Desde que muriera en 1977, la influencia de la obra de Jim Thomson ha traspasado los límites de la novela negra. Porque a un escritor del tamaño del norteamericano le queda pequeño el estrecho traje de cualquier género literario con sus medidas estándar. Thomson rompió todas las costuras; y aún hoy, lo continúa haciendo. Sus novelas son reeditadas continuamente y sus admiradores siguen creciendo año tras año. Si te gusta Thomson, no tiene por qué gustarte la novela negra; pero si te gusta la novela negra, te gustará Thomson. Ya prácticamente nadie duda de su presencia con total merecimiento en ese pódium del Noir formado por Raymond Chadler, Dashiell Hammett y él.

La editorial Planeta Cómic acaba de publicar en formato de novela gráfica una de las obras más potentes de Jim Thomson: El asesino dentro de mí. Una verdadera maravilla cuidada hasta el más mínimo detalle desde la introducción, escrita por un tal Stephen King (sí, él también es admirador de Jim Thomson, ¿lo dudaban?). Casi nada. El cómic se mantiene fiel al original sobre todo en su esencia, en eso que hace único a Thomson: la descripción del psicópata, no sólo de sus actos, sino de su mente. Y cómo la sociedad se va pareciendo más a ellos, por eso se sienten tan cómodos, por eso casi es el mundo el que les pone en bandeja el que sigan matando.

Lou Ford es el atractivo y educado ayudante del sheriff de Central City, una localidad petrolera al oeste de Texas. Todos en el pueblo piensan que Lou es un tipo tranquilo, algo corrupto y sin muchas luces. Pero esa afabilidad es solo apariencia. Algo en él se despierta cuando conoce a Joyce Lakeland, una prostituta que quiere casarse con el hijo del magnate del pueblo para después sacar todo lo que pueda en el divorcio. Ese algo que revive dentro de él es “la enfermedad”, la misma que le llevó a matar a una niña de tres años en su infancia. “La enfermedad” no se había marchado, seguía allí, agazapada en su interior esperando para salir. Y Lou siente alivio cuando la libera, cuando se deja llevar por la feroz y sangrienta violencia criminal que le hace sentir vivo.

El comic mantiene a Lou como narrador de su propia historia, que sea él, en primera persona el que nos lleve por los recovecos de su mente. Los dibujos limpios de Vic Malhotra, y el guión de Devin Faraci convierten a este comic en un imprescindible, una prueba de lo que se puede hacer con cuidado, respeto y buen gusto. La obra destila devoción por la novela de Thomson. Una maravillosa noticia para todos los que admiramos al escritor. Un clásico súbito.

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