Pintar en el aire/escribir en el aire

Sobre una visita a Jackson Pollock: A Collection Survey (1934-1954) en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, abril de 2016.A Vicky Guerrero y Carlos Villacorta

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¿Qué se pinta cuando se pinta?, ¿antes de que lo figurativo y lo no figurativo cobren forma?, ¿antes de que el sentido fragüe indicándonos las regiones del mundo? Pues, se pinta una superficie. Un lienzo cuyo cuerpo es una malla finísima de hilos, una tabla lisa o un tanto porosa, una lámina de papel sediento, una plancha de metal bruñido, una roca irisada en el estómago de una cueva, un muro de concreto, un cuenco de arcilla, cualquier cosa, algo, donde pueda buenamente asentarse la presión del pincel, la espátula o la brocha.Allí el trabajo, por ejemplo, del pincel (guiado por la divina mano humana), frota la superficie, inunda los minúsculos poros de color, restriega una forma, concentra un relieve, se desliza en un trazo silencioso que abarca la extensión del brazo. Si es una espátula, o un grueso pincel que acarrea la densidad del óleo o el acrílico, cruje sobre el lienzo. Es el sonido fugaz, sin asidero en el conjunto pictórico, que anuncia el nacimiento del sentido. Un paisaje campestre, rostros que expresan la intensidad de la vida o su desaparición imprevista, intensidades expresionistas o impresionistas, el cromatismo retinto de las zonas altas del mundo, la ausencia de color, la luz o la oscuridad.

Primera sala

Pollock se inicia en ello. El ejemplo de los grandes maestros lo alienta. Lo asimila todo, todo lo que a él le interesa. Los primeros cuadros: cuestionamiento del figurativismo, un poco a la manera de Picasso. Aprende la audacia y ese control de la mano del maestro, la inteligencia pictórica que descompone la forma y la recompone bajo un nuevo signo. Pollock quiere decir mucho, como sucede con los novatos en arte y literatura. Decirlo todo a la primera. Se enreda, la oscuridad lo persigue. Se enmaraña, abandona las superficies de color, se refugia en las líneas, en los trazos menudos. ¿Se pierde aquí la confianza en el decir de uno?, ¿es vano el intento de controlar la expresión? Uno pinta una cosa, o cree que la pinta, y luego es otra cosa, que además aparece en otro lugar. ¿Es eso?Segunda salaTal vez mejor, o más acertado, que representar una forma es poner un objeto. Lo hace. Full Fathom Five, 1947. Son sólo unos restos. Una colilla que evoca un cigarrillo que evoca el sexo contrito que evoca esa vida humeante. Una moneda que exhibe su cuerpo metálico que exhibe un perfil humano que exhibe el poder consagrado. Clavos, tachuelas, cigarrillos. Fósforos que duermen a lo largo con la cabeza no ignita. Una llave. Luego el pincel cubre, se extiende y extiende un flujo cromático. La espátula arruma los grumos y engendra el relieve. ¿Será esto suficiente para dejar impreso un signo? Levanta el pincel de esa corteza pictórica. ¿Es mejor dejar que los signos se concreten por sí mismos? Aquí acontece una distancia y la mano se resigna a trazar un ballet en el aire. El pincel gotea, embarra agudas y luminosas líneas en plata y en negro. Se insinúa un sentido, una percepción que escuece. ¿La única manera de decir es dejar decir?  

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Tercera sala

Ahora el pincel no se acerca. Vaga en el aire. Untitled, 1950. Es una lámina de papel japonés y la tinta cae desde cierta distancia. La gota impacta la superficie y los poros del papel se la beben de manera creciente. Es una estrella fugaz o la silueta de un trilobites del Cámbrico o un triste globo pinchado. ¿Quién ha pintado estas figuras chinescas? Es el trabajo de la tinta, de la sed del papel, de la gravedad que intensifica el impacto, de la mano que genera el impulso inicial desde el aire (como la mano de un dios caído que se sabe incapaz de moldear el mundo). Las gotas de tinta se multiplican, por ahí se escapa un reguero, que se ensancha o adelgaza según sea la maniobra aérea del pincel derramando.La mano renuncia al control de la forma y se abandona a escanciar, sugerir (o creer que lo hace), unas manchas, unos rítmicos balbuceos pictóricos. Dejar que allá, en el fondo, en la superficie porosa del papel japonés, otras fuerzas articulen los signos del mundo según el dictamen de su lógica material. Servir voluntariamente a esa lógica, alimentarla, es pintar.

Pintar en el aire/escribir en el aire

Descanso de pie (no pusieron una banca)

«Solía escribir con su dedo grande en el aire», dice Vallejo, de Pedro, de Rojas, «padre y hombre». España aparta de mí este cáliz, poema III, 1939. Un combatiente de la guerra civil española, de Miranda del Ebro, que militaba en la vida con su cuchara muerta bajo la chaqueta. Pedro «abisa a todos compañeros pronto». Un aviso en abismo que escribía en el aire, que avistaba la batalla, que prevenía la muerte, que ahogaba el anhelo de dormir entre los cabellos de su mujer, la Juana Vázquez. ¿Esta escritura, de Pedro, de Rojas, se lee o se oye?, ¿es el dedo un pincel que gotea las letras en el lienzo del alma? ¿Expresa lo que quiere expresar?Vallejo nos dice que Pedro Rojas escribía en un «papel de viento» con su «pluma de carne»: « ¡Viban los compañeros!». Su voz surgía templada, urgida, sin distingo de viban y vivan, de abisa y avisa. No se amoldaba en el aire, fluía con el viento. Y era oída, entendida y atendida. No obstante, Pedro escribió también sobre un papel sediento y con buena tinta el «abisa» de avisa y el «viban» de vivan. ¿Por qué Vallejo lo hizo escribir en un papel de viento con su dedo grande en el aire?Leemos las palabras de Pedro, de Rojas, y nos formamos una idea de él. Construimos su nivel de cultura con nuestra cultura, su signo político con nuestro signo político, su ruda simpleza con nuestra ruda simpleza, su b con nuestra v. Y Vallejo con su v de Vallejo repara en ello. Lo sustrae de los signos que hemos arrojado sobre él crucificándolo en un madero de papel. Trae su voz al gesto inicial y lo restituye como hombre humano «en representación de todo el mundo». Pedro solía escribir en al aire (como una archiescritura, diría Derrida).  

 Tercera sala (continuación)

Y Pollock se dedicó a pintar en el aire con su pincel. Nada más extraordinario de ese ballet que One: number 31, 1950. El lienzo, enorme, es arrojado al piso y P (de Pollock, de Pedro) danza alrededor de él. Primero son gotas, cuidadas para que no se derramen en extremo. Blancas, grises, algunas pardas. Luego el brazo se extiende con su pincel ahíto de luz blanca o sombras oscuras, que se despereza vigoroso y restalla callado en el aire. El reguero, las gotas, los latigazos retintos impactan la superficie del lienzo desde todos los bordes. La lógica material comienza su escritura. Aprovecha el impulso manual y trabaja la distancia, la densidad del óleo y el esmalte mide el impacto. La sed del lienzo compone las formas. Y allí, con nuestra cultura, nuestro signo político, nuestra ruda simpleza, nuestra v, se lee la hermosa maraña que el mundo del sentido ha fraguado. El lirismo incesante de un bosque invernal, la intimidad acuciante del tejido cerebral, la ignota geografía de una galaxia distante, el intrincado mundo no figurado de la ansiedad. Pintar es dejar pintar o es pintar precariamente con los demás.  

Pintar en el aire/escribir en el aire

Salida

Y P (de Pedro de Pollock) no pudo sostener su cuerpo erguido en el aire. A Pedro lo mataron «al pie de su dedo grande». A Pollock la duda de sí, la inseguridad de pintar/escribir en el aire lo llevó a fijarse en el papel de viento (digo, un poco con ruda simpleza). White Light, 1954. El regreso al contacto. El pincel, la espátula, los tubos cargados de color descienden sobre el lienzo. Restriegan un velo blanco que va cubriendo la corteza pictórica como si de atrapar el aire se tratara. ¿Se puede pintar/escribir el aire? Pollock detiene sus manos, no puede ir más. El blanco es la luz y el aire no es luz ni sombra ni nada. Es algo, no es nada, aunque nada ya es algo. Simplemente el aire se respira y allí, lo sabemos, es cuando se origina todo.

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 FERNANDO RIVERA 

https://sobrelarena.blogspot.com/

Traducciones: Poemas de Sarah Gridley [versiones de Cristián Gómez Olivares]


Traducciones: Poemas de Sarah Gridley [versiones de Cristián Gómez Olivares]

Imágenes de lo mundano que en su acercamiento o distanciamiento, o en su pura abstracción, se tornan enrarecidas como si un ligero desajuste revelara lo que hay de inaudito en ellas. De esta manera Sarah Gridley logra en estos poemas —traducidos y seleccionados por Cristián Gómez Olivares del libro Loom(2013)— establecer relaciones insólitas que fulminan cualquier intento de aproximación convencional a los objetos que nombra, a la manera de poetas como Rae Armantrout, Susan Howe o Leslie Scalapino.


Muestra sus nalgas enrojecidas por el baño hirviendo.
Muestra una nube vigorosa

de talco rosa
donde ella se seca en una fragante abstracción.

Muéstranos hasta la cintura en agua y hierba,
los juncos cardando las nubes

en lo negro del agua como un espejo.
Ella nos ha enlazado en indescriptible oscuridad

revocando la poción, el encanto, la luz venenosa.
La desnudez solo está

actuando como sí misma: un bloque sin tallar
vuelto sobre sí mismo,

un primer
y último mal hábito.

Hay una historia de la Dama que no podemos ver:……………el lado incorrecto del tejido
…………………………………………………………………………donde están las miradas del espejo

…………………………….no tiene un patrón. No el resultado marketeable
…………………………….de la industria, sino los nudos del lado
…………………………….equivocado—las serpientes
enterradas—
He aquí un mu(n)do
que la Dama nunca ha dicho:

…………………………….silencia sus estrellas
…………………………….tambaleantes y colapsadas en

…………………………….hilos negros                      ..que ella tiró entre medio de las palabras
…………………………….largas filas en las que     su corazón se convirtió
…………………………….en hiel, oro, hierba            y piel con manchas.

Grandes tornillos de tela. Grandes impulsos del ego a la calma.
Y hubo largos días

de un maravilloso escuchar. E infinitos telones de fondo
detrás de sus manos.

Nunca es poco práctico verse bien.
Ponerse algo que te quede bien significa halagar tu apariencia

con algo que una lleva puesto.
Hasta ahora es el vacío de haber evolucionado—

el importuno ardor de un horizonte hacia el que una se-siente-atraída.
Una cala, su aire de alga—

hilos bajo el sol y bolsones de gas, el brillo de las rocas
y las algas mecidas por el mar entre las rocas.

No me pregunto qué habrá sido de ella. Solo puedo
hablar por mí misma. Has esperado de mí

cosas tan imposibles
como las que yo he esperado de ti.

No es difícil recordar
cómo terminó todo.

Silente silencia el silencio
hasta que puedas ver un caballo.

Trata de quedarte y cantar donde se estremecen
los álamos. La brisa siempre

estará a punto de llegar. Retrocede ese par de pasos:
no es difícil de recordar:

el viento seguirá brillando como si
como si amara sus caballeros armados.

Permitámonos ser santos, dijo el empirista radical,
ya sea que triunfemos o no visible o temporalmente.

Allí en la capilla más dura
Recordé:

arrepentimiento no es tanto como remordimiento
motivado como está por el miedo o el castigo.

Hay momentos en los que leeré cualquier
cosa que crea: como ese techo de tejas al cuidado

de ese pedazo enorme y desnudo de la península.
Para alejar a los piratas que lo perseguían,

la roca, dice la leyenda, se abrió
y se cerró en torno

a San Govan.
Si Govan es la corrupción

de Gawain, entonces el santo es
más o menos ficticio. La leyenda dice:

no puedes mantener la cuenta de tus pasos
mientras desde la capilla vas subiendo de espalda.

Los bosques se sienten mejor
cuando apenas llueve, cuando hablar con escasez

se reinicia en ese espacio más grande
de quedarse tranquilos.

Tal vez la rana del árbol todavía es ella misma,
de suyo y por definición.

¿Pero un símbolo con pequeños huesos?
¿Pero un augurio sanguinario

en la tarde que vuelve
a hacerse amiga?

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La gran estafa de la alta cocina: así es la mafia de los “mejores 50 restaurantes”

El ‘ranking’ que elabora todos los años la revista ‘Restaurant’ ha desbancado a Michelin como guía gastronómica, pero ¿qué hay detrás de su éxito?

Foto: Ferran Adrià y otros chefs aplauden a Joan Roca, cocinero jefe del mejor restaurante del mundo. (iStock)
Ferran Adrià y otros chefs aplauden a Joan Roca, cocinero jefe del mejor restaurante del mundo. (iStock)

MIGUEL AYUSO

En solo 14 años, la lista que elabora la revista británica ‘Restaurant’, y patrocina San Pellegrino, ha eclipsado a la todopoderosa guía Michelínentre las preferencias de ‘foodies’, chefs y empresarios de todo el mundo. Establecimientos como El Celler de Can Roca (España), la Osteria Francescana (Modena) o Noma (Dinamarca) deben su popularidad, y su interminable lista de espera, a sus primeras posiciones en el ‘ranking’. Pero ¿qué se esconde detrás de la lista de “Los 50 mejores restaurantes del mundo”?

Como apunta Brett Martin en un interesante artículo de la edición americana de GQ, las contradicciones del listado están presentes en el mismo nombre: no se escogen 50 restaurantes (son 100), no hay establecimientos de todo el mundo y, aunque no vas a comer mal en ninguno de ellos, es muy pretencioso asegurar que estos establecimientos son los mejores.

La realidad es que la lista que elabora ‘Restaurant’ se ha convertido en el fiel reflejo de todos los vicios que rodean a la “nueva alta cocina”, que no son los mismos en los que incurre la “vieja alta cocina”, que sigue anclada en los criterios de la guía Michelin. La centenaria guía francesa prima la excelencia en el servicio y la comida, y cuenta con críticos de plantilla y unos principios imperturbables bien conocidos por los restaurantes; la lista del magazine británico premia ante todo un factor tremendamente subjetivo: la novedad. El problema es que, en estos tiempos que corren, “nuevo” es sinónimo de “fotogénico” y “cool” o, lo que es lo mismo, de ‘marketing’. Y esto es algo que no siempre está relacionado con la buena comida.

Aunque la lista es generada por votaciones, estas son emitidas por un grupo más bien pequeño de la élite culinaria

La lista de los 50 mejores restaurantes del mundo se debe al culto del chef como estrella de rock y el restaurante como experiencia total,donde “total” significa que puedas dar envida en las redes sociales compartiendo platos extravagantes. Y es un negocio que funciona. Según datos de ‘Bloomberg’ el día después de que, en 2010, Noma fuera nombrado mejor restaurante del mundo, 100.000 personas trataron dereservar una mesa. Y el día que El Celler de Can Roca lo desplazó de la primera posición su sitio web recibió dos millones y medio de visitas. La lista de espera es de un año.

Pero esto no es lo más preocupante del ‘ranking’. Lo que muchos cocineros, críticos gastronómicos y simples comensales están denunciando es su tremenda arbitrariedad que, sorpresa, responde a criterios meramente económicos.

Los cocineros del restaurante Noma celebran su elección durante la gala de premios de 2014. (Cordon)
Los cocineros del restaurante Noma celebran su elección durante la gala de premios de 2014. (Cordon)

Una metodología viciada

La elaboración de la lista responde a una metodología híbrida, que pretende mezclar las virtudes de las encuestas y los juicios de los expertos. Pero, como asegura Martin, “aunque la lista es generada por votaciones, estas son emitidas por un grupo más bien pequeño de la élite culinaria, en torno a 1000 personas”.

Estas élites pertenecen a tres grupos: chefs, periodistas y los llamados “gastronautas”. Entre estos últimos hay directivos del sector (importadores de vino, consultores, mayoristas…), pero en su mayoría son, sencillamente, millonarios. Son al mismo tiempo los que elaboran la lista y disfrutan de los restaurantes que aparecen en ella.

Cada votante puede calificar el restaurante que le venga la gana, por lo que no hay nada que garantice siquiera una ilusión de imparcialidad

Cada votante (o “panelista”) debe realizar un ‘ranking’ de siete restaurantes en los que haya comido en los pasados 18 meses: como mucho cuatro de su región y al menos tres de cualquier otra parte. Los panelistas están divididos entre 27 regiones del mundo, formadas de forma más arbitraria que las fronteras de la descolonización. Algunas son pequeñas (Francia, Alemania, Italia o Portugal y España, que van juntos) y otras enormes (África en conjunto forma solo una demarcación), pero todas cuentan con 36 panelistas. Estados Unidos y Canadá están divididos en tres regiones, por lo que sus restaurantes pueden ser votados por 108 personas, mientras que Corea y China, pese a tener una de las culturas gastronómicas más significativas del mundo, forman una sola región, y solo reciben los votos de 36 panelistas. Todo esto sin contar que cada votante puede calificar el restaurante que le venga la gana, por lo que no hay nada que garantice siquiera una ilusión de imparcialidad.

Los panelistas son teóricamente anónimos, pero según Martin, todos los chefs saben a que comensales tratar mejor que al resto. “Si tienes sentido común, puedes hacerte una buena idea de quién está votando”, explica en GQ el chef Esben Holmboe Bang, cocinero jefe de Maeemo, un restaurante de Oslo que ocupa la 64 posición de la lista.

Aunque, supuestamente, la revista prohibe que los votantes del listado se identifiquen como tal y pretendan colarse en la lista de espera o, claro está, comer gratis, lo cierto es que lo hacen. Y los restaurantes están encantados de complacerles para obtener una buena votación. Como denunció ‘The New Yorker’ en un artículo un votante especialmente descarado especificaba su condición de panelista en su tarjeta de visita. Le acabaron echando pero hay que ser muy iluso para pensar que la mayoría de votantes no se aprovechan de su condición (y emiten su voto de forma interesada).

La ceremonia de entrega de los 'World's 50 Best Restaurants Awards' celebrada en Londres en 2014. (Cordon)
La ceremonia de entrega de los ‘World’s 50 Best Restaurants Awards’ celebrada en Londres en 2014. (Cordon)

“Ocupa 50 best”

Muchos restaurantes deben parte (o gran parte) de su éxito a este ‘ranking’ pero, como es lógico, muchos otros establecimientos de renombre, que no pertenecen al selecto club de comensales, empresarios y críticos que realimentan el negocio, consideran todo el asunto una enorme estafa.

Cocineros como Joël Robuchon, Georges Blanc o Francis Mallman se encuentran entre los firmantes de un manifiesto que, bajo el nombre de “Ocupa ’50 best’” –en clara referencia al 15-M estadounidense–, denuncia la mala praxis de un ‘ranking’ en el que, aseguran, “el nacionalismo triunfa sobre la calidad, el sexismo prevalece sobre la diversidad y la atención se centra en los chefs famosos en vez de en la salud y satisfacción del consumidor”.

Los más descarados intentos de influir en el ‘ranking’ han sido protagonizados por las oficinas de turismo de algunos países

Según el manifiesto, elaborado por Zoé Reyners, una hasta ahora desconocida trabajadora de relaciones públicas de Francia, “los miembros del jurado, designados entre bastidores, votan de forma anónima, sin tener que justificar su elección de un restaurante o demostrar siquiera que efectivamente comieron allí”. Y esto produce un listado que mezcla parcialidad (los países “asociados”, como Perú o Singapur, están particularmente sobrerrepresentados), el autobombo(algunos de los chefs del listado son además miembros del jurado) y el chauvinismo masculino (en 2014 solo unos de los 50 cocineros era mujer). Según contó Reynes a ‘The New Yorker’, todo lo hizo por lo molesta que estaba con este ‘lobbie’ del mundo de la comida, al que no dudaba en calificar como “una pequeña mafia”.

¿Qué hay de cierto en estas acusaciones? Por desgracia, según Martin, bastante, al menos en lo que respecta a la corruptibilidad de los votantes.

‘Business, as usual’

Los más descarados intentos de influir en el ‘ranking’ han sido protagonizados por las oficinas de turismo de algunos países, que han gastado muchísimo dinero para lograr que sus restaurantes aparezcan en el listado, financiando viajes de prensa y todo tipo de actos promocionales.

Perú, por ejemplo, organizó una agresiva campaña para elevar su perfil culinario, con lujosos ‘stands’ en las ferias gastronómicas y viajes pagados para los periodistas en los que les invitaba a comer en los restaurantes candidatos a aparecer en la lista. En 2015, los restaurantes Astrid y Gastón y Central, ambos en Lima, alcanzaron, respectivamente, la cuarta y demicuarta posición del ‘ranking’, y Maido,también en Lima, debutó en el puesto 44. No es casual, tampoco, que después de que la oficina de turismo peruana financiara dos galas de los premios latinoamericanos de la revista, las regiones del listado oficial del continente pasaran de dos a tres (con lo que esto supone en el aumento del número de votos).

Hay una gran cantidad de periodistas y chefs en el panel y muchas de esas personas, algunas veces, no tienen que pagar la cuenta del restaurante

Este tipo de trabajos de presión son bien conocidos por los organizadores del listado, que ni siquiera ven mal que los panelistas que elaboran el ‘ranking’ voten por restaurantes en los que han cenado por la cara. En un encuentro digital organizado por ‘The Huffington Post’ el pasado año, el portavoz de ‘Restaurant’, William Drew, argumentó que el hecho de que una oficina de turismo o los propios restaurantes inviten a cenar a los votantes es lo mismo que una revista o periódico reembolse a su crítico gastronómico el costo de sus comidas.

“Trabajamos sabiendo que hay una gran cantidad de periodistas y chefs en el panel y que muchas de esas personas, algunas veces, no tienen que pagar la cuenta del restaurante”, reconoce el propio Drew en GQ. “Pero eso no significa que vayan a elegir ese establecimiento como uno de sus siete candidatos. Creemos que tienen un poco más de inteligencia e integridad”.

El chef Virgilio Martinez en el restaurante Central, de Lima. (Reuters/Mariana Bazo)
El chef Virgilio Martinez en el restaurante Central, de Lima. (Reuters/Mariana Bazo)

La santificación de un tipo de cocina

Ni qué decir tiene que muchos de los restaurantes del ‘ranking’ ofrecen una excelente experiencia gastronómica, pero como apunta Martin, el listado está lleno de establecimientos donde lo importante no es la comida, sino su exclusividad: “Todas las malas experiencias que he vivido en los restaurantes de la lista fueron malas por lo mismo: eran difíciles, efectistas y frías; se valoraba la creatividad sobre la comodidad, la fotogenia del plato por encima de la exquisitez del mismo, y muchos eran desalentadores y agotadores”.

Muchos críticos coinciden en señalar que los restaurantes que aparecen en la lista parecen haber sido diseñados con el patrón propio de esta, en una especie de circulo vicioso de esnobismo para ricos.

Demasiado a menudo el tipo de restaurante que aparece en estos premios es el equivalente gastronómico a la banda de rock progresivo Rush

Como cuenta Lauren Collins en ‘The New Yorker’ a modo de ejemplo, el restaurante neoyorquino Eleven Madison Park rediseñó toda su carta y su decoración para atraer a los votantes del ‘ranking’, con la certeza de que lo que estos valoran es, principalmente, la teatralidad de la propuesta. Por ello incluyeron un postre que imitaba el juego de un trilero y un plato de cerveza y queso que se presentaba en una cesta de picnic ‘vintage’, todo ello para emular el ambiente de Central Park.

“Sin lugar a dudas, estos restaurantes son todos producto de un gran talento y esfuerzo; usan ingredientes espectaculares y demuestran un alto grado de dificultad técnica”, reconoce Martin. “Pero, como ocurre con las bandas de rock, en cuanto empiezas a defender a los restaurantes con un criterio semejante, la batalla ya está perdida. Demasiado a menudo el tipo de restaurante que aparece en estos premios es el equivalente gastronómico a Rush [una famosa banda de rock progresivo]. Y un aperitivo nunca va a saber mejor porque te hayan informado de que ha sido compuesto en un compás de 11/8”.

https://www.elconfidencial.com/

Los diez mejores discos de la década de los 60, según Hunter Thompson

Los diez mejores discos de la década de los 60, según Hunter Thompson

Alejandro Jofré

El hombre que dio vida al inimitable periodismo gonzo pensaba que la música era la nueva literatura y que Bob Dylan fue la respuesta a Ernest Hemingway.

“Me molesta su prejuicio de que la música no es mi bolsa”, le escribió Hunter S. Thompson a fines de 1970 al editor de Rolling Stone, John Lombardo.

“He estado discutiendo en los últimos años: la música es la nueva literatura, Dylan es la respuesta de los años 60 a Hemingway, y las principales voces de los años 70 estarán en los discos y las cintas de video en lugar de los libros”.

En esa misma carta, recogida en el volumen Fear and loathing in America: the brutal odyssey of an outlaw journalist, Thompson escribe una lista de los mejores discos de la década de 1960 firmada por su álter ego Raoul Duke, el protagonista de Miedo y asco en Las Vegas.

Estos son los diez mejores discos de los años 60, según el hombre de El diario del ron:


1- Herbie Mann – Memphis underground


2- Bob Dylan – Bringing it all back home


3- Bob Dylan – Highway 61 revisited


4- The Grateful Dead – Workingman’s dead


5- The Rolling Stones – Let it bleed


6- Buffalo Springfield – Buffalo Springfield


7- Jefferson Airplane – Surrealistic pillow


8- Roland Kirk – Introducing…


9- Miles Davis – Sketches of Spain


10- Sandy Bull – Inventions


Revisa un compilado de Culto con algunos tracks de cada disco y recuerda seguirnos en Spotify:

http://culto.latercera.com/

Alemania publica una carta del abuelo de Trump donde ruega para que no lo deporten

Por Alfonso Peña

Un tabloide alemán publicó una carta del abuelo de Donald Trump, en la que le ruega a las autoridades de ese país que no lo deporten. La carta, escrita a mano originalmente en alemán, fue traducida y publicada por “Harper’s”.

friedrich trump

El abuelo de Trump, Friedrich Trump, primero emigró a los Estados Unidos desde el pueblo Bávaron de Kallstadt en el imperio alemán en 1885 a la edad de 16 años, ilegalmente evitando el servicio militar obligatorio (lo mismo que hizo Trump para evitar ir a la guerra de Vietnam).

Eso causó que perdiera su ciudadanía, y luego se volviera ciudadano estadounidense, donde amasó su fortuna adminitrando burdeles y bares durante la fiebre del oro el Yukon. Trump abuelo, regresó a su país natal a principios del siglo XX, pero fue fichado para deportación por su antecedente.

trump

En medio de las polémicas deportaciones de la administración Trump, que separa familias deportando a padres y madres, la carta de su abuelo muestra una preocupación similar. La carta es un ruego al príncipe Luitpold de Bavaria, quien gobernaba Kallstadt en ese tiempo, para no ser deportado a los Estados Unidos “¿Por qué debería ser deportado? Eso es muy, muy duro para la familia”, escribe. “¿Qué pensarán nuestros conciudadanos si las personas honestas son tratadas así?”.

Al parecer, la carta no funcionó, pues la historia muestra a Trump abuelo de vuelta en los EE. UU., procreando un linaje que llegaría hasta la Casa Blanca. Esta es la carta:

“Los Emigrantes

“Por Friedrich Trump

“¡Su serenísimo, y poderosísim Príncipe Regente! ¡El más gracioso regente y señor!

“Nací en Kallstadt el 14 de marzo de 1869. Mis padres eran trabajadores de los viñedos honestos y piadosos. Ellos me condujeron estrictamente a todo lo que es bueno, con diligencia y piedad, a asistir regularmente a la escuela y a la iglesia, a la completa obediencia de la autoridad.

“Después de mi confirmación en 1882, aprendí el oficio de barbero. Emigré en 1885, cuando cumplí 16 años. En América llevé mi negocio con diligencia, discreción y prudencia. La bendición de Dios estaba conmigo, y me volví rico. Obtuve la ciudadanía estadounidense en 1892. En 1902 conocía a mi esposa. Tristemente, ella no podía tolerar el clima de Nueva York, por eso regresé con mo adorada familia a Kallstadt.

migrantes

“El pueblo me recibió con gusto como un ciudadano capaz y productivo. Mi anciana madre estaba feliz de ver a su hijo, y a su nuera, así como a su nieta; ella sabe que cuidaré de ella cuando sea mayor.

“Pero fuimos confrontados, como si cayera un rayo, con las nuevas de que el ministerio del Estado Real, decidió que debemos dejar nuestra residencia en el reino de Bavaria. Quedamos paralizados, nuestra familia sufrió de terrible ansiedad, y mis amada hija se enfermó.

“¿Por qué deberíamos ser deportados? Esto es muy, muy difícil para la familia. ¿Qué pensaran nuestros conciudadanos si sujetos honestos son tratados así? Sin mencionar las grandes pérdidas materiales que sufriremos. Quisiera volver a ser un ciudadano bávaro de nuevo.

“En esta situación urgente, no tengo otro recurso que voltear los ojos a nuestro adorado, noble, sabio, y justo señor, nuestro gobernante, altísima excelencia, quien ha llorado muchas lágrimas, quien ha gobernado tan benéfica y justamente, y dulcemente amado, con la petición más humilde de que el señor tenga piedad y permita a su siervo quedarse en el más gracioso reino de Bavaria.

“Su más humilde siervo,

“Friedrich Trump.”

https://www.laguiadelvaron.com

Un país tan antipático como su presidente

“¡Vete a tu jodido país!” es la frase más repetida en un EE UU campeón de la libertad Un país tan antipático como su presidente

RAMÓN LOBO

El presidente Donald Trump en el mitin de Greenville.
El presidente Donald Trump en el mitin de Greenville. AP

“¡Devuélvelos a casa!”. Ese fue el grito con el que miles de seguidores recibieron el miércoles a Donald Trump en un mitin en Greenville (Carolina del Norte), una plaza fuerte republicana. Ese va a ser el clamor de una larguísima campaña para la reelección en noviembre de 2020 basada no ya en la migración, como hace cuatro años, sino en el despertar del odio; “¡vete a tu jodido país!” es la frase más repetida en un EE UU campeón de la libertad que se está convirtiendo en un país tan antipático como su presidente. No solo se expresa como un xenófobo al pedir a cuatro congresistas demócratas que dejen de odiar a EE UU y regresen a sus países, es que también actúa como un racista. Toda su política migratoria, que viola los derechos humanos, está basada en el convencimiento de que el otro, el latino en este caso, es inferior, un criminal que trata de entrar ilegalmente. Lo es porque en agosto de 2017 tardó días en condenar a los supremacistas blancos (neonazis), una de sus bases electorales, tras la muerte de un manifestante en Charlottesville. Se limitó a rechazar la violencia de ambas partes.

El ataque contra las congresistas —tres de ellas nacidas en EE UU; ¿adónde se van a ir?— ha sido a través de Twitter, su herramienta favorita, en la que se comporta como un trol, o un bot ruso (modo ironía). Trump, como muchos autócratas, no tolera la crítica. La diana han sido cuatro mujeres de la izquierda del Partido Demócrata, lo que añade a su extenso currículo de faltón en jefe el título de machista, algo notorio desde hace años. A Ilham Omar, representante por Minnesota, nacida en Mogadiscio y de nacionalidad estadounidense, le insinuó contactos con Al Qaeda. Es irresponsable afirmar estas cosas en un país que tiene más armas que habitantes.

De las cuatro insultadas, le preocupa Alexandria Ocasio-Cortez, convertida en pocos meses en una referencia mediática. Es brillante, tiene discurso, imagen y maneja las redes sociales. Los demócratas se unieron en defensa de sus congresistas, no así los republicanos, que miran para otro lado. Los más arriesgados condenaron lo dicho, pero sin retirar su apoyo al presidente. Las encuestas recogen un aumento de cinco puntos en su popularidad.

¿Por qué lo ha hecho? Porque es un bocazas. Porque toda su presidencia es una gran cortina de humo, y esta vez teme que el escándalo de Epstein, un millonario que prostituía a menores de edad, le salpique. Se están publicando fotos y vídeos comprometedores. Porque solo sabe estar en campaña electoral. Hay una cuarta razón: busca que los demócratas inicien el proceso de destitución (impeachment), que ganaría en el Senado y le serviría de plataforma en 2020. De momento, no caen en la trampa.

Una tentación muy europea es considerarle un patán, un tipo sin cultura —que no le sobra— y tonto. Esto sería un error. Es un maestro del tempo televisivo y tiene inteligencia. Sabe lo que hace. Interpreta a un personaje triunfador, como Berlusconi, en el que se ve reflejada gran parte de una sociedad a la que le gustaría ser como él: rica, famosa y con éxito social.

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