Forges

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Conducta impropia

A lo largo de muchos siglos, las mujeres han sido víctimas por el simple hecho de ser mujeres. Por fin las cosas comienzan a cambiar

Conducta impropia
FERNANDO VICENTE

Desde que llegué a Estados Unidos hace una semana veo en los diarios y los programas de noticias en la televisión usar el delicado eufemismo “conducta impropia” para los abusos sexuales de todo orden cometidos por productores, artistas, políticos, a quienes el testimonio de sus víctimas está llevando a la ruina económica, el desprestigio social y podría incluso sepultar en la cárcel.

Parecida desventura ha vivido el actor Kevin Spacey, el malvado presidente de House of Cards -Frank Underwood- y exdirector del Old Vic de Londres, que acosaba y manoseaba a los muchachos que se ponían a su alcance. Más de diez denuncias de actores o colaboradores de sus montajes teatrales, a quienes abusó, lo han puesto en la picota. Netflix ha cancelado aquella exitosa serie, lo han expulsado de sindicatos y colegios profesionales, le han retirado premios, anulado contratos y se cierne sobre su cabeza una lluvia de denuncias judiciales que podrían arruinarlo económicamente. Él también, como Weinstein, está ahora en aquella clínica escocesa que sosiega las libidos desorbitadas. Otros actores famosos, como Dustin Hoffman, asoman en estos días entre los famosos de “conducta impropia”.

 Un interesante debate ha surgido con motivo de estas denuncias y revelaciones auspiciadas por muchas asociaciones feministas y defensoras de derechos humanos. ¿La celebridad es atenuante o agravante de la falta cometida? Se cita el caso de Roman Polanski, el gran director de cine polaco que, hace varias decenas de años, drogó y violó a una niña de trece años en una casa de Hollywood –que le prestó otro famoso actor, Jack Nicholson-, a la que había citado allí con el pretexto de fotografiarla para una película. Descubierto, huyó a Francia –que no tiene acuerdo de extradición con los Estados Unidos-, donde ha proseguido una muy exitosa carrera de director de cine, coronada por muchos premios y celebrada por los críticos, muchos de los cuales censuran a la justicia norteamericana por perseguir con su vindicta, después de años, a tan celebérrimo creador.

Yo, por mi parte, creo que no hay que mezclar el agua con el aceite y que uno puede aplaudir y gozar de las buenas películas del cineasta polaco y desear al mismo tiempo que la justicia de Estados Unidos persiga al prófugo que, además de cometer un delito horrendo como fue drogar y violar a una niña abusando del prestigio y poder que le había ganado su talento, huyó cobardemente de su responsabilidad, como si hacer buenas películas le concediera un estatuto especial y le permitiera los desafueros por los que se sanciona a todos los demás, esos seres anónimos sin cara y sin gloria que es el resto de la humanidad. Se puede ser un gran creador, como Louis-Ferdinand Céline o como el marqués de Sade, o como el propio Polanski, y una inmundicia humana que atropella y maltrata al prójimo creyendo que su talento lo exonera de respetar las leyes y la conducta que se exige a la “gente del común”. Pero también es verdad que, a veces, el ser muy conocido y figurar mucho en la prensa, despierta un curioso rencor, un resentimiento envidioso que puede llevar a ciertos jueces o policías a encarnizarse particularmente contra aquellos a los que, pillados en falta, se puede humillar y castigar con más dureza que al común de los mortales.

Por eso mismo, el talento y/o la celebridad, que, no está demás recordarlo, no van siempre juntas, debería exigir una prudencia mucho mayor en la conducta de aquellos que, con justicia o sin ella, merecen o simplemente han logrado ser ensalzados y admirados por la opinión pública. Es un asunto delicado y difícil porque la popularidad ciega muy rápidamente a aquellos a quienes favorece –la vanidad humana, ya sabemos, no tiene límites- y les hace creer que de este privilegio se derivan también otros, como una moral y unas leyes que no le conciernen ni deben aplicársele del mismo modo que a esa colectividad anónima, hecha de bultos más que de seres humanos específicos, que los admira y quiere y debería por lo tanto perdonarles los excesos. La verdad es que ocurre lo contrario. Esos seres semidivinos, adorados ayer, mañana están por las patas de los caballos y la gente los desprecia con el mismo apasionamiento con que la víspera los envidiaba y adoraba.

Hace unas pocas horas escuché, en la televisión, a una señora que hace cuarenta años, cuando tenía l4 años, era camarera en un pueblecito de Alabama. Un cliente, que era juez y tenía 34 años –se llama Roy Moore-, se ofreció a llevarla a su casa en su auto. Ella aceptó. En el vehículo, el amable caballero se volvió una bestia, cogió la mano de la niña y la obligó a masturbarlo, explicándole que, si se atrevía luego a protestar y a denunciarlo, nadie le creería, precisamente porque él era un juez y un ciudadano muy respetado en la localidad. La jovencita nunca se atrevió a contar aquella historia, hasta ahora; pero no la olvidó y, decía sin atreverse a levantar los ojos, ella había sido como un gusano que día y noche había vivido con ella royéndole la vida. Ahora, aquel juez es nada menos que el candidato a senador por el Partido Republicano en Alabama y por lo menos cinco mujeres han salido a la televisión a recordar abusos parecidos que padecieron en su juventud o niñez de aquel desaforado juez. Por lo menos en este caso parece que aquellos delitos no quedarán impunes. El propio Partido Republicano le ha pedido al exjuez que renuncie a su candidatura y, si no lo hace, las encuestas pronostican que perdería la elección.

A lo largo de muchos siglos, las mujeres, prácticamente en todas las culturas, han sido víctimas por el simple hecho de ser mujeres, un sexo que, en algunos casos, por cuestiones religiosas, y, en otros, por su debilidad física frente al hombre, eran las víctimas naturales de la discriminación, la marginación y la “conducta impropia” de los hombres, sobre todo en materia sexual. Por fin las cosas comienzan a cambiar, sobre todo en el mundo occidental, aunque en muchas partes de él, como América Latina, la condición de la mujer siga siendo todavía, por el machismo reinante, muy inferior a la del hombre. En otros mundos, por ejemplo en el musulmán o el africano más primitivo, las mujeres siguen siendo ciudadanos de segunda clase, objetos u animales más que seres humanos, a los que se puede encerrar en un harén o someter a mutilaciones rituales para garantizar que tendrán una conducta sexual “apropiada”. Un horror que tarda siglos de siglos en desaparecer.

Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2017.

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Por estas caricaturas de Franco fueron fusilados el director y el dibujante de una revista satírica valenciana

Iñaki Berazaluce

Franco compartiendo yacija con un soldado moro de su batallón africano, Franco travestido, Franco convertido en un trasunto ridículo de Hitler, con su espadón sobre España… Son algunas de las caricaturas que publicó la revista satírica ‘La traca’ durante su triunfal etapa final, durante la Segunda República y la Guerra Civil, cuando llegó a vender medio millón de ejemplares gracias a un humor afilado, anticlerical y claramente alineado con el bando republicano, a la postre derrotado por el fascismo golpista.

El franquismo -que derrotó a los últimos reductos de la resistencia en Valencia, sede de la redacción de ‘La Traca’- nunca perdonó al director Vicent Miguel Carceller y a su dibujante Carlos Gómez Carrera, conocido como ‘Bluff’, las afrentas realizadas desde las páginas de la revista. La revista fue cerrada y ambos periodistas condenados a muerte. La sentencia dictada por un tribunal militar habla por sí sola sobre la naturaleza del régimen que llegaba:

“RESULTANDO: que Don Vicente Miguel Carceller, de 50 años, al iniciarse el Glorioso Alzamiento Nacional era propietario del semanario La Traca, cuya dirección ejercía de manera encubierta […] Que el citado semanario se dedicaba de la manera más baja, soez y grosera a insultar a las más altas personalidades representativas de la España Nacional, de la dignidad de la Iglesia y los principios informantes del Glorioso Movimiento Salvador de Nuestra Patria… FALLAMOS: que debemos condenar y condenamos a la PENA DE MUERTE a los procesados VICENTE MIGUEL CARCELLER y CARLOS GÓMEZ CARRERA, como autores del calificado delito de adhesión a la rebelión militar, con las circunstancias agravantes expuestas.”

La sentencia del Consejo de Guerra fue dictada el 10 de junio de 1940 y los dos condenados fueron fusilados poco después en Paterna, según leemos en Valencia Plaza.

La memoria de Carceller y de Bluff fue recuperada por la exposición La transgresión como norma), que se celebró el año pasado en Valencia, comisariada por los profesores universitarios Antonio Laguna y Francesc-Andreu Martínez. En aquella muestra se exhibieron las páginas de las apenas 200 revistas rescatadas de la histórica publicación, cuyo recuerdo fue cercenado con el pesado manto de silencio de los 40 años de franquismo.

“Se fusiló la risa valenciana”

‘La traca’ fue la única revista que se atrevió a caricaturizar a Franco, algo que jamás perdonó el sátrapa, cuyo sentido del humor era inversamente proporcional a su alto concepto de sí mismo. El autoerigido “generalísimo” ordenó destruir todos los ejemplares “por aquello de eliminar todo recuerdo del pasado, porque la memoria es muy débil. No lo consiguieron: sobrevivieron algunos del coleccionista Rafael Solaz, la Biblioteca Valenciana, del Archivo Militar y de las Hemerotecas Municipales de Valencia y Madrid”.

 

Con información y fotos de Valencia Plaza La Vanguardia. Más información sobre ‘La traca’ en Wikipedia.

http://blogs.publico.es/strambotic

AC DC Guitars game between Malcolm and Angus Young

Ching 38 Kuei: La Contraposición

El Fuego

El Lago

 

¿Por qué afanarnos

en nuestros intentos de armonizar

entidades del mundo

que no guardan relación entre sí?

Cuando una creación no calza con otra,

aquella tampoco calzará con ésta.

El agua corre sobre la tierra,

baña las piedras,

humedece la arena,

baja por las rendijas

y así llegue al último peldaño

del olvido, del fuego o del inicio,

seguirá siendo agua en concierto

con los otros elementos.

La armonía está en el roce

de las cosas creadas

y en el lúdico retozo

entre las partes.

No podemos aspirar

a que el agua encarne

las virtudes del fuego

o que el fuego asuma

las virtudes del agua.

Pero, cuando por levante asoma,

tras el tul, la sonrisa de Selene

y, en la postrera semblanza del sol,

por poniente se despide

el llanto vivo de las rosas,

toda contraposición erige residencia.

http://letrascontraletras.blogspot.mx/

BOLIGÁN: MAL FIN

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Boligán

Obreros jodiendo en la facultad

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Los obreros reciben órdenes. Los obreros no saben que son clase obrera. Es como si un pulpo supiera que es un molusco cefalópodo: eso lo sabe el zoólogo, no el pulpo. Los obreros tienen que quitar el cajero automático, empotrado en la pared de la fachada, y cambiarlo por otro más moderno, más seguro, mejor anclado al suelo. Para retirar el antiguo trasto -bastante más feo que un piano- los obreros usan un martillo pneumático. La pared es de hormigón, con hierros de encofrado que tienen que cortarse con una radial. El cajero está en el edificio de la universidad. No llevan cinco minutos con ese arma de demolición sonora cuando llega un administrativo de la facultad: una profesora se queja. Deben parar inmediatamente. El ruido molesta, así no se puede dar clase. No sólo es el ruido, son las vibraciones. Así no se puede comentar la égloga de Garcilaso, el poeta muerto de una pedrada. ¿Qué van a hacer los obreros? Dejar la máquina infernal, esperar a que termine la actividad docente, pasadas las ocho de la tarde. Volverán a esa hora, para continuar la demolición y el trabajo que queda pendiente. No terminarán antes de las doce de la noche. Por ruidosos. Por brutos. Por tener las manos gruesas y ásperas.
       Y tú, que no eres ni obrero ni profesor universitario, ¿de quién estás más cerca? De los obreros. Quizá eres ese obrero que lee y hace preguntas en el poema de Brecht. Hofmannsthal dice: “algunos, es obvio, tienen que morir abajo, donde los pesados remos de las naves rozan. Otros habitan junto al timón arriba, conocen el vuelo de las aves y las regiones de las estrellas”
http://selvadevariaopinion.blogspot.mx/

Pinturas de Philippe Van Bellinghen

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Los efectos de un mundial de fútbol sin Italia

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ROMA — Italia ha sufrido muchas tragedias en los últimos sesenta años. Han colapsado decenas de gobiernos; los sismos y los terroristas han sacudido a las ciudades; los franceses empezaron a añadir crema a la carbonara.

Sin embargo, el fracaso que vivió la selección nacional el lunes por la noche al no calificar al mundial por primera vez desde 1958 parece estar ganando un sitio entre los grandes desastres italianos.

“Vergüenza nacional”, se lamentaba Il Messaggero en el encabezado de la primera plana.

“Apocalipsis”, se leía en la primera plana de La Stampa.

“Una pifia histórica”, castigó el Corriere Della Sera. “Adiós, Copa del Mundo”.

Italia, una nación amante del fútbol y que ha ganado cuatro campeonatos mundiales, ya había perdido el partido de ida en contra de Suecia y necesitaba más que el empate a ceros del lunes en la vuelta para calificar al torneo más importante de selecciones nacionales de fútbol, el cual se realizará en Rusia en 2018.

Italia quedó eliminada de la más reciente Copa del Mundo en la primera ronda, un revés que ya había provocado ansiedad respecto al futuro del fútbol italiano. No obstante, para un país que tiene al juego en un lugar tan central de su identidad nacional, la humillación del lunes por la noche provocó una crisis existencial.

 
Aficionados de Italia observan el partido en Milán. Italia no irá al mundial por primera vez en sesenta años.CreditPiero Cruciatti/Agence France-Presse — Getty Images

Comentaristas de cultura señalaron que el resultado en el estadio San Siro de Milán reflejó el fracaso de la sociedad italiana para avanzar a la modernidad. Fue el producto de la podredumbre y la corrupción en la Federación Italiana de Fútbol, condenaron. Algunos políticos culparon a la inmigración.

Para ilustrar el dolor de la nación, la mayoría de las primeras planas utilizaron la expresión de angustia del arquero Gianluigi Buffon, de 39 años, quien volteó a ver al cielo acongojado cuando sonó el pitido final. El legendario guardavalla, quien tuvo un papel fundamental en la obtención de la Copa del Mundo para Italia en 2006, se retiró de la selección nacional después del encuentro, su aparición número 175 en veinte años.

“El tiempo pasa y es un tirano, pero así son las cosas”, comentó después del juego mientras intentaba contener las lágrimas.

En una entrevista subsecuente con la televisora estatal italiana, RAI, el capitán de la Juventus afirmó que no había querido llorar en frente de los niños italianos que estaban viendo el juego en casa porque quería que soñaran con jugar en la selección nacional.

“Lo lamento”, para después agregar, “les fallamos en algo que también tiene implicaciones a nivel social”.

El entrenador de Italia, Gian Piero Ventura, fue destituido tras el fracaso; el próximo director técnico podría ser Carlo Ancelotti.

Mientras los sitios web italianos se desbordaron con chistes de suecos inspirados en Ikea, entre ellos el instructivo paso por paso para que los italianos marcaran un “göl”, algunos políticos intentaron explotar la frustración.

 
La prensa italiana del martes reflejó la consternación por la eliminación de la selección nacional.CreditBeatrice Larco/Associated Press

“Demasiados extranjeros en el campo”, escribió en Twitter Matteo Salvini, el líder del partido antiinmigrantes, Liga Norte. “#AltoALaInvasión y más espacio para los italianos, también en el campo de juego”.

Los analistas financieros proyectaron una pérdida de ganancias de 100 millones de euros (116 millones de dólares) para la selección nacional, a causa del fracaso que significa no calificar al Mundial.

“Esta derrota traerá consecuencias económicas”, comentó Elisa Simoni, integrante de la izquierda del parlamento, al canal de noticias Sky TG24.

Otras personas sugirieron que la victoria de Italia en la Copa del Mundo de 2006 había contribuido al alza del empleo y del producto interno bruto del país.

En estos momentos, esos días parecen muy lejanos.

En un video, Alessandro Vocalelli, el editor de Corriere dello Sport, señaló que el fracaso crearía una nueva descripción para la humillación nacional: “Fue ‘un Suecia’”. No calificar, agregó, fue “una vergüenza nacional sin precedentes”.

En una declaración característica del día, añadió que “generaciones enteras nunca habían vivido esta experiencia trágica”.

La televisión italiana ofreció cobertura total de la debacle: envió reporteros a Bari, Milán, Palermo, Roma y otros lugares para medir el impacto del desastre nacional.

 
Gianluigi Buffon, el portero de Italia, al momento del silbatazo final. Buffon no asistirá a la que hubiera sido su sexta Copa del Mundo. CreditMarco Bertorello/Agence France-Presse — Getty Images

En una espiral masoquista, los canales de televisión repitieron los peores momentos del partido, incluidas muchas oportunidades falladas para Italia y a los jugadores mientras se desplomaban sobre el césped al final del encuentro. Un comentarista la llamó “la noche más triste en la historia del fútbol italiano”.

En la radio, programas que suelen dar noticias esotéricas dedicaron tiempo al fracaso de Italia. Un experto tras otro dejó claro que no solo se trató del deporte, sino de la cultura y de cómo Italia no se puede comparar con Alemania, un “país que sigue las reglas”.

También se culpó al escaso financiamiento de los equipos de fútbol en Italia y a la poca cultura de los aficionados, algunos de los cuales abuchearon el himno nacional de Suecia.

Los analistas hicieron notar que la cartera de talentos italianos, la que alguna vez fue un océano, se había reducido a un charco por la competencia con otros deportes. Maurizio Crosetti, un periodista deportivo de La Repubblica, mencionó que el desastre del fútbol era un reflejo de la crisis en la que se encuentra la sociedad italiana.

“Esto nos demuestra de forma antropológica y cultural cómo nos hemos transformado, cómo nos hemos reducido”, escribió.

El martes, el gobierno italiano anunció que la economía tuvo un mayor crecimiento este año, pero ese destello de buenas noticias fue eclipsado por el hecho de que habrá un mundial sin Italia.

Luca Lotti, el ministro de Deportes de Italia, fue uno de los que quiso ver el lado positivo.

“Necesitamos explotar esta ocasión claramente negativa y convertirla en una oportunidad para reconstruir el fútbol italiano”, les dijo a los reporteros.

https://www.nytimes.com/es

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La vi aquí: Antonova Masedosky