Lunas y lunaticos

Lunas y lunaticos

Sobre la superficie lunar se encontraban dos astronautas. Estaban a unos cuantos metros de la nave de aterrizaje, donde el resto del equipo bajaba todo el material necesario para larga lista de experimentos planeados. El capitán James Mayansky increpó a su acompañante:

-¿Qué, te convences ahora? ¿Es esto suficiente prueba? Has estado callado todo el viaje desde que despegamos de la Tierra, podrías decir algo.

El segundo astronauta guardó silencio. Detrás del cristal de su casco espacial su rostro estaba serio y ceñudo.

-¿No quieres hablar, eh? Ven, vamos a ver el módulo de alunizaje original.

James tomó de la mano a su compañero y le guió hasta detrás de una duna plateada, donde se encontraba el histórico módulo lunar del Apolo 11. Por unos instantes se detuvo para disfrutar del momento: ¡Toda una vida de entrenamiento y al final lo había conseguido! Estaba en la Luna, contemplando el preciso lugar donde la había pisado por primera vez la humanidad. Se sintió extremadamente afortunado. ¡Que maravillosa vista!

-¿Lo ves? Está todo ahí. El módulo, las huellas de los astronautas, las marcas del aterrizaje, la placa con la firma de Armstrong…

James dejó de hablar para observar a su acompañante, que seguía silencioso y con cara de pocos amigos. Se preguntó si estaba escuchando, tal vez estaba en algún tipo de shock. Igual estaba enfermo. Al fin y al cabo no era la persona mejor entrenada de la misión.

“¡No es justo que esté aquí!”, pensó James. “El único mérito que tiene este hombre es ser el chalado con la página conspiración lunar más popular. El directivo de la NASA que lo seleccionó para venir con nosotros tiene un sentido del humor de lo más retorcido.” De pronto sintió lástima por él. Toda una vida dedicada a buscar fantasmas y pruebas de que el hombre no había llegado a la luna para acabar pisándola él mismo. La situación era más trágica que irónica. Intentó ser amable.

-Mira, sé que es difícil aceptar que llevas toda la vida obsesionado con una idea, pero disfruta de estar aquí, del enorme privilegio que se te ha concedido y de…

-Es un montaje.

-¡¿QUÉ?!

-Es un montaje. Obviamente no estamos en la luna, todo esto es un elaborado escenario. Con la tecnología actual es imposible llegar a la Luna.

-Pero eso es absurdo. Yo…

-Vamos a ver, si yo no soy capaz de instalarme la impresora en mi güindous y soy más listo que el hambre. ¿Cómo vais a ser vosotros capaces de llegar a la Luna? Es un argumento irrefutable.¿Creíais que seríais capaces de engañarme, eh? ¿Eh? ¡Pues estabais equivocados!

-Pero… pero…

-Tengo que reconocer que ha sido un buen truco lo de pintar el desierto de Nevada de blanco y lanzar un enorme globo aerostático con la forma exacta del planeta Tierra para intentar hacerlo más creible.

James no se lo podía creer. ¡Tenía que haber algo que la paranoia de este hombre no fuera capaz de explicar!

-¡Ya lo tengo! ¿Que me dices de la gravedad? ¿No te sientes más ligero?

El conspiranoico enarcó las cejas.

-¡Ja! Buen intento, “Capitán”. Es un Campo Antigravitatorio Electromagnético (CAE) sacado del Área 51 implantado bajo tierra. Todo el mundo sabe que el gobierno Estadounidense extrajo esa tecnología del Ovni que aterrizó en la tierra en 1947 en Huelva.

-¿De qué estás hablando? ¿Dónde está Huelva? ¿Cómo es posible que creas que el gobierno Estadounidense esté en contacto con alienígenas y tenga esa clase de tecnología y sin embargo sostengas que el hombre no llegó a la Luna? ¡Tú has llegado a la Luna! ¡ESTAMOS EN LA LUNA!

-Desde luego, que poca capacidad interpretativa tienen los agentes del FBI. ¿Creía que me iba a impresionar con el “despegue” desde la Tierra? Con esos cientos de actores posando como técnicos de la NASA, toda la prensa internacional haciendo el paripé, las asombrosas vistas de la tierra fuera de órbita… La enhorabuena de mi parte a los encargados del departamento de animación multimedia, porque la verdad es que me costó ver el montaje. Han mejorado ustedes desde el burdo intento de 1969, pero siguen sin ser capaces de engañarme.

-Oh, dios mio… – James se llevó las manos al cristal del casco.

-Veo que ya se ha cansado de intentar engañarme y se ha rendido a la evidencia, agente. Espero que no le importe si me quito este casco de moto que me han puesto, es bastante incómodo…

-¡Pero que haces, idiota!

El conspiranoico se quitó el casco y cayó al suelo con claros síntomas de asfixia. Mientras se agarraba el cuello y los ojos se le salían de las órbitas, James se apresuró en volverselo a colocar. El conspiranoico volvió a respirar y dijo entre jadeos:

-¿Hasta donde pretendeis llegar para intentar convencerme de esta patraña? Habeis sellado este área del desierto de Arizona con una cúpula gigante, habeis pintado las estrellas y las constelaciones y habeis extraído todo el oxígeno con un fuelle. A mi me la vais a pegar, cachorros de los Illuminati.

-Sigh… Volvamos a la nave.

El Capitán James Mayansky volvió a la nave arrastrando las botas de su traje espacial. A su lado su acompañante le seguía dando saltitos en la baja gravedad, feliz por haber conseguido, una vez más, no ser engañado.

Juin/perpicalia.com

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