendió al principio como ese servicio en el cual una persona “compartía” su auto; Airbnb como el servicio para “compartir” o abrir una parte de tu casa a la gente. Pero la “share economy”, más bien lo que hizo fue hacer que todas nuestras relaciones estuvieran regidas por la noción de capitalizar todos nuestros espacios y todas nuestras relaciones. Ese lugar en tu casa donde podrías tener un cuarto para meditar o rezar o pintar, mejor réntalo en Airbnb. Es cierto que Marx habló de la religión como el opio del pueblo y señaló que el ser humano debería liberarse  de la “ilusoria felicidad” de la religión. Pero antes de decir esto, en esa misma frase, Marx dijo que la “religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo descorazonado,  y el alma de condiciones desalmadas”. Y notó que el capitalismo le quitaba su “halo” a toda otra ocupación que era vista con reverencia y asombro, lo mismo al poeta que al sacerdote. Lo único que brilla es el dinero. La usura capitalista no tiene ningún reparo en lucrar con esos genuinos suspiros de las criaturas oprimidas, con la “expresión real del sufrimiento” y también de la felicidad que se manifiesta a través de la religión. Al subvertir esto hace un daño irreparable.

Por último, la época de los fakes news, de Cambridge Analytica y de las cámaras de ecos que aparentemente ponen en entredicho la democracia, ya había sido también prevista por Marx. Parafraseando el Fausto de Goethe, Marx dice: “la sociedad burguesa moderna, una sociedad que ha conjurado medios de producción e intercambio tan poderosos, es como el hechicero que ya no puede controlar los poderes del inframundo que ha invocado con sus hechizos.” Vemos ahora que ex ejecutivos de Google, Twitter, Facebook y otras empresas se arrepienten de haber creado un monstruo. ¿Pero quien puede lidiar con el monstruo, especialmente cuando todos están encantados con los juguetes?

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No me quedo tranquilo

No me quedo tranquilo
GEORGE STEINMETZ (CONTACTO)

PARECEN ESPERMATOZIODES A la espera de que suene la alarma para acudir a una eyaculación. De forma parecida al menos los mostraba Woody Allen en Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar. Pero no. Trabajan en un matadero de pollos en Brasil y están haciendo un alto para reponer fuerzas. ¿Asombra o no asombra la fantasía de algunas empresas a la hora de uniformar a sus empleados? He aquí un atuendo de matar pollos que debe de ser muy funcional. Lo que desde luego transmite es una idea de higiene insuperable. La capacidad de organización del ser humano solo es comparable con su tendencia al caos. Lo que no sabríamos decir es si esta imagen representa la anarquía o el orden.

Por un lado, parece que está todo muy controlado para que los obreros no transmitan virus alguno a las aves. Pero por otro da la impresión de que el modo de garantizar ese control es el producto de una mente enferma. No se me entienda mal: soy partidario de la limpieza y de la desinfección. Todo lo que sea profilaxis, signifique lo que signifique profilaxis, me parece bien. Lo que me pregunto es si no había otro modo de lograrla. También estoy de acuerdo en que los sargentos se distingan de los generales, pero yo colocaría menos chatarra en el pecho de los últimos. La bata de los médicos, por ejemplo, es un modelo de contención. Van aseados y pulcros sin necesidad de llenarse la bocamanga de pequeños bisturíes de acero ni filigranas de oro. Ignoro de qué nos vestimos para matar pollos en España, pero prometo investigar porque no me quedo tranquilo. 

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Líderes

Existen dos Españas, no la de derechas o de izquierdas, sino la de los políticos nefastos y la de los ciudadanos con talento

Una familia, en Manzanares el Real (Madrid).
Una familia, en Manzanares el Real (Madrid). SANTI BURGOS

Por organismos internacionales de toda solvencia España ha sido declarado el mejor país del mundo para nacer, el más sociable para vivir y el más seguro para viajar solos sin peligro por todo su territorio. Según The Economist, nuestro nivel democrático está muy por encima de Bélgica, Francia e Italia. Pese al masoquismo antropológico de los españoles, este país es líder mundial en donación y trasplantes de órganos, en fecundación asistida, en sistemas de detección precoz del cáncer, en protección sanitaria universal gratuita, en esperanza de vida solo detrás de Japón, en robótica social, en energía eólica, en producción editorial, en conservación marítima, en tratamiento de aguas, en energías limpias, en playas con bandera azul, en construcción de grandes infraestructuras ferroviarias de alta velocidad y en una empresa textil que se estudia en todas las escuelas de negocios del extranjero. Y encima para celebrarlo tenemos la segunda mejor cocina del mundo.

Frente a la agresividad que rezuman los telediarios, España es el país de menor violencia de género en Europa, muy por detrás de las socialmente envidiadas Finlandia, Francia, Dinamarca o Suecia; el tercero con menos asesinatos por 100.000 habitantes, y junto con Italia el de menor tasa de suicidios. Dejando aparte la historia, el clima y el paisaje, las fiestas, el folklore y el arte cuya riqueza es evidente, España posee una de las lenguas más poderosas, más habladas y estudiadas del planeta y es el tercer país, según la Unesco, por patrimonio universal detrás de Italia y China.

Todo esto demuestra que en realidad existen dos Españas, no la de derechas o de izquierdas, sino la de los políticos nefastos y líderes de opinión bocazas que gritan, crispan, se insultan y chapotean en el estercolero y la de los ciudadanos con talento que cumplen con su deber, trabajan y callan.

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