MARIELA MALHUE: 2 poemas

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Un punto del plano se acerca a un eje pero nunca lo toca
Una operación expresa este hecho sin narrarlo
En el ojo desemboca un dolor inexpresable
Para toda liturgia se presta una medición
Si los tejidos se acumulan la piel interrumpe su circuito
Nodos se agrupan para mostrar el desencanto
Es torpe el intento por no revelar falla
Pensé que ellos iban a morir y fui yo quien enfermó
La carne se deteriora sin pedir ayuda
No existe una tendencia natural a la desaparición

El estado de la materia no significa una certeza
La música me deja por un momento ver tu nombre
Máquinas emiten un sonido coherente
Muéstrame la utilidad de las cosas
tu rostro cerca un lago de otro tiempo
Tengo un arco pero nada para lanzar
La maqueta de un pájaro que sobrevuela la ciudad
da la misma sombra que un pájaro verdadero
Las cartas proveen un texto por venir

Los vi aquí: https://jampster.cl/

AUGUST STRINDBERG PENSÓ QUE HABÍA FOTOGRAFIADO EL UNIVERSO (Y NO SE EQUIVOCÓ)

AUGUST STRINDBERG PENSÓ QUE HABÍA FOTOGRAFIADO EL UNIVERSO (Y NO SE EQUIVOCÓ)

Estos extraños ejercicios fotográficos nos recuerdan que el tamaño no existe y que el universo se materializa hasta en una pequeña brizna de polvo.

En una primera mirada, se intuyen como manchas de colores sobre un lienzo desgastado. Pero estas imágenes son, en realidad, lo que August Strindberg (1849-1912) consideró fotografías del cosmos, hechas por él mismo. Al momento de “capturarlas”, el dramaturgo sueco jamás imaginó que lo que estaba captando no era lo que pretendía, pero sí lo que deseaba. Él quiso retratar el universo y así lo hizo.

Fue en el pequeño pueblo austriaco de Donarch, durante el invierno de 1893-1894, donde Strindberg, uno de los padres del teatro del absurdo, dedicó algunas noches a colocar placas fotográficas en el piso para retratar el cielo, un ejercicio experimental en el que prescindió de cualquier intermediario entre lo retratado y el lienzo (el fotógrafo, la lente), una técnica que llamó celestografía.

Las formas en las imágenes que resultaron, invitan a pensar que se trata de galaxias, nebulosas, soles y estrellas; al menos así lo creyó Strindberg en un inicio. Pero cuando, poco después, envió algunas al escritor y astrónomo Camille Flammarion, éste las rechazó y nunca dio respuesta alguna al autor. La razón: las fotografías no habían capturado el cielo nocturno, se trataba de manchas que habían surgido en la película fotosensible por manchas químicas de emulsiones y polvo del ambiente. Una casualidad que, a todas luces, guarda una lección mágica.

El tiempo no perdonó a las imágenes, las fotografías se han manchado con el paso de los años, por las manos que las han tocado, con tinta y con grasa. Pero la noche que retratan sigue intacta: el cosmos está también en la tierra, es la tierra misma, es el polvo que las hizo existir y la emoción del autor al contemplarlas. La hermosa confusión es un relato, incluso un retrato, de la impecable relación entre lo inconmensurable y lo minúsculo. Las celestografías de Strindberg no fueron un error.

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Imágenes: Dominio público
http://www.faena.com/aleph/es/articles

El poder de la lengua

La genómica revela que las tres familias lingüísticas de Greenberg corresponden a las tres migraciones de pueblos eurasiáticos que descubrieron América

JAVIER SAMPEDRO

Placa del Mesón del Champiñón en Madrid.
Placa del Mesón del Champiñón en Madrid. GORKA LEJARCEGI

Qué harto estoy de tener razón!, diría el lingüista neoyorquino Joseph Greenberg si levantara la cabeza. Murió en 2001 sin saber que la tenía, y eso suele resultar muy molesto para los intelectuales adelantados a su tiempo, aquellos que ven más allá que la inmensa mayoría de sus colegas, y que por tanto reciben la del pulpo cada vez que abren la boca. Greenberg investigó en los años cincuenta y sesenta los lenguajes africanos, y los clasificó en solo cuatro familias, lo que resultó un escándalo para los antropólogos con tendencias más exuberantes y complicadas. Luego hizo lo mismo con las mil lenguas nativas americanas, y reeditó el escándalo. Allí donde su colega Lyle Campbell vio más de 200 familias lingüísticas, Greenberg las redujo a solo tres: la amerindia, de la que vienen casi todos los idiomas nativos del nuevo continente, y otras dos restringidas al norte de Norteamérica, la esquimo-aleutiana y la na-dené. Aquella unificación volvió a levantar ampollas que aún perduran en el mundo académico.

El enfrentamiento entre Campbell y Greenberg me trae de inmediato a la memoria uno de mis debates favoritos de la biología, el que sostuvieron en 1830, bajo los auspicios de la Académie des Sciences francesa, los dos grandes naturalistas de la época, Georges Cuvier y Étienne Geoffroy Saint-Hilaire. Cuvier pensaba que la estructura de un animal respondía exclusivamente a las necesidades de su entorno, mientras que Geoffroy creía que todos los animales eran variantes de un mismo plan de diseño universal. Cuando se produjo el debate, Darwin ni se había embarcado aún en el Beagle, pero aquellas ideas unificadoras de Geoffroy fueron un precedente obvio de la teoría de la evolución. Todos los animales tenemos, en efecto, un origen común, un organismo que vivió hace 600 millones de años y del que hemos heredado nuestro plan arquitectónico. Las adaptaciones al entorno consisten en modulaciones finas de ese diseño general.

Del mismo modo, sabemos ahora que Greenberg, el Geoffroy de la lingüística moderna, también tenía razón. Como demuestra David Reich en su recién publicado Quiénes somos y cómo hemos llegado hasta aquí (Antoni Bosch editor), la genómica revela que las tres familias lingüísticas de Greenberg corresponden a las tres migraciones de pueblos eurasiáticos que descubrieronAmérica por el puente de tierra (actual estrecho) de Bering, un proceso que comenzó hace 15.000 años, tan pronto como el fin de la glaciación lo permitió. En particular, el lingüista neoyorquino tenía razón en que la gran mayoría de las lenguas nativas americanas pertenecen a la misma familia, por muy distintas que puedan parecer. La genómica ha confirmado a la lingüística.

Quizá Greenberg era el más genético de sus colegas. La lingüística convencional acepta la evolución de los lenguajes, por supuesto, pero calcula que la señal de un origen común se pierde en unos pocos miles de años. La técnica de Greenberg consistía en centrarse en unos pocos cientos de palabras del núcleo duro de las lenguas, como verbos auxiliares, negaciones, marcadores interrogativos y los nombres de los objetos más comunes. Es un enfoque muy de genetista, y cuyas propuestas van mucho más allá de las lenguas americanas.

En África central, el número uno se dice tok, tek o dik. Muchas lenguas asiáticas (y sí, también americanas) utilizan tik para el dedo índice. Y en el indoeuropeo ancestral, deik significaba señalar con el dedo (de ahí daktulos, digitus, doigt o dedo). Seguramente un testimonio de nuestro origen común. Es el poder de la lengua.

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LOS 10 ASESINOS DE TU CREATIVIDAD

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TÚ MISMO PUEDES POTENCIAR TU CREATIVIDAD, PERO TAMBIÉN ERES TÚ QUIEN PUEDE ESTAR OBSTRUYÉNDOLA

En nuestros días “ser creativo” es una preocupación más o menos constante porque, por alguna razón, la creatividad ha adquirido un valor que tal vez no tenía en otra época. Actualmente vivimos en una especie de búsqueda frenética de la creatividad, como si se tratase de un tesoro que se encuentra en un lugar específico o que se consigue mediante la aplicación una fórmula.

Y aunque esto no es del todo impreciso, lo cierto es que la creatividad parece ser una cualidad que resulta del ejercicio cotidiano y un tanto inconsciente de ciertos hábitos.

A continuación, inspirados en un texto publicado por Yann Girard en Medium, compartimos estos 10 factores que podrían estar obstruyendo tu potencial creativo y, con éste, tu posibilidad de mostrar lo que de verdad eres –lo cual es quizá el objetivo y sello distintivo de la creatividad auténtica.

La comodidad

Sentirse cómodo –en la llamada “zona de confort”– puede ser una de las formas más efectivas de matar tu creatividad. Paradójicamente, esta es más una sensación que una realidad, pues a ojos de los demás las circunstancias de una persona pueden ser las ideales y sin embargo esta misma persona puede no sentirse a gusto, no sentirse cómoda, querer más; y viceversa: las circunstancias pueden parecer deleznables, insufribles, y la persona que las vive puede sentirse bien ahí, de lleno en su zona de confort. En cualquiera de los dos casos, lo recomendable sería rehuir esa supuesta comodidad. En uno de los textos de Dirección única, Walter Benjamin escribió: “las situaciones estables no tienen por qué ser, ni ahora ni nunca, situaciones agradables”.

Tareas que nos disgustan

El displacer y la creatividad son antagonistas claros. Hacer cosas en las que no encontramos ningún tipo de estímulo es uno de los caminos más seguros para atrofiar tu músculo creativo. No todo es siempre placentero, eso es cierto, y en nuestra época hemos perdido de vista el valor didáctico del sufrimiento, pero es necesario distinguir entre la dificultad que al sobrellevarla y entenderla nos enseñará algo, el trabajo arduo necesario para conseguir algo, y la monotonía de lo que simplemente no nos gusta.

Exceso de alcohol

Son bien conocidas las anécdotas de escritores, pintores y otros artistas en quienes el alcohol parece estar ligado íntimamente con el trabajo creativo. Con todo, muchas veces la leyenda dora con una pátina especial un hábito que, según ha demostrado la ciencia, impacta directa y negativamente en nuestras capacidades cognitivas (y más aún cuando está acompañado del tabaquismo). Pero incluso sin recurrir a esas investigaciones, seguramente la mayoría ha experimentando ese embotamiento mental que se presenta al día siguiente de una borrachera promedio, la incapacidad de pensar más allá de las funciones mínimas, el cansancio, el día perdido como pago de una noche de excesos. En esas condiciones, ¿quién podría pensar creativamente?

LOS 10 ASESINOS DE TU CREATIVIDAD

Productividad

El imperativo de productividad, tan característico de nuestra época, puede ser otro factor que atente contra la espontaneidad creativa. Privilegiar la cantidad sobre la calidad. Como en otras cosas de la vida, la clave parece ser encontrar el punto medio. Los tiempos en que un artista podía dedicar años e incluso décadas a la creación de una obra ya no existen; ahora, en cambio, estamos inmersos en una carrera incesante de producción y consumo, incluso en lo tocante a la creatividad, pero si podemos hallar o construirnos la zona de excepción en donde escapemos a dicho ritmo, quizá entonces encontremos el terreno fértil para nuestras expresiones creativas.

Personas que nos desagradan

Como antes con las tareas que no nos gustan, también estar con personas que no nos agradan puede resultar nocivo para la creatividad. Como sabemos, hay personas que nos fatigan, que nos aburren, que nos exasperan, a veces algunas nos absorben. Caso totalmente opuesto al de la compañía de personas que nos estimulan, nos inspiran, nos alegran, nos instruyen y más.

Dormir

Se dice que grandes genios como Leonardo da Vinci, Nikola Tesla y Buckminster Fuller, entre otros, dormían apenas 2 horas diariamente, esto es, 1/4 parte de lo que desde hace algunas décadas se difunde como lo “recomendable”, 8 horas diarias. En esto las opiniones se dividen, pues mientras algunos aseguran que dormir entre 6 y 8 horas continuas es necesario para que nuestro cerebro descanse, limpie su basura y se reorganice, otros aseguran que esta es una práctica más bien reciente en la historia de la humanidad, pues por muchos siglos ese mismo período de sueño se repartió en distintos momentos del día. En el caso de la creatividad, la premisa es sencilla: cuando duermes no estás creando –por más que los sueños pueden igualmente ser un estímulo o una vía para encontrar soluciones, así que entre menos tiempo necesites realmente dormir, mayor será el tiempo que puedas dedicar a ejercer tu creatividad.

La falta de rutina

Aunque suene un tanto increíble o contradictorio, pocas cosas más útiles para la creatividad que estar inmerso en una rutina. El cine, las series de televisión y otros productos culturales nos han hecho creer en la imagen del genio creativo que vive rodeado de caos, y que es en medio de ese maremágnum de papeles, libros y mascotas donde surge la idea genial. La historia, sin embargo, se encarga de echar por tierra ese prejuicio y muestra más bien que casi todos los genios creativos viven apegados a una rutina estricta. Despierta a una hora específica, ejercítate cotidianamente, dedica una parte de tu día a tareas que no tienen que ver con tu trabajo, socializa, cocina, etc. “Sé regular y ordenado en tu vida, para que así puedas ser violento y original en tu obra”, dijo alguna vez Gustave Flaubert.

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El exceso de información

Otro rasgo de nuestro tiempo es el exceso de información que se nos insta a consumir, en todos los niveles: desde el exceso de información de lo que sucede en el mundo hasta el exceso de información de lo que sucede con nuestros amigos y conocidos. Sucede un atentado y al instante tenemos decenas de artículos en los que podemos informarnos al respecto; pero echamos una ojeada a las redes sociales e igualmente nos llenamos con una buena carga de fotografías, actualizaciones de estado y aun peleas virtuales que, al final, también son información que consumimos. Si buscas mantener activa tu creatividad, enfócate en lo que de verdad necesitas saber y en qué de esa información no hace más que nublar tu propósito o tu intuición creativa.

La falta de curiosidad

Por muchos siglos, culturalmente se elogió y aun alentó a las personas que demostraban conocimiento de muchas materias. El hombre renacentista y el enciclopedista ilustrado son los pináculos de ese prototipo del sujeto que hurgaba en todo aquello que le dictara su curiosidad. Goethe escribió novelas románticas, pero también un tratado sobre el color. Contrario a lo que a veces se escucha decir, saber mucho de muchas cosas puede ser mejor para la creatividad que saber muchísimo de una sola.

Ignorarte

Más allá de los hábitos y las cualidades, es posible que la verdadera fuente de la creatividad sea la subjetividad propia. Los grandes artistas, los grandes inventores, los grandes científicos, los grandes pensadores; si se observa su vida se descubrirá que todos tienen algo en común: hicieron caso a lo que querían y eso les permitió crear aquello que nadie más que cada uno de ellos podía crear, pues fue resultado de un proceso personal, subjetivo, de descubrimiento y construcción cotidiana de su propia obra. Escúchate. Da un lugar a tu subjetividad. Encuentra tu propia narrativa en medio de todos esos discursos que nos cruzan –las expectativas, la historia familiar, las imposiciones sociales– y que si bien nos permiten vivir y por un tiempo nos sostienen, llega también el momento en que se revelan insuficientes ante el ímpetu de nuestro propio deseo, aquello que de verdad queremos. Y nada más estimulante para la creatividad que entregarse y emprender esa travesía.

Imágenes: Geoff McFetridge

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Los ‘héroes’ de la gran guerra comercial estadounidense

Por PAUL KRUGMAN 

Los ‘héroes’ de la gran guerra comercial estadounidense
Manifestantes en Londres el año pasado con una figura inflable del presidente estadounidense, Donald Trump, apodada Bebé Trump CreditChris J Ratcliffe/Getty Images

Me gustaría hacer un anuncio importante para el sector minorista de Nueva York: NUEVA JERSEY HA ACEPTADO COMENZAR A COMPRARLES DE INMEDIATO GRANDES CANTIDADES DE ENSALADA DE PESCADO BLANCO A ESOS GRANDES PATRIOTAS, NUESTROS MERCADOS GOURMET.

Perdón, ¿qué dicen? ¿Que no existe ese acuerdo? ¿Que Nueva Jersey ni siquiera cuenta con un mecanismo de compra centralizado de productos alimentarios? ¡Noticias falsas! ¡Es una conspiración del Estado profundo!

Bueno, ya vamos a detenernos, ya saben que no es en serio. Lo malo es que Donald Trump sí hablaba en serio cuando tuiteó este mensaje: “¡MÉXICO HA ACEPTADO COMENZAR A COMPRARLES DE INMEDIATO GRANDES CANTIDADES DE PRODUCTOS AGRÍCOLAS A ESOS GRANDES PATRIOTAS QUE SON NUESTROS GRANJEROS!”.

Este tuit hace pensar de inmediato en dos preguntas:

1. ¿Por qué, al igual que muchos otros tuits de Trump, este mensaje suena como una muy mala traducción de un texto escrito originalmente en ruso?

2. ¿De qué diablos habla?

Después de todo, el anuncio del convenio no mencionó ni por equivocación los productos agrícolas. Además, si bien México es un comprador importante de productos agrícolas estadounidenses, también es una economía de mercado: quienes deciden cuánto maíz le comprará México a Iowa cada año son las empresas privadas, no los funcionarios de gobierno.

En mi humilde opinión, lo único que se me ocurre para explicar esas palabras es que quizá Trump recordó vagamente las disposiciones de un pacto comercial que no concretó con China y que, según él, incluía el compromiso de ese país de comprar 5 millones de toneladas de soya estadounidense. Si estoy en lo correcto, Trump confundió a México con China y además se le olvidó que las conversaciones con China ya se suspendieron. Es inquietante pensar que alguien capaz de iniciar un conflicto nuclear con solo presionar un botón tenga esa clase de confusiones, pero en fin.

Por ahora, olvidemos el tema del estado mental de Trump y limitémonos a pensar cuánto debilitan situaciones parecidas al enfrentamiento con México la posición de Estados Unidos en el mundo.

Sin duda, para que un país sea una gran potencia necesita contar con los cimientos fundamentales para el poder: una gran economía y un ejército de talla suficiente para que se le considere una fuerza importante. Sin embargo, también es necesario ser una nación a la que los demás puedan tomar en serio, que además de respetar sus promesas cumpla sus amenazas.

Así que reflexionemos acerca de lo que acaba de pasar.

En primer lugar, Trump negoció hace poco un tratado comercial con México (apenas diferente del convenio anterior, que Trump describió como el “peor de la historia”, pero no ahondemos en ese asunto por ahora). Los países suscriben tratados comerciales porque se supone que les dan certidumbre. El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), al igual que el TLCAN, constituye una promesa de los tres participantes de que se abstendrán de imponer de manera arbitraria nuevas barreras al comercio transfronterizo.

Trump decidió amenazar a México con nuevos aranceles, no por alguna violación a sus convenios comerciales, sino porque no le gustaba algo que sucedía en la frontera, una situación que no tenía ninguna relación con la política comercial. Así que, en la práctica, parece que el T-MEC es una promesa solemne del gobierno estadounidense de abstenerse de imponer aranceles a los productos mexicanos… a menos que se le antoje hacerlo.

Si eso ganas por llegar a un acuerdo con Estados Unidos, ¿qué caso tiene tomarse la molestia?

Después, con todo y la letanía de advertencias funestas sobre lo que ocurriría si México no le daba a Trump lo que quería, el presidente estadounidense parece que se echó para atrás a cambio de una declaración de México de que hará al pie de la letra lo que ya había prometido hacer antes de las amenazas.

Ahora, las empresas están muy complacidas de que no haya procedido con la guerra comercial. Por desgracia, da la impresión de que las amenazas de Trump valen casi lo mismo que sus promesas: no existe ningún motivo en particular para creer que en realidad va a cumplirlas.

Lo único seguro es que, independientemente de lo que ocurra, Trump gritará a los cuatro vientos que alcanzó una gran victoria.

En el caso del conflicto con México es posible que esto no parezca muy negativo. Sin embargo, debemos pensar en las posibles consecuencias de que los líderes extranjeros sepan que el presidente de Estados Unidos:

(a) es ingenuo,
(b) es muy influenciable con solo hacerle algunos halagos y
(c) está dispuesto a cantar victoria, pero de ninguna manera se permitirá admitir que en realidad no logró nada significativo.

En esencia, Estados Unidos ha quedado como un bobalicón sistemático. Basta organizar una cumbre, halagar la vanidad de Trump, dejarlo que publique un comunicado en el que anuncie algún logro impresionante y, entonces, ya puedes hacer lo que planeabas desde un principio. Un ejemplo claro es el dirigente de Corea del Norte, Kim Jong-un, quien engañó a Trump haciéndole creer que había hecho concesiones enormes, pero no dejó de fortalecer su capacidad de lanzar ataques nucleares y encima Trump lo elogia ante las miradas horrorizadas de nuestros aliados.

Repito, no niego que es bueno que, al parecer, hayamos evitado una guerra comercial con México por ahora. Sin embargo, todo parece indicar que la guerra comercial con China sigue en pie. Por otra parte, me preocupa la confrontación con Europa, en parte porque las naciones europeas son democracias con prensas libres, así que es más difícil que le concedan a Trump el tipo de victorias imaginarias que tanto desea.

En todo caso, la moraleja del fiasco con México es que Estados Unidos ahora goza de mucha menor credibilidad y menos respeto que hace solo unas semanas. Lo peor es que es muy probable que la situación siga empeorando.

https://www.nytimes.com/es