Adéu a los toros y olé


La prohibición de los toros es una venganza por el

éxito de la Selección Española.

Jaime Mayor Oreja (fuente), autor asimismo de:

¿Por qué voy a tener que condenar yo el

franquismo si hubo muchas familias que lo

vivieron con naturalidad y normalidad? (Fuente)

Adéu a los toros y olé
Patrick Lebreton

España se rompe. Otra vez.

Dicen Rajoy y Aguirre que los catalufos no quieren ser españoles y, por tanto, se han vuelto ecologistas los muy cabrones. Porque matar toros, ya se sabe, es muy español. ¡Qué coño, es la esencia misma de España! Y Alfonso Alonso, presidente del PP vasco, se lanza un órdago y afirma que en Euskadi las corridas permanecerán en la legalidad porque -ojo- “los toros los inventaron los vascos“.

La prensa internacional se hace un eco más bien desconcertado: España, la próxima Grecia, gana todo en deportes y pierde los cuernos por el camino. Pero no toda España, aclaran, sólo Catalonia, la más cool de las spanish regions, la del Barça, Woody Allen y las Erasmus.

¡Los toros los criamos nosotros y nos los follamos cuando queremos!, clama la masa profiesta nacional. El macho contra el bicho, lentejuelas y testosterona son parte de la idiosincrasia del país más rico de África. ¿Acaso no es cruel comerse un filete?, gritan entre lágrimas los patriotas de vieja escuela. ¿Acaso no hay un poso de barbarie en una tostadita con paté? ¿Acaso no dijo Jesucristo: “id y haced lo que os salga de la punta del nabo con los bichos y que no se os pase cobrar entrada”? ¿Acaso no llevamos matando toros desde que el primer sol se alzó, glorioso, sobre el Vasto Imperio Español?

Olvídate de la sangre en la arena, piensa en la tradición. Ésa es la palabra de moda en España desde los Reyes Católicos. Por tradición rezamos, por tradición guardamos luto, vamos y venimos de Santiago, pedimos suerte a la Virgen y perdón a Jesucristo. Por tradición juramos honor a la Constitución y al Rey y al semen de toro y a nuestra señora y a la madre de nuestra señora. Por tradición mantenemos contacto con la prima, rezamos en las escuelas y abrillantamos águilas en los edificios. La tradición es un invento fantástico para ir tirando sin pensar demasiado y sin cuestionar los viejos modelos de nuestros padres.

La derecha más rancia (esto es, la derecha entera) ve en la prohibición catalana una mutilación de los derechos civiles. Montilla y Blanco, iconos del librepensamiento, proclaman a los cuatro vientos que ellos están en contra de las prohibiciones. Hoy, en televisiones y periódicos, la inmensa mayoría de nuestros políticos enarbolan el eslogan sesentayochista de la no-prohibición (una tesis, por cierto, que también defienden los republicanos norteamericanos). Son, curiosamente, los mismos políticos que ilegalizan partidos, cierran periódicos, justifican el secuestro de revistas de humor y politizan la justicia. Los mismos que ejercitan el cinismo con tal naturalidad que ya nos parece algo consustancial a la democracia.

España, sería mi titular, abandona lentamente la Edad Media. Los motivos son lo de menos. A ver si, con un poco de suerte, rompemos España de verdad y volvemos a hacerla partiendo de cero.

Jose A. Perez/mimesacojea.es

Deja un comentario