¿Te cuesta trabajo concentrarte? Tal vez no sea tu culpa

¿Te cuesta trabajo concentrarte? Tal vez no sea tu culpaCreditLucy Jones

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El último acontecimiento en el año de las disculpas de Silicon Valley fue el gran equivalente tecnológico de “tomar sin exceso” o de “jugar más seguro” de la industria de las apuestas. A principios de este mes, Facebook e Instagram anunciaron nuevas herramientas para que sus usuarios establezcan un tiempo límite a sus plataformas y un tablero para vigilar su uso diario, después de que Google introdujo las características del Bienestar Digital.

Al hacer esto, parece que las empresas sugieren que pasar tiempo en internet no es un hábito saludable ni deseable, sino un vicio placentero: uno que si se deja sin control puede pasar a ser una adicción poco atractiva.

Después de haberse asegurado de tener nuestra atención más de lo que hubieran soñado, ahora admiten cautelosamente que es momento de devolvernos parte de ella para que podamos encontrarnos con los ojos de nuestros hijos sin los filtros Clarendon o Lark; ir a ver una película al cine; o, en contra de la publicidad del Apple Watch, hasta ir a surfear sin —Dios no lo quiera— “revisarlo”.

“La liberación de la atención humana puede ser la lucha política y moral que defina nuestra época”, escribe James Williams, un tecnólogo que se volvió filósofo y autor de un nuevo libro: Stand Out of Our Light.

Williams, de 36 años, lo sabe bien. Durante su permanencia de una década en Google, trabajó en publicidad de búsqueda y ayudó a perfeccionar un modelo de publicidad basado en los datos. Comenzó a sentir gradualmente que su historia de vida como él la conocía estaba desmoronándose: “Como si el suelo se derrumbara bajo mis pies”, escribe.

“La liberación de la atención humana puede ser la lucha política y moral que defina nuestra época”.JAMES WILLIAMS, TECNÓLOGO

Williams compara el diseño actual de nuestra tecnología con “todo un ejército de aviones y tanques” destinados a captar y mantener nuestra atención. Y el ejército va ganando. Pasamos el día cautivados por nuestras pantallas, deslizando el pulgar mientras vamos en los subterráneos y los elevadores y mirando de reojo los semáforos.

Hacemos alarde, pero luego lamentamos la costumbre de lo que se llama una segunda pantalla, cuando solo una no es suficiente, y revisamos las últimas notificaciones en nuestro teléfono mientras vemos la televisión, por ejemplo.

En un estudio encargado por Nokia, se descubrió que desde 2013 revisábamos nuestro teléfono en promedio 150 veces al día. Pero tocamos nuestro teléfono aproximadamente 2617 veces, según otro estudio de 2016, dirigido por Dscout, una empresa de investigación. Apple ha confirmado que los usuarios desbloquean sus iPhones en un promedio de ochenta veces al día.

Se han insertado pantallas donde nunca antes las hubo: en mesas individuales en McDonald’s, en vestidores, en la parte trasera de los asientos de un taxi. Por solo 12,99 dólares, se puede comprar una funda de iPhone para la carriola del bebé… o (qué miedo) dos.

Estos somos nosotros: ojos vidriosos, boca abierta, cuello torcido, atrapados en ciclos de dopamina y burbujas de filtros. Nuestra atención está vendida a los anunciantes, junto con nuestros datos, y nos es devuelta hecha trizas e incompleta.

¿Te cuesta trabajo concentrarte? Tal vez no sea tu culpa

CreditLucy Jones

Hay un caos

Williams, de 36 años, hablaba por Skype desde su casa en Moscú, donde su esposa está trabajando para las Naciones Unidas.

Originario de Abilene, Texas, llegó a trabajar a Google en las que aún se podrían considerar las primeras etapas, cuando por su idealismo la empresa se resistía al modelo ancestral de publicidad. Salió de Google en 2013 para llevar a cabo su investigación de doctorado en Oxford sobre la filosofía y la ética de la persuasión de la atención en el diseño.

A Williams ahora le interesan las personas ultraconectadas que pierden el propósito de sus vidas.

“Así como tomas un teléfono para hacer algo y te distraes, y después de treinta minutos te das cuenta de que has hecho otras diez cosas excepto lo que querías hacer cuando tomaste el teléfono, así está el nivel de fragmentación y distracción”, afirmó. “Pero yo sentía que había algo más a largo plazo que es más difícil tener presente: ese sentido longitudinal de lo que estás haciendo”.

Sabía que no era el único entre sus colegas que se sentía así. Como expositor en un congreso sobre tecnología el año pasado en Ámsterdam, Williams preguntó a unos 250 diseñadores que se encontraban en la sala: “¿Cuántos de ustedes desean vivir en el mundo que están creando? ¿En un mundo donde la tecnología compite para captar nuestra atención?”.

“Nadie levantó la mano”, comentó.

Williams también está lejos de ser el único ejemplo de alguien que fue soldado de la gran tecnología (para seguir con la metáfora del Ejército) y que ahora trabaja para exponer sus peligros culturales.

A finales de junio, Tristan Harris, que fue especialista en asuntos éticos del diseño en Google, subió al escenario en el Festival de Ideas de Aspen para advertirle al público que lo que estamos enfrentando no es menos que una “amenaza existencial” procedente de nuestros propios dispositivos.

Harris, de 34 años, ha estado representando el papel de denunciante desde que salió de Google hace cinco años. Fundó el Centro para la Tecnología Humana en San Francisco y viaja por el país presentándose en importantes programas y pódcasts como 60 Minutes y Waking up, así como en sofisticados congresos como el de Aspen, para describir la forma en que la tecnología está diseñada para ser irresistible.

A él le gusta la analogía del ajedrez: cuando Facebook o Google apuntan sus “supercomputadoras” hacia nuestra mente, comentó, “es jaque mate”.

Si volvemos a los días más inocentes de 2013, cuando Williams y Harris aún trabajaban en Google, se reunían en salas de conferencias y esbozaban sus ideas en pizarras: un club preocupado de dos personas en el epicentro de la economía de la atención.

Desde entonces, los mensajes de ambos han crecido en alcance y urgencia. La constante atracción de nuestra atención por parte de la tecnología ya no solo tiene que ver con perder demasiadas horas de nuestra llamada vida real en las distracciones de la red. Ahora, nos dicen, estamos en riesgo de perder fundamentalmente nuestro propósito ético.

“Está cambiando nuestra capacidad de darle sentido a lo que es cierto, por lo que cada vez tenemos menos idea de una estructura compartida de la verdad, de una narrativa compartida a la que todos nos suscribimos”, señaló Harris un día después de su presentación en Aspen. “Sin una verdad compartida o hechos compartidos, hay un caos… y la gente puede tomar el control”.

Desde luego, también puede obtener ganancias grandes o pequeñas. De hecho, ha surgido toda una industria para combatir el avance sigiloso de la tecnología. Lo que alguna vez fueron placeres gratis, como tomar la siesta, ahora se rentabilizan por hora. Quienes se relajaban con revistas mensuales, ahora descargan aplicaciones de meditación guiada como Headspace (a 399,99 dólares la suscripción vitalicia).

HabitLab, desarrollada en Stanford, lanza intervenciones agresivas cuando entras a una de tus zonas de peligro establecidas por ti mismo en el consumo de internet. ¿Tienes problemas porque Reddit absorbe tus tardes? Elige entre el “asesino de un minuto”, que te pone un estricto cronómetro de 60 segundos, y el “congelador de desplazamiento”, que crea un tope inferior cuando normalmente te desplazas hacia abajo sin límite por el sitio… y te cierra la sesión cuando llegas a él.

Al igual que Moment, una aplicación que monitorea el tiempo en pantalla y te envía a ti o a tus seres queridos notificaciones vergonzosas que destacan cuánto tiempo has desperdiciado en Instagram el día de hoy, HabitLab llega a conocer tus patrones a un grado incómodo con el fin de realizar su trabajo. Parece que ahora necesitamos a nuestros teléfonos para que nos salven de nuestros teléfonos.

Los investigadores han sabido durante años que existe una diferenciaentre la atención “descendente” (las decisiones voluntarias y con esfuerzo que tomamos para prestar atención a algo que elegimos) y la atención “ascendente”, que ocurre cuando nuestra atención es captada de forma involuntaria por cualquier cosa que sucede a nuestro alrededor: un trueno, un balazo o simplemente un seductor pitido que nos anuncia una notificación de Twitter.

“No entendemos la manera en que la tecnología moderna y los cambios en nuestra cultura tienen un impacto sobre nuestra capacidad de mantenernos enfocados en nuestras metas”.JESSE RISSMAN, NEUROCIENTÍFICO

Sin embargo, muchas de las preguntas más importantes siguen sin respuesta. Al principio de la lista, permanece el misterio de “la relación entre la atención y nuestra experiencia consciente del mundo”, afirmó Jesse Rissman, un neurocientífico cuyo laboratorio en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) estudia la atención y la memoria.

Tampoco está clara la consecuencia que tiene todo el tiempo que pasamos en pantalla sobre nuestras destartaladas neuronas. “No entendemos la manera en que la tecnología moderna y los cambios en nuestra cultura tienen un impacto sobre nuestra capacidad de mantenernos enfocados en nuestras metas”, señaló Rissman.

Britt Anderson, neurocientífico de la Universidad de Waterloo en Canadá, incluso llegó a escribir un artículo en 2011 titulado There Is No Such Thing as Attention (No existe eso que llaman atención). Anderson argumenta que los investigadores han aplicado esta palabra para tantos comportamientos diferentes —lapso de atención, déficit de atención, atención selectiva y atención especial, por mencionar algunos— que ha perdido su significado esencial, incluso en el momento en que es más relevante que nunca.

Los niños… ¿están bien?

A pesar de la posible inexistencia de la atención, muchos de nosotros lamentamos su muerte.

Katherine Hayles, profesora de Literatura en la UCLA, ha escrito que el cambio que ve en los estudiantes va de una “atención profunda”, un estado de incorporación firme que puede durar horas, a una “hiperatención”, que brinca de un objetivo a otro y prefiere rozar la superficie de muchas cosas diferentes a explorar la profundidad de una sola.

En la Universidad de Columbia, donde se requiere que todos los estudiantes aprueben un programa básico con un promedio de doscientas a trescientas páginas de lectura cada semana, los catedráticos han estado hablando de cómo enfrentar el cambio evidente en la capacidad de los alumnos para llevar a cabo sus trabajos. El programa se ha mantenido más o menos constante, pero “continuamente estamos pensando en cómo enseñamos cuando los lapsos de atención han cambiado en los últimos cincuenta años”, comentó Lisa Hollibaugh, decana de Planeación Académica en Columbia.

En la década de los noventa, se pensaba que del tres al cinco por ciento de los niños estadounidenses en edad escolar tenían lo que ahora llamamos trastorno de déficit de atención. Para 2013, esa cifra era del once por ciento y está en aumento, según datos de la Encuesta Nacional de la Salud de los Niños.

En la Universidad de Tufts, Nick Seaver, profesor de Antropología, acaba de terminar su segundo año de enseñanza a un grupo que él estructuró, llamado Cómo Prestar Atención. Pero en vez de proporcionar sugerencias para concentrarse, como se esperaría, se propuso capacitar a sus alumnos para ver la atención como un fenómeno cultural: “La forma en que la gente habla de la atención”, señaló Seaver, con temas como la “economía de la atención” o “la atención y la política”.

Como parte de su tarea para la semana de la “economía”, Seaver pidió a sus alumnos que analizaran la forma en que una aplicación o sitio web “capta” su atención y luego se aprovecha de ella.

Morgan Griffiths, de 22 años, eligió YouTube. “Gran parte de los medios que veo tiene que ver con RuPaul’s Drag Race”, dijo Griffiths. “Y cuando terminan muchos de esos videos, el mismo RuPaul aparece al final y dice: ‘Amigos, cuando termine un video, solo abran el que sigue, esto se llama atracón de videos, vamos, los invito’”.

Un compañero de grupo, Jake Rochford, que eligió Tinder, señaló la gran rigidez de un nuevo botón, el de “Super me gusta”. “Una vez que se incorporó este botón, observé todas las funciones como estrategias para mantener la aplicación abierta, en vez de estrategias para ayudarme a encontrar el amor”, comentó Rochford, de 22 años. Después de terminar ese trabajo semanal, desactivó su cuenta.

Pero Seaver, de 32 años, no es un opositor del cambio tecnológico. “El exceso de información es algo que siempre se siente muy nuevo, pero en realidad es muy viejo”, afirmó. “Algo así como: ‘Es el siglo XVI y hay demasiados libros’. O, ‘Es la antigüedad tardía y hay demasiada caligrafía’. No puede ser que haya demasiadas cosas a las que prestarle atención: eso no es necesariamente así”, dijo. “Pero podría ser que haya más cosas que intentan exigir activamente tu atención”.

Y no solo hay que considerar la atención que prestamos, sino también la que recibimos.

Sherry Turkle, socióloga y psicóloga del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), ha escrito sobre la relación que llevamos con nuestra tecnología durante décadas. Los dispositivos que van con nosotros a donde vayamos, argumenta, introducen una dinámica completamente nueva: en vez de competir con sus hermanos para captar la atención de los padres, los niños se enfrentan a los iPhones y las iPad, contra Siri y Alexa, los relojes de Apple y las pantallas de computadora.

“El exceso de información es algo que siempre se siente muy nuevo, pero en realidad es muy viejo. Algo así como: ‘Es el siglo XVI y hay demasiados libros’. O, ‘Es la antigüedad tardía y hay demasiada caligrafía’”.NICK SEAVER, PROFESOR DE ANTROPOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE TUFTS

Cada momento que pasan con sus padres también lo pasan con la necesidad de sus padres de estar constantemente conectados. Es la primera generación en ser tan afectada —de 14 a 21 años— la que Turkle describe detalladamente en su libro más reciente: Reclaiming Conversation (Recuperar la conversación).

“Ha crecido una generación que ha vivido una juventud muy insatisfactoria y en verdad no asocia sus móviles con ningún tipo de sofisticación, sino con una sensación de privación”, afirmó.

No obstante, Turkle es cautelosamente optimista. “Estamos comenzando a ver gente que avanza poco a poco hacia el ‘tiempo bien empleado’, Apple avanza hacia un mea culpa”, dijo. “Y la cultura misma empieza a reconocer que esto no puede continuar”.

https://www.nytimes.com/es

FIDEUÁ PARA MOZART

FIDEUÁ PARA MOZART

Dibujo: Andrea María Duse

Paellera fenicia donde se hace un sofrito de cebolla, pimiento verde, calabacín y tomate maduro, contramuslos de pollo troceados, caldo de morralla. Luego fideos gordos. Unas gambas crudas y briznas de azafrán para engalanar una cena sencilla y rica. Pero el viento de la noche, el vuelo de una lechuza traviesa que viene a visitarnos y el vino de nuestras copas es reserva de príncipes porque hoy el tiempo es sólo nuestro y pasa tan despacio como la Vía Láctea hacia el confín del Cosmos.

Volver a lo cercano, a lo que se esconde entre el bosque da la memoria y el río de la infancia. Volver a la cultura de lo que destilaron miles de días en miles de fuegos distintos hasta cuajar el guiso en nuestra casa, en manos antiguas y ahora en mis dedos de cocinero olvidadizo. Suena una cantata de Mozart, tal vez la última que imaginó y compuso.

Fuimos nómadas, curiosos, poco tribales. La palabra “nuestro”, “aquí”, “cercano”… no nombra territorios, ni patrias, ni regreso. Somos del ancho mundo aunque a veces, sentados en las arenas caliente de ese río o rozando con los dedos las hojas de los castaños y oliendo el rocío de octubre en los helechos algo nos estremece. Volver a lo cercano más no como refugio, ni como nicho, guarida o fortaleza. Sólo volver para soñar un rato, para saborear las castañas crudas, oler las setas, pisar la sombra de las hojas a punto de caer. Pero nunca volver para quedarse sino para partir de nuevo, cada vez más lejos.

A falta de arroz bomba utilicé los fideos. Me gustaría haber añadido el lujo de unas almejas y unas judías tiernas pero quería salir pronto de la cocina a sentarme contigo y sentir que también hoy es verano aunque diga el calendario que desde ayer ya estamos en Octubre. ¿volviste ya de tu viaje?.

Tal vez no me escuchas, no te crees que los nómadas caminan sólos y sólos gustan de sonreír ante un sabor recordado, el sonido de una voz, el ruido de tanta gente que se siente segura en sus ciudades, tal lejos hoy. Sólo, pero no solitario, porque el nómada gusta de compartir caldero con otros caminantes y dormir abrazado a quién ama y dejar que el silencio y los ojos tan cerca nombren el tiempo sabroso y deseado. El nómada no odia, ni olvida, ni abandona pero tampoco atesora, ni toma, ni arranca para guardar. Al nómada le gusta contar historias, se embriaga con la música y da a las palabras el valor que en otras islas tienen las perlas y los collares de cuentas de vidrio rojo.

Fideuá en paellera fenicia bajo lo lengua de estrellas de un rabo de galaxia y el vuelo curioso de un lechuza. Me gusta la soledad, el silencio, la lentitud, los ríos en abril, el primer sol cálido de marzo, la última nieve espesa de febrero, la semblanza que hace de Mozart un escritor nómada llamado Mauricio Wiesenthal. Mozart, el más grande, sin embargo fue despreciado, ninguneado, pagado pobremente, engañado, perdido, agotado. Mozart, ¿puedes imaginarlo?,el genio que casi nadie valoraba, enterrado en una fosa común en el féretro más barato. Pocos años después limpiaron esa fosa y no quedó ningún lugar al que llevar unas rosas, ¿puedes creerlo?.

Comemos la fideuá y suena la cantata masónica “elogio de la amistad” a coro con la lechuza, la música de las estrellas, el silencio de esta noche, la brisa por fin fría y el sabor del vino joven que enredará nuestros los sueños. Seguro que a Mozart le gustaría una noche así, una cena así.

http://gastropitecus-gloton.blogspot.com

La ch: el dígrafo más chingón del español mexicano

Palabras como chilango, chulo, chido y apapacho son ejemplos de la expresividad de los hablantes mexicanos

Ilustración: Alfredo García Ortiz, EL PAÍS.
Ilustración: Alfredo García Ortiz, EL PAÍS.

¡Qué chido es el español de México! Dígrafos como la ch, una doble grafía compuesta por la letra ce y hache componen un sonido único y sumamente expresivo. La ch se define técnicamente como un sonido africado palatal sordo que se produce cuando, primero, la lengua se cierra contra los dientes y, después, en milésimas de segundo, se deja salir el aire.

“Este sonido tiene su origen en el latín, pero en el español de México se reforzó con palabras provenientes de lenguas indígenas”, explica a Verne Concepción Company, filóloga emérita de la UNAM y miembro de El Colegio Nacional.

Este fonema es único en todo el sistema español y está cargado de expresividad. Así podemos decir que algo es muy chido cuando algo es muy bueno o calificar una reunión de chingona cuando hemos pasado varias horas de diversión y nada mejor para consentir a alguien que un apapacho.  

La ch: el dígrafo más chingón del español mexicano
La ch: el dígrafo más chingón del español mexicano

“El español de México tiene esa explotación expresiva a niveles muy especiales como ‘chale’, ‘chole’ y chido’”, señala Company. “Es un sonido que está inserto en palabras que refieren afecto”. Así podemos usar la palabra chavo para referirnos a un joven o podemos bebernos una chela en un día caluroso.

La ch: el dígrafo más chingón del español mexicano

Pero la expresividad de la ch no se limita al afecto, sino que se usa para referir a sorpresa o incluso antipatía. Es muy común que un chilango (gentilicio usado para los capitalinos) grite ¡chale! cuando algo no ha salido como esperaba y use el adjetivo pinche cuando algo le desagrada. “El aislamiento de la ch le permite una explotación muy expresiva”, refiere Company.

Este dígrafo fue considerado como la cuarta letra del alfabeto, junto con la doble ele, pero fue retirado en 2010, reduciéndose así a veintisiete letras. “El español se asimila con ello al resto de las lenguas de escritura alfabética, en las que solo se consideran letras del abecedario los signos simples, aunque en todas ellas existen combinaciones de grafemas para representar algunos de sus fonemas”, explica la Real Academia de la Lengua.

Que se le haya quitado su carácter de letra puede resultar un poco chafa (de mal gusto), pero su importancia en el español de México sigue siendo innegable. “Se trata de acuerdos de lexicografía generales para la globalización de la lengua y para economizar en los diccionarios”, dice la filóloga.

Las lenguas indígenas mexicanas han enriquecido el vocabulario con palabras que incluyen el dígrafo ch. Porque si te cae el chahuiztle (una mala situación) puede que estés en problemas, sobre todo si te acompaña un chilpayate (un niño).

Uno de los mejores homenajes a la ch, dice Company, es la canción Chilanga Banda, compuesta por Jaime López y popularizada por el grupo Café Tacvba. “No hay mejor homenaje y además, es muy de la capital, muy chilanga”, dice Company. “Pachucos, cholos y chundos, chichinflas y malafachas. Acá los chómpiras rifan y bailan tibiri tabara”, dice la canción.

https://verne.elpais.com

100 PREGUNTAS PARA CONOCERTE A TI MISMO

Emprende el camino del autoconocimiento con esta serie de cuestionamientos…

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“Conócete a ti mismo”. Con la sobriedad que le fue atribuida al dios del metro y la belleza, esta inscripción recibía a los peregrinos en su llegada al templo de Apolo en Delfos. Más allá de la religión y el ritual, la sentencia era muestra de una postura frente a la vida característica de la Grecia antigua, una que, probablemente, a través de una combinación de circunstancias ahora insondables haya arribado desde la India de los Vedas —de donde se tiene noticia que hace aproximadamente 3 mil años, ciertos sabios experimentaron la necesidad de observar su propia mente con el propósito simple de hacer lo mismo que los sacerdotes de Apolo aconsejaron a sus consultantes: conocerse a sí mismos.

Los nombres y los rostros cambian, pero la exploración del ser ha sido una de las actividades decisivas del hombre. Esa cualidad que llamamos conciencia nos llevó, acaso sin quererlo, a la necesidad de comprender nuestra propia vida. Hasta cierto punto, al ser humano no le basta con simplemente vivir, también tiene que entender por qué y para qué vive. Y si bien, a lo largo de la historia numerosas tradiciones, corrientes de pensamiento, sistemas filosóficos y disciplinas científicas han pretendido ofrecerle una respuesta a esas preguntas, lo cierto es que cada persona debe recorrer ese camino por sí misma; cada quien debe elaborar tanto la pregunta como la respuesta para dotar a ambas de su propia esencia, de esa sustancia vital que surge de sus experiencias, sus palabras, su manera de ser y estar en el mundo.

A continuación, una serie de preguntas que buscan inspirar esta búsqueda del ser humano dentro de sí mismo. No se trata de una prueba que aspire a contestarse en una sola sesión ni que tenga respuestas correctas, precisas o terminantes; su propósito es incitar a la reflexión y al descubrimiento de sí, tareas que por definición requieren tiempo, disciplina y disposición. El autoconocimiento siempre encontrará, después de todo, su recompensa, pues una persona que se conoce a sí misma usualmente es capaz de tomar mejores decisiones para su bienestar en un sentido amplio, pues ha encontrado la dirección y los medios para conducir su vida al puerto que desea.

 

¿Cómo calificas tu estado de salud actual?

A excepción de alguna enfermedad hereditaria, ¿con qué frecuencia te enfermas?

¿Cuántas veces al año en promedio acudes a un médico?

¿Has tenido fracturas o lesiones serias de otro tipo que hayan afectado tu cotidianidad o que incluso te hayan inmovilizado? ¿Cuándo fue la última vez que pasaste por una situación de este tipo?

¿Acostumbras tomar medicamentos sin prescripción de por medio? ¿Analgésicos, antiácidos, etcétera?

¿Cuántas horas al día pasas sentado?

¿Realizas habitualmente alguna actividad física?

¿Consideras que tienes un estilo de vida saludable?

Si tu respuesta es no, ¿te gustaría? ¿Por qué no lo has hecho hasta ahora?

¿En qué piensas cuando piensas en tu cuerpo?

¿Tienes un trabajo estable?

¿Qué tan satisfecho te consideras en tu trabajo?

¿Cuál ha sido hasta ahora el tiempo promedio que has estado en un trabajo?

¿Qué tan satisfactorio consideras tu desarrollo profesional?

Más allá del ámbito laboral, ¿estás consciente de las habilidades, talentos, conocimientos, etc. que posees?

Además de tu trabajo formal, ¿realizas alguna otra actividad donde emplees tus habilidades, tus conocimientos, etc.?

Si es así, ¿esa actividad tienen algún tipo de reconocimiento social? ¿Te genera algún ingreso económico extra, es reconocida en tu comunidad, etc.?

¿Hay algún proyecto de tipo profesional que siempre has querido emprender pero hasta la fecha no has podido hacerlo?

¿Qué motivos crees que lo han impedido?

¿Manejas tus ingresos económicos en función de un presupuesto?

¿Distribuyes tus ingresos en función de tus prioridades personales?

¿Estás consciente de cómo empleas tu dinero?

¿Tienes dinero ahorrado?

¿Qué pasa contigo cuando te dan “ganas” de hacer algo? ¿Lo haces? ¿Lo niegas? ¿Lo postergas?

¿Qué pasa cuando esas “ganas” de hacer algo entran en conflicto con otro propósito que te habías planteado? Por ejemplo: este año te propusiste hacer un viaje con el que siempre has soñado, pero es posible que eso implique gastar menos cuando sales con tus amigos, preparar tu comida en casa o buscar otras fuentes de ingresos económicos, ¿puedes hacer fácilmente lo que implica cumplir con ese propósito futuro?

¿Qué tan fácil o difícil es para ti proponer algo? En tu trabajo, en tu vida personal, con tus amigos, con tu pareja, para ti mismo incluso.

¿Qué tan fácil o difícil consideras que es para ti cumplir con un propósito que te planteaste?

¿Cuál es tu reacción cuando algo imprevisto sucede? ¿Te molestas? ¿Te adaptas rápidamente? ¿Te desconciertas? ¿Te paralizas?

¿Acostumbras procrastinar?

¿Qué haces para procrastinar? ¿Ves series de televisión? ¿Revisas tus redes sociales? ¿Tomas una siesta? ¿Limpias u ordenas el espacio donde te encuentras? ¿Te mensajeas con algún amigo? ¿Navegas en Internet? ¿Juegas algún videojuego?

¿Has perdido la noción del tiempo en alguna de esas actividades?

¿Alguna vez procrastinar ha provocado que llegues tarde a una cita, que no entregues una tarea a tiempo, etc.?

¿En qué situaciones es más probable que procrastines?

¿Cómo describías tu relación con la comida?

¿Tienes y respetas horarios fijos para comer?

¿Acostumbras comer algo fuera de esos horarios?

¿Comes hasta sentirte satisfecho? ¿Comes hasta sentirte un poco menos que satisfecho? ¿Comes más allá de sentirte satisfecho?

¿Eres capaz de pasar hambre? ¿Te molesta sentir hambre?

¿Sabes en qué consiste una dieta balanceada?

¿Tienes medios para saber qué es una dieta balanceada?

¿Tienes medios para llevar una dieta balanceada?

¿Llevas una dieta balanceada?

¿Consideras que sostienes algún hábito adictivo? ¿Fumas? ¿Bebes alcohol? ¿Con qué frecuencia?

¿Hay situaciones en específico en las que sientes necesidad de fumar, beber o consumir otra sustancia que altera tu consciencia?

¿Te consideras una persona sociable?

¿Qué tan fácil o difícil es para ti entablar una relación con otras personas?

¿Qué tan bien te llevas con tus compañeros de escuela o de trabajo?

A excepción de tus familiares, ¿cuál es la persona que tienes más años de conocer y que aún frecuentas?

¿Te sientes querido por tus amigos?

Si una persona, espontáneamente, te hace una muestra sincera de cariño, reconocimiento, agradecimiento, etc., ¿cuál es tu reacción más probable?

Si en una situación social pasa algo desagradable que te afecta directamente, ¿cuál crees que sería tu reacción más probable?

¿Te consideras una persona madura emocionalmente?

¿Actualmente tienes una relación pareja?

¿Cuánto tiempo tienes en esa relación?

¿Qué tan satisfecho estás en esa relación?

Si se trata de una relación de más de un año, ¿consideras que esa relación ha cambiado con el tiempo positivamente?

¿Tú y tu pareja han hecho planes juntos? ¿Esos planes se han cumplido? ¿Qué tipo de planes hacia el futuro has hecho con tu pareja?

¿Consideras satisfactoria la actividad sexual con tu pareja?

¿Qué ha ocurrido cuando tú y tu pareja han tenido un conflicto? ¿Cómo lo resuelven?

¿Qué tan sincera consideras la comunicación entre tú y tu pareja?

¿Qué te molesta de tu pareja? ¿Se lo has hecho saber? ¿Se trata de algo que te provoque malestar?

¿Estás consciente de las cualidades tuyas que afectan el desarrollo de la relación de pareja? ¿Has hecho algo al respecto de esas cualidades?

¿Has notado algún tipo de patrón en tu relación que la conduce hacia situaciones de malestar?

¿Qué dice de ti la manera en que has terminado tus relaciones anteriores?

Si no tienes una relación de pareja, ¿desearías una en este momento?

Si tu respuesta es sí, ¿qué sientes que te ha impedido comenzar una nueva relación?

Si tu respuesta es no, ¿por que no quieres una relación?

Cuando te das cuenta de que una persona te gusta, ¿qué tan fácil o difícil es para ti establecer contacto con esa persona? ¿La buscas o esperas que te busque?

Si esa persona no está interesada en ti, ¿cuál es tu reacción al respecto?

¿Qué esperas de una pareja? ¿Qué piensas que puedes dar a cambio?

¿Qué recuerdos tienes de la relación de pareja de tus padres?

¿Encuentras algún vínculo entre esos recuerdos y la elección que has hecho a lo largo de tu vida de las personas por las que has sentido algún tipo de atracción?

¿Cómo completarías estas frases?

Mi relación con los hombres es…

Mi relación con las mujeres es…

¿Qué te hace pensar las respuestas que diste?

¿Cómo consideras tu vida sexual? ¿Qué te hace pensar y sentir esa respuesta?

En tu infancia, ¿qué lugar ocupabas en tu familia? ¿Fuiste hijo único, primogénito, el menor?

En función de ese lugar, ¿sientes que recibiste alguna definición o tarea específica? Por ejemplo, ¿el responsable, el encargado de cuidar a tus hermanos, quien podía hacer lo que quisiera, etc.?

¿Qué implicaciones crees que ese lugar y esas tareas en tuvieron en tu desarrollo personal?

¿Reconoces algún patrón en tu vida posterior derivado de esas experiencias? ¿Con tus amigos, con tu pareja o en tu medio profesional? Por ejemplo: ¿a veces te comportas como el hijo mayor, o inconscientemente esperas ser tratado como el hijo menor?

¿Cómo es tu relación actual con tus padres?

Si tienes hermanos, ¿cómo es tu relación con ellos?

¿Guardas algún tipo de resentimiento contra tus padres? ¿Con tus hermanos?

¿Conservas algún sentimiento de culpa en alguna de estas relaciones?

¿Eres capaz de ver a tus padres como personas, como seres humanos, y no sólo como padres?

 

Imagen: Autorretrato con girasol, Anton van Dyck (dominio público).

http://www.faena.com/aleph/es/articles

Adelanto: Estación adversa [Vicente Oyarzún]

Adelanto: Estación adversa [Vicente Oyarzún]

Próximo a publicarse bajo el sello Nadar Ediciones, hoy compartimos un adelanto de Estación adversa, primer libro del joven poeta Vicente Oyarzún. En las imágenes urbanas que pueblan estos poemas, el objetivismo cede el paso a un merodeo en torno a aquello residual que circunscribe a las cosas, la materia que desprende la experiencia del mundo y que podemos llamar pero no llamaremos «lenguaje».

SÍNTOMAS DE LA DESHIDRATACIÓN

Como lagartijas que ofrecen su lomo al sol
subimos una calle empinada,
la conversación se interrumpe
según el ritmo constante de la respiración.

La tinta azul se extiende hasta la orilla
de una playa no apta para el baño,
donde las miradas de desconocidos
se concentran en un mismo punto
y luego ascienden, todas al unísono,
como burbujas hacia la superficie
de un vaso de agua mineral.

La espuma de ese oleaje sucio nos absuelve.
No así la tarde, que es un sedante o licor suave
derramado sobre los techos de las barcazas
zarpando impuntuales hacia otros puertos.

El amor toma la forma de peces
que nadan a contracorriente por nuestras venas,
o por una parte del cuerpo que nos falta,
un miembro amputado que se regenera
con una lentitud exasperante.

Para variar, algo se nos queda
en el lugar donde transcurre esta ficción
y volveremos con las manos vacías.

Imposible permanecer aquí más tiempo.
Este lento espectáculo
de letreros que empiezan a encenderse
es nuestro funeral.
Un lenguaje de miradas que nunca se cruzan,
nuestro karma.

ESTACIÓN ADVERSA

Todos estos kilómetros baldíos nos sobrepasan,
como esa falsa libertad
latente en el horizonte quebradizo.
Nos sobrepasa tanto espacio, tanto oxígeno,
aunque solo bajamos a estirar las piernas
un rato e intercambiar trivialidades.

Por un segundo, se aburre de nosotros,
nos deja en paz, el viento de la pampa
entre la vegetación castigada.
Son esos momentos los que sobreviven
a la edición del recuerdo
que los mezcla con un sol casi inexistente.

El movimiento en cámara lenta
de los guanacos de petróleo,
ruega por una interrupción,
y la suerte está de su lado.
La mugre y el rencor, del nuestro,
pero también el crepúsculo
que se posa en un alambre de púas.

Sobre el techo del bus apenas brilla venus
y se apaga como la brasa del cigarrillo
de los recién separados.
Aún no ha llegado su momento,
tampoco el de nosotros
ni el de nadie que quepa en este cuadro.

ARTESANÍA

Caída de los paños en cámara lenta
sobre las veredas aún frías,
retazos de tela comprados
por vendedores ambulantes en calle Rosas.

Primer café bajo la luz matutina,
carne, fruta, ropa americana,
en los puestos dispuestos al azar
de una mañana de domingo.

Más tarde, el tarot de Marsella
arriba de una caja, te sitúa en el mundo,
miente buenos augurios
a cambio de un aporte voluntario
y la deuda de un favor en un futuro improbable.

No parece un precio tan alto
aunque lo mejor sería no deberle nada a nadie
¿Pero se puede pedir algo más
que salir de esta constante repetición
de los ciclos que ahora te impulsan
a la lectura de las cartas?

Señor, ten piedad de los que hacen
pequeños cambios de actitud
porque lo recomendaba el tarot
o el horóscopo.

La brisa del noreste se queda sin ideas,
mientras piensas una última pregunta
que se pueda responder con un sí o un no.

BAJA VELOCIDAD DE OBTURACIÓN

Esa luz de la que te hablo,
dirección y velocidad a la que se propaga,
reflexión de los primeros haces
sobre las torres de Tajamar.
El contraste de los edificios en el firmamento
como barras que miden
las vibraciones de una canción en pause.

Abajo, las parejas caminan con prisa
y se aman. Es bueno observarlas
desde tan lejos, sin saber de dónde vienen
ni qué hacen en la calle a estas horas
y que eso no importe, porque de alguna forma
aprueban con su presencia los desvelos
y las blancas construcciones

del sueño, por ejemplo: un resplandor
en la vista de alguien que cruza a mitad de cuadra,
las luces altas de un auto que encandilan,
la frenada en seco, la breve carrera
para llegar a salvo al otro lado
(ese lapso entre la tensión en el tímpano
y la reacción del cerebro,
que basta para hacerse una idea de la muerte).

Así como un dedo índice señala un punto
y equivoca la distancia en ojos de otro,
un silbido llega hasta nuestra altura
con un mensaje diferente.
La melodía se entrelaza, interfiere
con el barullo nocturno y estas últimas vistas
no tan lejanas, recoge la soledad
del que patea una cajetilla de cigarros
para ver si quedó alguno.

Podemos interrumpir el rumor de la vigilia,
insomnio creativo en el desorden del departamento;
apuntar esa línea brillante que divide el tiempo,
que de a poco se lleva el frío
y sigue ahí detrás de los párpados:
mañana en la mañana,
la oscuridad se disipa, nos deja mudos.

 


fotoVICENTE OYARZÚN (Punta Arenas, 1992). Poeta. Estudia Licenciatura en Lingüística y Literatura Inglesas en la Universidad de Chile. En 2016 fue becario de la Fundación Pablo Neruda. Publicó la plaquette El neón de la mañana (Hojas Rudas, 2017). Estación adversa es su primer libro.

 

 

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