Autoestima

12, picasso, muchacha ante el espejo

Autoestima significa la capacidad de evaluarse o valorarse a sí mismo. En consecuencia, quien alcance un buen nivel de autoestima significa que se valora adecuadamente. Sin embargo, hay que aclarar lo siguiente: No es autoestima pensar que yo soy algo, rubio y de ojos celestes. Esto es un delirio. No es tener la autoestima alta pensar que yo soy lo que no soy. La autoestima consiste en saber que soy lo que verdaderamente soy. Y digo esto porque en la actualidad es común malinterpretar el concepto de autoestima sustituyéndolo por la hipocresía de decirle a un idiota que es un genio. Y no es así. En verdad, la autoestima alta de un idiota debería expresarse afirmando: “Si, soy un idiota, ¿ y qué ?, ¿ por qué todo el mundo tiene que ser inteligente ? ¿ Por qué algunos no podemos ser idiotas ? Qué, ¿ los idiotas no tenemos derecho a vivir, acaso ? Supongamos que yo soy un idiota, ¿ Y si lo soy ? Es más, en muchos aspectos de mi vida, soy un idiota. ¿ Y cuál es el problema de que sea así ? ¿ Tengo que ser siempre prolijito, eficiente, eficaz ? ¿ Siempre tengo que tener la respuesta correcta, adecuada, y hacer lo que se deba hacer ? Pues no, en algunos aspectos de mi vida, soy un idiota. Y la verdad es que no me molesta serlo. Esto es tener la autoestima puesta en el lugar; saber que hay aspectos en los que tengo ciertas capacidades y otros en los que no las tengo. Y donde no tengo mis capacidades, ¿ saben qué tengo ? Mis incapacidades, o mejor dicho, mis discapacidades. Las mías y las de todos. Porque, nos guste o no, de alguna forma y en alguna medida todos somos discapacitados.
Todos tenemos un Yo ideal. Para mí, el Jorge que yo debería ser es el Jorge prolijo, ordenado, flaco, inteligente. Y para vos, o para vos, la que tus padres o tíos o maestros te dijeron que deberías ser. Otro sentirá que debería ser el tipo que su religión le señaló que sería correcto que fuera. en fin, un YO IDEAL, un yo sublime. Pero también sé que hay un YO REAL, no el que debería ser, sino el que soy. Este concepto es generador de conflicto. Me fastidia tomar conciencia del déficit, que es el resultado de restarle al YO IDEAL el YO REAL. Cuanto más voluminoso es el resultado de esa comparación, más conflictiva es la conciencia del déficit. Sea como fuere, esa conciencia empuja en mí una desición: La decisión de cambiar. Para sostener esta desición cuento con mi AUTOEXIGENCIA, que me recordará todo el tiempo que “lo que cuesta vale”. Y entonces me esfuerzo por cabiar; por ser como se debe. Tarde o temprano me doy cuenta que por mucho que me esmere no consigo ser el Jorge ideal. Tomo conciencia de que no puedo ser “como debería”. Y entonces me frustro. Me siento un fracasado. De allí en más, el resultado es previsible: La autoexigencia, sumada al esfuerzo en vano más la continua frustración del fracaso, terminan por agotar mi deseo, mi energía, y mi voluntad de hacer. Esta situación en psiquiatría se conoce como DEPRESION. Y uno de los síntomas de estas depresiones es la brutal caída de la autoestima. Como es esperable, la caída de la autoestima termina deteriorando la imagen que tengo de mi mismo con lo cual, aumenta aún más la distancia que hay entre el YO IDEAL y el YO REAL, lo cual produce más conciencia de déficit,más autoexigencia, más esfuerzo, etc, etc. ESto es un círculo vicioso, un callejón sin salida, un mecanismo neurótico por excelencia.

Jorge Bucay

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