El Paraiso

eva-en-el-paraiso-24-x-40-sm

SIEMPRE me ha sorprendido qué detalladamente nos expone la Iglesia los tormentos del Infierno. No es sólo el llanto y el crujir de dientes, sino llamas, tridentes, tenazas, penas de daño y de sentido… «¿Cómo esa imaginación», me he preguntado siempre, «no alcanza nunca al cielo?» Los deleites celestiales no se enumeran. Se habla de la visión beatífica, y basta. Hasta el Dante aburre en el Paraíso, a pesar de deslumbrarlo con la luz de Beatriz, a quien amaba aquí, aquí, aquí… ¿Es que la salvación -¿de qué?- es inimaginable? ¿Por qué tal escasez de fantasía para las complacencias? Qué religión tan rara. El Islam es más explícito: para los varones, vírgenes entregadas; para las mujeres -eso espero- su revirginización… Hay un santo, sin embargo, poco conocido entre nosotros -san Leonardo de Porto Maurizio- que se define más: «Il Paradiso in cielo è il godere» -ya salió la palabra-, in terra è il soffrire.» En conclusión: para godere, como era imaginable, habremos de esperar queso de Philadelphia.

Antonio Gala/elmundo.es

Deja un comentario