¡Órale!: Una palabra española que se usa en México para expresar (casi) todo

Sorpresa, aceptación y desaprobación: todo cabe en cinco letras

¡Órale!: Una palabra española que se usa en México para expresar (casi) todo

DARINKA RODRÍGUEZ 

En el español que se habla en México a veces basta una sola palabra para expresar un sinfín de cosas. Si algo te ha sorprendido: órale. Si estás de acuerdo con algo: órale. Si quieres que alguien haga algo: órale. Si necesitas que algo se apresure: órale. Si lo acompañas de otra palabra y lo dices lentamente, también puedes manifestar decepción: ah, órale.

Cinco letras se usan para expresar casi cualquier cosa. Verónica Lozada, académica del área de linguïstica de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la UNAM, explica a Verne que la palabra órale se trata de una interjección de origen español. “Es la verbalización de un sentimiento ampliamente usado en nuestro país”, dice, vía telefónica.

De acuerdo con el Corpus Diacrónico del Español de la Real Academia de la Lengua (un registro de documentos históricos de los lugares en donde se habló español hasta 1974), la primera aparición de esta interjección fue en el año de 1562. “El primer registro de la palabra la encontramos en unos anales de la corona de Aragón”, indica Lozada. ¡Órale!

Aunque parezca una expresión antigua, se siguió utilizando a lo largo de la historia de los hispanohablantes, con un 80% de apariciones en México y 20% para España. Para el caso de los hablantes de español contemporáneo, el uso se ha diversificado: 86,1% de los documentos evaluados por la RAE son de México, 11,1% son de España y 2,7% provienen de Estados Unidos, donde el español es la segunda lengua más hablada por sus habitantes.

¡Órale!: Una palabra española que se usa en México para expresar (casi) todo

Se trata de una palabra con origen español, pero que de acuerdo con la académica de la UNAM, ha adquirido nuevos significados de acuerdo al uso intensivo que le han dado los hablantes de México. Uno de los posibles orígenes que cita Lozada es la palabra ahora, que poco a poco fue usado como ora y al que se le añadió el pronombre le. “Según el lingüista Javier Moreno de Alba, se trata de una interjección neutra”, dice Lozada.

Ahora bien, ¿cómo se usa correctamente la interjección órale? Según los diccionarios de la Real Academia de la Lengua, la Academia Mexicana de la Lengua y el Diccionario del Español de México elaborado por el Colmex, hay cuatro acepciones para esta expresión: sorpresa, aceptación, exhortación e interrupción. ¡Órale!

Los memes lo explican de un modo práctico: te estoy esperando, apresúrate, vamos, ándale, de acuerdo. Y como pasa con los usos y costumbres de la lengua en México, aún falta saber qué nuevos significados le damos. ¡Órale!

¡Órale!: Una palabra española que se usa en México para expresar (casi) todo
El actor mexicano Víctor Trujillo como el personaje ‘Brozo, el payaso tenebroso’ usa la expresión ‘Órale’ como una marca personal. Foto: Cuartoscuro.

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Así funciona, según la ciencia, el efecto rebote de las dietas milagro que nos prometen adelgazar mucho en poco tiempo

Así funciona, según la ciencia, el efecto rebote de las dietas milagro que nos prometen adelgazar mucho en poco tiempo

SANTIAGO CAMPILLO

Seguro que has oído hablar en más de una ocasión de los peligros del “efecto rebote”, siempre asociado a las dietas, especialmente a las llamadas milagro. Este fenómeno ocurre cuando la pérdida de peso es rápida y desproporcionada.

La consecuencia inmediata es una recuperación repentina de peso debida a una peor gestión metabólica de la energía. La culpa la tiene, precisamente, nuestra capacidad homeostática, diseñada para protegernos y sobrevivir ante los cambios bruscos que podrían provocar un problema.

¿Qué es el efecto rebote y cómo funciona?

Si de pronto decidieras perder peso a lo bestia, probablemente lo podrías conseguir de manera relativamente sencilla (sufrida, pero sencilla). Una restricción calórica brutal, pero medida para que no suponga un problema de salud, sería una buena solución. En un mes podrías perder decenas de kilos. 15 por ejemplo.

No hablamos por hablar: esto mismo lo pudimos ver en el programa The biggest losser donde sus participantes se deshacían de cientos de kilos en un año. La edición de 2009 del programa sirvió para evaluar una cuestión más importante que la propia pérdida de peso: la salud de los participantes. Años después de terminar, se estudió la evolución de los participantes y se observó este temido efecto rebote en todo su esplendor: algunos de ellos, a pesar de llevar dietas restrictivas, habían recuperado hasta la mitad del peso perdido, o más.

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El efecto rebote es un fenómeno que ocurre tras la pérdida súbita de peso y consiste en la recuperación del mismo debido un cambio (o más bien a un problema con el cambio) metabólico. Lo que ocurre, grosso modo, es que el metabolismo basal se desploma, lo que quiere decir que, al inducir el déficit de calorías, el cuerpo comienza a gastar menos. Es una medida de defensa.

También lo hacen los niveles de leptina, que es la hormona encargada de regular la saciedad (entre otras cosas), para asegurar que la ingesta no se volvía peligrosamente baja. Estos cambios, puntualmente, no tienen problema. Pero ante una pérdida de peso drástica, producida durante varios meses, tiene consecuencias muy negativas. El problema principal, según se observó, es que si el metabolismo basal y la producción de leptina bajan mucho con la pérdida de peso rápida, no aumentan hasta sus niveles normales a medida que se va ganando peso.

¿Qué consecuencias tiene el efecto rebote?

El problema que esto supone está claro: las kilocalorías ingeridas, entonces, son almacenadas más eficientemente, al tener un metabolismo más lento, y encima nos saciamos menos. Como consecuencia el cuerpo engorda más y más rápido que antes de comenzar la dieta y se recupera fácilmente gran parte de lo perdido.

En otras ocasiones, no solo se recupera sino que se gana más peso. El problema, simplificándolo mucho, es la velocidad a la que se hace, que no permite que el cuerpo, acostumbrado a resistir las condiciones externas con vistas a sobrevivir, se adapte. Pero esto también tiene algunas consecuencias desagradables para nuestra salud.

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Por ejemplo, a los cambios recurrentes de peso se le asocia una mayor probabilidad de sufrir un accidente cerebrovascular o, llanamente, de morir. Los estudios realizados hasta la fecha son observacionales, pero todas las evidencias apuntan a las mismas conclusiones: subir y bajar rápidamente de peso no es bueno para la salud.

Cambiar de hábitos va más acorde con tu metabolismo

Regular nuestro peso es una cosa saludable. Hasta aquí todo bien.** El matiz entre perder peso y regular el peso, sin embargo, es muy importante**. Para poder regular nuestro peso, adecuarlo a un metabolismo coherente con nuestras necesidades, nuestros hábitos y nuestra actividad física, necesitamos tiempo.

Por otra parte, lo único que podemos controlar en esta “ecuación” es nuestro estilo de vida. De todo lo anterior, lo que más determina nuestro metabolismo es cómo comemos, qué comemos y qué actividad física realizamos. Pero claro, cambiar estos hábitos no servirá de nada si lo hacemos de manera súbita o de forma intermitente.

En otras palabras, una dieta puntual, o un sistema para adelgazar que no sea alargado en el tiempo, y que no permita una adherencia, tendrá consecuencias pobres o hasta negativas. El efecto rebote es el primero de ellos, pero no el único, como hemos visto. Lo más saludable y positivo es adaptar nuestra vida a metas y objetivos a largo plazo, con la intención no de adelgazar, sino de hacer un cambio fundamental y duradero.

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El amante de las palabras

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En realidad, 6.700 no son tantas lenguas. Son creaciones preciosas, irrepetibles, que se escurren desahuciadas por las grietas de la historia.

NO SE HABLA mucho del asunto en el mundo rostro pálido, pero conviene recordar que estamos en el Año Internacional de las Lenguas Indígenas. Así lo acordó la ONU con el propósito de alertar ante el acelerado proceso de extinción de muchas de las 6.700 lenguas que se hablan en el planeta. Necesitamos una ecología de las lenguas porque no solo son damnificados los pueblos que sufren esa amputación. En realidad, todos somos indígenas. Las palabras que se matan, sea en la Amazonia o en Alaska, van a parar al mismo yacimiento catastrófico que las plantas y los animales extinguidos. Y cada lengua que desaparece es un velatorio de aves, un río que se seca, una escuela vacía, una manta deshilachada, un toque de silencio.

¿Por qué Yucatán se llama Yucatán? En ese territorio mexicano un grupo de conquistadores capturó a un par de indígenas. Para trazar el mapa de posesión, hay que nombrar la tierra, así que el jefe de la expedición preguntó a los nativos cómo se llamaba el lugar donde estaban. Ellos negaron con la cabeza. Presionados, uno de ellos respondió al fin: “¡Yucatán!”. En su lengua, venía a significar: “¡No entendemos lo que preguntas, tío!”. Ahí terminó la conversación. El jefe ordenó al escribano: “¡Yucatán! El lugar se llama Yucatán”.

En realidad, 6.700 no son tantas lenguas. Más bien, son pocas. Son creaciones preciosas, irrepetibles, que se escurren desahuciadas por las grietas de la historia. Cada dos semanas, se muere una. Porque con el hipercapitalismo todo se ha acelerado, también las pompas fúnebres. Podríamos estar hablando de des-extinción, eso sería lo civilizado. Como ocurrió con el hebreo, recuperado in extremis por Eliezer Ben-Yehuda. En los encuentros de este año simbólico, entre los especialistas preocupados por la vida de las lenguas prevalecen dos posiciones. Una, pesimista, que sostiene que hacia el final de este siglo habrán desaparecido la mitad de las lenguas del mundo. Otra, más pesimista: el 95% de las lenguas no llegarán al año 2100.

Salvar las palabras puede ser una actividad de riesgo. Hubo gente que apostó la cabeza. Yo hoy quería hablarles de Aníbal Otero. Nacido en una pequeña aldea gallega, Ribeira de Piquín, en 1911, hijo de un militar de la guerra de Cuba, se formó en Filosofía y Letras en Madrid, con el magisterio decisivo de Menéndez Pidal. Este sabio presidía el Centro de Estudios Históricos, donde se fraguó el más importante proyecto de investigación lingüística de la historia (y hasta hoy) en los ámbitos de España y Portugal. Se trata del Atlas lingüístico de la península Ibérica(ALPI). Después de muchas dificultades, el sueño de Pidal se puso en marcha en el albor de la II República, dirigido por otro sabio legendario, Tomás Navarro. Un héroe de verdad: asumiría la dirección de la Biblioteca Nacional de España en 1936, en el periodo cruento de asedio y bombardeos fascistas de Madrid, y consiguió mantener a salvo el gran tesoro bibliográfico. En el franquismo, su nombre fue “desaparecido” de los libros que él mismo había escrito. Catedrático en Columbia, murió en el exilio, en Estados Unidos.

Pero volvamos atrás, al tiempo de esperanza, cuando no se trataba del desaparecer sino del renacer las palabras. Volvamos al maravilloso Atlas lingüístico. Tomás Navarro integró en su equipo desde el inicio a Aníbal Otero. Hizo su trabajo en Galicia con una entrega admirable, con la colaboración de Aurelio Espinosa. Dos años de investigación de campo, casi siempre desplazándose a pie. Cuaderno en mano, recogía la información con la escucha, y hacía las transcripciones con el alfabeto fonético acordado para el Atlas. Antes de la guerra, lo había interrogado un policía por registrarse en una posada de Tui con la sospechosa profesión de filólogo. ¿Qué es eso de filólogo?, le preguntó aquel fenómeno. ¡Como en Yucatán! Parece un incidente cómico, pero resultaría una dramática profecía.

Sus últimas notas para el Atlas fueron tomadas el día 20 de julio de 1936, en el norte de Portugal. Fue detenido por la policía salazarista y entregado en la frontera a la policía española, acusado de espionaje por sus cuadernos de transcripciones fonéticas. Por caligrafiar el sonido de las voces bajas. Cuentan que Pidal estaba desesperado. Pese a sus gestiones, Aníbal fue condenado a muerte. Finalmente, sufrió un duro periodo de prisión del que salió al borde de la de extinción. Por filólogo. Por amar las palabras.

Manuel Rivas

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Stefano Mancuso, el hombre que habla con las plantas

El botánico italiano es uno de los divulgadores más interesantes e influyentes del reino vegetal. En esta entrevista cuenta cómo nació su amor por las plantas y las complejidades de la inteligencia vegetal que constituye el 81,8 por ciento de la vida de nuestro planeta.

Por JORGE CARRIÓN 

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Junto a los pabellones de Australia, Birmania, Rusia o el Reino Unido, en la Trienal de Milán puedes visitar el de la Nación de las Plantas. A través de datos estadísticos, instalaciones vegetales y vídeos de experimentos, la muestra nos recuerda que sin el reino botánico no existirían el oxígeno ni la atmósfera ni los alimentos. De ese reino depende la vida entera del planeta Tierra.

El recorrido se abre con una imagen gigante que ilustra nuestra ceguera vegetal: aunque predominen los árboles, los arbustos o las flores en ese rincón de la selva, estamos programados genéticamente para fijarnos sobre todo en ese tigre que nos mira, agazapado, en una esquina.

La sala en que unos espejos multiplican la vegetación, el vídeo que revela que la actividad química de las raíces es muy similar a la de un cerebro o el dispositivo luminotécnico y musical en que descubrimos cómo se comunican entre ellas todas las partes de una planta comparten el objetivo de hacer visible una dimensión de la realidad a la que nunca le hemos prestado la atención que merece.

El proceso de visibilización culmina en los dos últimos espacios, donde escuchamos el discurso de la Nación de las Plantas en la sede de Naciones Unidas de Nueva York y donde leemos su Constitución. La voz y la prosa pertenecen a Stefano Mancuso, director del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal de la Universidad de Florencia, autor de varios libros de referencia sobre la sensibilidad y la inteligencia de las plantas y curador de la exposición.

Stefano Mancuso, el hombre que habla con las plantas
Una vista del pabellón de La Nación de las Plantas en la Triennale de Milán CreditGianluca di Ioia/Triennale de Milán

Si la entrada —con su tigre— se encuentra junto a la fascinante The Great Animal Orchestra, la salida da al resto de los pabellones nacionales, sin puertas ni barreras, porque como recuerda Carlo Sgarzi —asistente del comisario—, “la nación vegetal no tiene fronteras y cree que todos los individuos son siempre recursos, no costes ni problemas”.

No es extraño que Mancuso haya recurrido a los códigos de la ciencia ficción para conceptualizar su último proyecto: “Si llegara al planeta Tierra una nave alienígena, su tripulación seguramente se dirigiría a las plantas, vería en ellas a sus interlocutores naturales, pues constituyen el 81,8 por ciento de la vida de nuestro planeta”, afirma el investigador y divulgador. “Y a la inversa: para poder entenderlas, para poder narrarlas, hay que pensar que las plantas son extraterrestres”.

Una vocación tardía

Cabello y barba grises, Mancuso es un hombre de aspecto tranquilo, a quien imaginas fácilmente hablando con las plantas de su laboratorio en esa misma voz baja que templa cada una de sus frases, para enunciar con absoluta normalidad ideas y afirmaciones que atentan contra las definiciones que circulan sobre qué significa ser humano, contra todo lo que nos han enseñado.

“Darwin es uno de mis héroes de la infancia, porque era un viajero, un explorador, capaz de estar cinco años fuera de casa”, me cuenta el autor de Uomini che amano le piante. Pero fue en la edad adulta cuando se dio cuenta de la auténtica envergadura del personaje: “Tal vez sea el mayor científico de la historia, hay que pensar que en su época la ciencia —no la religión, la ciencia— creía que los seres vivos eran creación divina, el salto que nos hizo dar no tiene precedentes”.

Gracias a esa tradición de sabios que miraron, que prestaron atención, que escucharon a las plantas, Mancuso acabó abducido por su campo de estudio. ¿Cuál es el origen de su interés por el reino vegetal? “Lo he hablado con muchos colegas botánicos: ninguno de nosotros conserva un recuerdo de la niñez en que sintiera un interés genuino por las plantas”, me responde. “Se trata de una pasión muy intelectual, no es intuitiva, por tanto no es propia de la infancia, sino de la edad adulta”.

Stefano Mancuso, el hombre que habla con las plantas
The Great Animal Orchestra CreditThe Fondation Cartier

El otro día su padre le envió una foto en que aparece de niño mirando con mucho interés una gran hoja y le dijo: ¿ves cómo desde siempre te interesaron las plantas? Pero él le respondió que en realidad no se fijó en ellas hasta que empezó a realizar sus propios experimentos, durante su doctorado en Pisa a fines de los años ochenta. Fue entonces cuando vivió sus semanas eureka.

Construyó un recipiente de cristal para estudiar cómo reaccionan las raíces ante la presencia de un obstáculo. Según el conocimiento de la época, la raíz chocaría contra esa presencia inesperada y después se desplazaría en forma de zigzag sobre su superficie, hasta lograr esquivarla y proseguir su camino. Él vio con sus propios ojos que, en realidad, algunos centímetros antes del contacto, la raíz ya comenzaba a desviarse, para rodear el problema sin llegar a rozarlo.

No solo eso: la raíz tomaba su camino por la izquierda o por la derecha según fuera más rápido. Y en el caso de que estuviera descendiendo por el centro exacto, en el 50 por ciento de las ocasiones optaba por un lado, y en el otro 50 por ciento, por el otro.

“Yo no me esperaba nada de eso, estaba dispuesto a observar lo que se suponía que ocurriría según lo que había leído, y a trabajar a partir de esos datos, pero de pronto me di cuenta de que la planta podía percibir y decidir, que había algún tipo de sensibilidad y de inteligencia en ella”, me dice con un eco de aquella emoción todavía rebotando en sus pupilas. “Sigo trabajando en la dimensión que me abrió aquel primer experimento”.

“La Nación de las Plantas reconoce y garantiza la práctica de la ayuda recíproca y el apoyo mutuo entre las comunidades naturales de seres vivos”.STEFANO MANCUSO

Hijo de un general y de una maestra, ambos ahora merecidamente jubilados, Mancuso se crio en una caserna militar de Catanzaro, la capital de Calabria que antaño fue famosa por su industria de la seda. “Se llama Franco”, me dice con una media sonrisa, “ya sé en España un general que se llame Franco suena fatal”. Su padre era un oficial atípico, que nunca quiso que sus hijos siguieran su carrera: “Mi hermano menor, Gianluca, de hecho, intentó ingresar en la academia y mi padre llamó por teléfono a un colega para hacer que no lo admitieran”.

Fue su madre, Rosaria, y su otro hermano, Michele, quienes más influyeron, directamente o indirectamente en el futuro del joven Stefano. Ella, siempre cultivando sus flores, siempre rodeada de plantas, le comunicó su amor por la botánica. Él, dos años mayor que Mancuso, sufre una discapacidad que obligó a sus padres a llevarlo a diversos especialistas de toda Italia: “Fue en aquellas largas esperas médicas cuando me aficioné a la lectura, me acuerdo totalmente de la primera novela que leí entera, una de Emilio Salgari, El tesoro del presidente del Paraguay”, y se ríe. Después llegaron las ficciones de Alexandre Dumas y de Julio Verne y las obras de los clásicos de la literatura, aunque cursó el bachillerato en el Liceo Científico.

Stefano Mancuso, el hombre que habla con las plantas
CreditGalaxia Gutenberg

La caserna era —en su recuerdo— un lugar perfecto para el ejercicio de la libertad y para el constante descubrimiento. Un espacio de varias hectáreas, vallado, vigilado, absolutamente seguro, donde “yo podía explorar libremente, pasar horas en soledad, entendiendo cómo funcionaba el mundo”. En cuanto cumplió 15 años también empezó a viajar solo. Un verano recorrió Italia y otro, Francia e Inglaterra. Pero fue en el mar de Calabria, durante las vacaciones escolares, cuando conoció de adolescente a quien sería y sigue siendo sus esposa, Anna Maria.

Escogió Florencia para sus estudios superiores en parte por ella, que es del norte de Italia. “Pero entré en Ingeniería Agrícola porque pensaba que tenía más salida profesional que Física o que Biología, no porque ya supiera cuál era mi vocación”, me confiesa. No fue hasta los estudios de posgrado en Pisa cuando llegó el experimento con las raíces, la sorpresa, la lenta iluminación.

Inteligencia vegetal

¿Sería posible nuestro conocimiento actual del mundo vegetal sin la ayuda de la última tecnología?, le pregunto: “Hay una que ha sido central, porque hace sesenta años era muy compleja y ningún botánico la utilizaba, y ahora en cambio se puede aplicar con un teléfono móvil: la cámara rápida”. Mediante esa técnica fotográfica se puede observar en pocos minutos cómo una planta se ha movido durante días o meses.

Mancuso es un colaborador nato. En la mayoría de sus libros encontramos cuatro manos. El que lo hizo internacionalmente conocido, Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal, lo escribió con la periodista Alessandra Viola; en Biodiversos dialogó con Carlo Petrini, el líder del movimiento Slow Food (comida lenta); y El increíble viaje de las plantas está ilustrado por Grisha Fischer. “La mayoría de las fotografías de El futuro es vegetal son mías”, apunta, “creo que la imagen tiene una potencia superior para comunicar los mensajes”.

Stefano Mancuso, el hombre que habla con las plantas
CreditGalaxia Gutenberg

La Nazione delle Piante, en cambio, es puro texto, porque se trata de desarrollar los artículos que conforman la Constitución de esa nación sin Estado ni fronteras. Una vuelta de tuerca a los argumentos de El futuro es vegetal —el mejor que ha escrito—, en que explicó por qué en el reino vegetal están las claves para corregir los atentados que la humanidad ha cometido contra el planeta.

“La nación de la plantas no reconoce la jerarquía animal, fundada en centros de mando y funciones específicas, y promueve las democracias vegetales difusas y descentralizadas”, leemos en el artículo tercero. Y en el octavo y último: “La Nación de las Plantas reconoce y garantiza la práctica de la ayuda recíproca y el apoyo mutuo entre las comunidades naturales de seres vivos”. El estudioso de las plantas se ha convertido en su portavoz, en su abogado, para revitalizar el género de la utopía.

Su exposición en la Trienal de Milán, de hecho, contrasta con la muestra central, Broken Nature, comisariada por la prestigiosa curadora Paola Antonelli, que explora a través del arte y del diseño cómo el ser humano ha roto sistemáticamente sus vínculos con el planeta. En ella predomina la distopía.

Se trata de la segunda incursión de peso de Mancuso en el ámbito museístico. El verano pasado sorprendió con El Experimento de Florencia, un proyecto con el artista Carsten Höller: los visitantes se tiraban por un tobogán alucinante con una planta en el regazo y después podían comparar, gracias a los sensores, cómo habían reaccionado ambos cuerpos durante la caída. La estructura era, por supuesto, de inspiración vegetal.

También hay una sintonía radical entre la forma y el contenido en las canciones de Botanica, el disco y espectáculo que Mancuso concibió con Deproducers y que ha recorrido los escenarios de toda Italia. Así, el tema en que se habla de la fotosíntesis reproduce en su partitura los ritmos de ese proceso; o cuando se refiere a la dendrocronología simula musicalmente los aros concéntricos que crecen en el interior de los árboles.

Stefano Mancuso, el hombre que habla con las plantas
CreditGalaxia Gutenberg

Mancuso no cesa de ensayar maneras de narrar esos otros seres vivos, que —de tan presentes— no hemos visto durante millones de años. Las plantas son tan raras, según nuestros parámetros antropocéntricos, que están diseñadas para ser comidas por los animales. Así logran que estos las protejan, las cultiven, las alimenten, las hagan viajar.

Sus estrategias de supervivencia y de adaptación han sido, desde siempre, totalmente distintas de las animales, porque las plantas apostaron por las raíces, por el sedentarismo. Su necesaria relación con las especies motrices siempre se basó en la seducción. Las plantas nos seducen sobre todo por su fruto, a través de él se aseguran de que las cuidaremos y las difundiremos. Como dice Mancuso: “El tabaco invierte un 30 por ciento de su energía, más o menos lo que un ser humano invierte en su vivienda, en producir nicotina, con el único objetivo de generar dependencia en los animales que lo consuman”.

El error es pensarlas “como animales minusválidos, a quienes les falta algo, movimiento, cerebro, mirada”. Y concluye: “Hay que acercarse a ellas al revés, sin el prejuicio animal: son una forma increíble de inteligencia, como de otro planeta”.

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El terrorismo será el pretexto de Trump para fabricar el casus belli contra Irán

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Ya no cuelan las Armas de Destrucción Masiva ni el envío de antrax a Estados Unidos en sobres, por lo que el gobierno de Trump se está centrando en mostrar al mundo que Irán -otra nación reserva mundial de Oro Negro, y de una ubicación estratégica-, es el país más terrorista del planeta al que para salvar a la especie humana debe aplastarlo.

El Secretario de Estado Mike Pompeo ha confesado ante el Senado que los abogados están buscando vínculos entre Teherán y Al Qaeda: su objetivo es desempolvar la Ley de Autorización para el Uso de la Fuerza Militar (AUMF) – aprobada después del 9/11, que permite al presidente atacar a las fuerzas terroristas sin el consentimiento del Congreso. Da igual que estudios como el realizado por Nelly Lahoud en 2018 para el Think tank New America, y basado en unos 470.000 archivos desclasificados relacionados con Bin Laden, no hayan mostrado contactos entre la República Islámica (RI) y al Qaeda para cometer actos terroristas. El comandante general del Ejército británico de la coalición anti-ISIS, Chris Ghika tampoco ha visto provocaciones de Irán contra las tropas aliadas en Oriente Próximo. Y aun así, Trump ha incluido al ejército de los Guardianes de la Revolución Islámica (GRI) de Irán en su lista de grupos terroristas, por ende, objetivo de ataques militares.

Paralelo a los extraños y repentinos sabotajes a los intereses de Estados Unidos y de sus aliados en Oriente Próximo, Pompeo acusa a Teherán y los socios de haberlos cometido: es consciente de que la verdad la posee el primero que la cuenta, y que los demás sólo podrán confirmarla o desmentirla. El ex jefe de la CIA dispara primero e interroga después al cadáver. Así, ha vinculado a Irán a un atentado reivindicado por los talibanes con coche bomba el 31 de mayo que hirió a cuatro soldados de EEUU y mató a varios civiles afganos; otro con misiles a la sede de unas empresas estadounidenses en Basora, Irak; y, la guinda, el sabotaje con minas y torpedos a cuatro barcos en el Golfo de Omán de propiedad saudí, emiratí, noruego y japonés. Lo curioso es que, Shinzo Abe -aliado japonés de Trump, que el día después del incidente estuvo en Teherán-, ni siquiera lo mencionó en sus encuentros con las autoridades de la RI. Está por ver cómo un poderoso ejercito como el iraní, en vez de hundir dichos petroleros, envía a unos buzos para colocarles minas lapa, como si se tratase de unos terroristas aficionados. Sin embargo, uno de los buques había sido golpeado por un torpedo, que no por una mina: ¡Que los satélites aclaren su procedencia! Es más, si aceptáramos la versión chapuza de Pompeo de los hechos, GRI sería un grupo terrorista nada al uso, por negar su participación. Pues, dichas bandas siempre reivindican sus atentados justamente para mostrar su poderío y obtener algo al enemigo.

Afortunadamente, en estos incidentes no ha habido muertos, pero la coalición saudí-emiratí bombardea desde el 2015 y a plena luz del día no solo a los barcos de refugiados, hospitales, escuelas, mercados o viviendas de los yemenís, sino que ha matado, en colaboración con EEUU y Reino Unido, a decenas de miles de ciudadanos del país, y los criminales de la guerra siguen impunes.

¿Habrá un mega atentado?

Los atentados de falsa bandera han sido muy recurrentes en la historia, aunque algunos han sido reconocidos y otros no: el incidente del Golfo de Tonkin, en el que EEUU simuló un inexistente ataque de fuerzas de Vietnam del Norte a su armada con el fin de justificar su invasión a Vietnam; la “Operación Susannah” (nombre de la novia de uno de los implicados) lanzada por Israel en 1954 contra el Egipto de Jamal Abdel Nasser, en la que puso bombas en las propiedades de Estados Unidos y Gran Bretaña (sí, ¡sus aliados!) en El Cairo, culpando a organización Hermandad Musulmana. Su objetivo era arrastrar a dichas potencias a una confrontación bélica con Nasser, y provocar una guerra civil en el país. Israel reconoció la autoría en 2005, o sea, 51 años después. El atentado más famoso, el 11S, sigue siendo investigado por El Movimiento por la Verdad del 11-S (9/11 Truth Movement). Las mentiras utilizadas para apoderarse de los recursos y el suelo de Yugoslavia, Irak, Afganistán, Libia, Sudán, Yemen y Siriadestruyendo decenas de millones de vidas, muestran hasta qué punto la verdad siempre es la primera víctima de las guerras.

Ahora hay que esperar la noticia. El régimen de Trump es consciente de que la única forma de reclutar la opinión publica de Estados Unidos en favor de otra terrible guerra es un gran atentado con víctimas mortales estadounidenses que muestre lo cruel y lo peligroso que es la RI, no sólo para sus ciudadanos o para Oriente Próximo, sino para el mundo mundial. Atención al tweet del senador Lindsey Graham: “Está claro que en las últimas semanas Irán ha atacado a oleoductos y barcos de otras naciones y ha creado corrientes de amenaza contra intereses estadounidenses en Irak. … Si se activan las amenazas iraníes contra el personal y los intereses estadounidenses, debemos ofrecer una respuesta militar abrumadora.” Por lo que, la (más) militarización del Golfo Pérsico no responde a una “diplomacia de cañonero” para disuadir a Irán; de hecho, la expulsión de Rex Tillerson del gobierno, fue el fin de la diplomacia del gobierno de Trump.

Sería la culminación de las guerras políticas, económicas e incluso cibernéticas -que podrán intensificarse-, contra Irán: en 2012 el virus Stuxnet fue enviado a las instalaciones nucleares de Natanz, inhabilitándolas. Aquella ciber arma formaba parte de Nitro Zeus, un proyecto de un masivo ciberataque militar contra Irán (que no la República Islámica), que inutilizaría la red eléctrica del país así como su defensa aérea.

EEUU y la RI no siempre han sido enemigos

Es obvio que la República Islámica y EEUU tienen una percepción errónea mutua del otro. Trump ha convertido en su fuente de información a la secta religioso-militar de extremaderecha Muyahedines del Pueblo, a quien Bolton -otro fanático religioso-, prometió en 2018, llevarles “antes del 2019”. Se ha eliminado a todas personas y figuras que podrán paliar los excesos de un presidente con una importante deficiencia no sólo política sino también de inteligencia, convirtiéndole en un peligroso hombre con poder ilimitado. Richard Nixon, el inventor de la Teoría Madman “el Presidente Chiflado”, (presentándose loco por imprevisible) para forzar a los soviéticos a ceder ante sus exigencias bajo la amenaza de apretar el botón nuclear, tenía a su lado a Melvin Laird, su Secretario de Defensa, moderando sus decisiones. Aquel Madman, deprimido por el Watergate y abusador de alcohol, mandó desplegar a los B-52 con carga nuclear rumbo la Unión Soviética. Hoy, individuos como Bolton que ocupan ‘la Trumplandía’ son los que pueden empujar al mundo ante una guerra total.

Estados Unidos ha provocado una enorme tensión con su salida del acuerdo nuclear, violando además el Artículo 2.4 de la Carta de la ONU que prohíbe amenazar la integridad territorial de otras naciones, y poniendo en serio peligro la seguridad alimentaria de 80 millones de personas que viven de la venta de su petróleo, ¡y encima se hace la víctima!

Por su parte, el líder supremo de la teocracia chiita, el ayatolá Jameneí, -persona que decide el destino de Irán, ignorando al presidente y al parlamento-, analiza el mundo con el enfoque metafísico, considerándose como un misionero del mandato divino infalible, que tiene garantizado el triunfo sobre el mal. Aun así, no es ningún suicida: de hecho, no ha autorizado a los GRI responder a los cerca de 200 ataques de Israel a las milicias proiraníes en Siria.


Ya no cuelan las Armas de Destrucción Masiva ni el envío de antrax a Estados Unidos en sobres, por lo que el gobierno de Trump se está centrando en mostrar al mundo que Irán -otra nación reserva mundial de Oro Negro, y de una ubicación estratégica-, es el país más terrorista del planeta al que para salvar a la especie humana debe aplastarlo.

El Secretario de Estado Mike Pompeo ha confesado ante el Senado que los abogados están buscando vínculos entre Teherán y Al Qaeda: su objetivo es desempolvar la Ley de Autorización para el Uso de la Fuerza Militar (AUMF) – aprobada después del 9/11, que permite al presidente atacar a las fuerzas terroristas sin el consentimiento del Congreso. Da igual que estudios como el realizado por Nelly Lahoud en 2018 para el Think tank New America, y basado en unos 470.000 archivos desclasificados relacionados con Bin Laden, no hayan mostrado contactos entre la República Islámica (RI) y al Qaeda para cometer actos terroristas. El comandante general del Ejército británico de la coalición anti-ISIS, Chris Ghika tampoco ha visto provocaciones de Irán contra las tropas aliadas en Oriente Próximo. Y aun así, Trump ha incluido al ejército de los Guardianes de la Revolución Islámica (GRI) de Irán en su lista de grupos terroristas, por ende, objetivo de ataques militares.

Paralelo a los extraños y repentinos sabotajes a los intereses de Estados Unidos y de sus aliados en Oriente Próximo, Pompeo acusa a Teherán y los socios de haberlos cometido: es consciente de que la verdad la posee el primero que la cuenta, y que los demás sólo podrán confirmarla o desmentirla. El ex jefe de la CIA dispara primero e interroga después al cadáver. Así, ha vinculado a Irán a un atentado reivindicado por los talibanes con coche bomba el 31 de mayo que hirió a cuatro soldados de EEUU y mató a varios civiles afganos; otro con misiles a la sede de unas empresas estadounidenses en Basora, Irak; y, la guinda, el sabotaje con minas y torpedos a cuatro barcos en el Golfo de Omán de propiedad saudí, emiratí, noruego y japonés. Lo curioso es que, Shinzo Abe -aliado japonés de Trump, que el día después del incidente estuvo en Teherán-, ni siquiera lo mencionó en sus encuentros con las autoridades de la RI. Está por ver cómo un poderoso ejercito como el iraní, en vez de hundir dichos petroleros, envía a unos buzos para colocarles minas lapa, como si se tratase de unos terroristas aficionados. Sin embargo, uno de los buques había sido golpeado por un torpedo, que no por una mina: ¡Que los satélites aclaren su procedencia! Es más, si aceptáramos la versión chapuza de Pompeo de los hechos, GRI sería un grupo terrorista nada al uso, por negar su participación. Pues, dichas bandas siempre reivindican sus atentados justamente para mostrar su poderío y obtener algo al enemigo.

Afortunadamente, en estos incidentes no ha habido muertos, pero la coalición saudí-emiratí bombardea desde el 2015 y a plena luz del día no solo a los barcos de refugiados, hospitales, escuelas, mercados o viviendas de los yemenís, sino que ha matado, en colaboración con EEUU y Reino Unido, a decenas de miles de ciudadanos del país, y los criminales de la guerra siguen impunes.

¿Habrá un mega atentado?

Los atentados de falsa bandera han sido muy recurrentes en la historia, aunque algunos han sido reconocidos y otros no: el incidente del Golfo de Tonkin, en el que EEUU simuló un inexistente ataque de fuerzas de Vietnam del Norte a su armada con el fin de justificar su invasión a Vietnam; la “Operación Susannah” (nombre de la novia de uno de los implicados) lanzada por Israel en 1954 contra el Egipto de Jamal Abdel Nasser, en la que puso bombas en las propiedades de Estados Unidos y Gran Bretaña (sí, ¡sus aliados!) en El Cairo, culpando a organización Hermandad Musulmana. Su objetivo era arrastrar a dichas potencias a una confrontación bélica con Nasser, y provocar una guerra civil en el país. Israel reconoció la autoría en 2005, o sea, 51 años después. El atentado más famoso, el 11S, sigue siendo investigado por El Movimiento por la Verdad del 11-S (9/11 Truth Movement). Las mentiras utilizadas para apoderarse de los recursos y el suelo de Yugoslavia, Irak, Afganistán, Libia, Sudán, Yemen y Siriadestruyendo decenas de millones de vidas, muestran hasta qué punto la verdad siempre es la primera víctima de las guerras.

Ahora hay que esperar la noticia. El régimen de Trump es consciente de que la única forma de reclutar la opinión publica de Estados Unidos en favor de otra terrible guerra es un gran atentado con víctimas mortales estadounidenses que muestre lo cruel y lo peligroso que es la RI, no sólo para sus ciudadanos o para Oriente Próximo, sino para el mundo mundial. Atención al tweet del senador Lindsey Graham: “Está claro que en las últimas semanas Irán ha atacado a oleoductos y barcos de otras naciones y ha creado corrientes de amenaza contra intereses estadounidenses en Irak. … Si se activan las amenazas iraníes contra el personal y los intereses estadounidenses, debemos ofrecer una respuesta militar abrumadora.” Por lo que, la (más) militarización del Golfo Pérsico no responde a una “diplomacia de cañonero” para disuadir a Irán; de hecho, la expulsión de Rex Tillerson del gobierno, fue el fin de la diplomacia del gobierno de Trump.

Sería la culminación de las guerras políticas, económicas e incluso cibernéticas -que podrán intensificarse-, contra Irán: en 2012 el virus Stuxnet fue enviado a las instalaciones nucleares de Natanz, inhabilitándolas. Aquella ciber arma formaba parte de Nitro Zeus, un proyecto de un masivo ciberataque militar contra Irán (que no la República Islámica), que inutilizaría la red eléctrica del país así como su defensa aérea.

EEUU y la RI no siempre han sido enemigos

Es obvio que la República Islámica y EEUU tienen una percepción errónea mutua del otro. Trump ha convertido en su fuente de información a la secta religioso-militar de extremaderecha Muyahedines del Pueblo, a quien Bolton -otro fanático religioso-, prometió en 2018, llevarles “antes del 2019”. Se ha eliminado a todas personas y figuras que podrán paliar los excesos de un presidente con una importante deficiencia no sólo política sino también de inteligencia, convirtiéndole en un peligroso hombre con poder ilimitado. Richard Nixon, el inventor de la Teoría Madman “el Presidente Chiflado”, (presentándose loco por imprevisible) para forzar a los soviéticos a ceder ante sus exigencias bajo la amenaza de apretar el botón nuclear, tenía a su lado a Melvin Laird, su Secretario de Defensa, moderando sus decisiones. Aquel Madman, deprimido por el Watergate y abusador de alcohol, mandó desplegar a los B-52 con carga nuclear rumbo la Unión Soviética. Hoy, individuos como Bolton que ocupan ‘la Trumplandía’ son los que pueden empujar al mundo ante una guerra total.

Estados Unidos ha provocado una enorme tensión con su salida del acuerdo nuclear, violando además el Artículo 2.4 de la Carta de la ONU que prohíbe amenazar la integridad territorial de otras naciones, y poniendo en serio peligro la seguridad alimentaria de 80 millones de personas que viven de la venta de su petróleo, ¡y encima se hace la víctima!

Por su parte, el líder supremo de la teocracia chiita, el ayatolá Jameneí, -persona que decide el destino de Irán, ignorando al presidente y al parlamento-, analiza el mundo con el enfoque metafísico, considerándose como un misionero del mandato divino infalible, que tiene garantizado el triunfo sobre el mal. Aun así, no es ningún suicida: de hecho, no ha autorizado a los GRI responder a los cerca de 200 ataques de Israel a las milicias proiraníes en Siria.
La RI, desde el Realpolitik, ha entablado relaciones de interés muto con otros presidentes de EEUU, aunque casi siempre de forma secreta. Ya en 1985, recibió en Teherán al coronel Robert McFarlane (uno de los actores del escándalo Irán-Contra), enviado por Ronald Reagan. El militar entregó a las autoridades islámicas una Biblia, un pastel en forma de llave (como símbolo del deseo de apertura), una propuesta de venta de equipamiento militar y de una relación estratégica, en un intento de evitar un acercamiento entre Moscú y el gobierno islámico. La RI, 
ya habían cooperado con Reagan en 1980 para saboteando la reelección del presidente demócrata Jimmy Carter, al no liberar los rehenes de la embajada de EEUU antes de las elecciones.

Pero, las autoridades de la RI no tienen la paciencia de Job: Si no pueden exportar el petróleo y así mantener la paz social en Irán, impedirá que los árabes vendan el suyo y lo harán sin camuflarse. Sería la batalla final: “¡Que mueran conmigo los filisteos!”.

La RI, desde el Realpolitik , ha entablado relaciones de interés muto con otros presidentes de EEUU, aunque casi siempre de forma secreta. Ya en 1985, recibió en Teherán al coronel Robert McFarlane (uno de los actores del escándalo Irán-Contra), enviado por Ronald Reagan. El militar entregó a las autoridades islámicas una Biblia, un pastel en forma de llave (como símbolo del deseo de apertura), una propuesta de venta de equipamiento militar y de una relación estratégica, en un intento de evitar un acercamiento entre Moscú y el gobierno islámico. La RI, ya habían cooperado con Reagan en 1980 para saboteando la reelección del presidente demócrata Jimmy Carter, al no liberar los rehenes de la embajada de EEUU antes de las elecciones.

Pero, las autoridades de la RI no tienen la paciencia de Job: Si no pueden exportar el petróleo y así mantener la paz social en Irán, impedirá que los árabes vendan el suyo y lo harán sin camuflarse. Sería la batalla final: “¡Que mueran conmigo los filisteos!”.

Nazanín Armanian

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