Afganistán, internet y el milagro.com

Afganistán, internet y el milagro.com

Daños colaterales

Irene Selser

La función del periodismo es cuestionar el poder”, respondió ayer en Londres el australiano Julian Assange, creador del sitio cuasi secreto en la web, WikiLeaks, que suele divulgar material clasificado, y que en estas horas es objeto de las peores acusaciones del Pentágono y los demás ministerios de Defensa de la alianza militar occidental, la OTAN, por haber subido a la web y compartido con tres publicaciones de prestigio unos 92 mil documentos de inteligencia estadunidense sobre la guerra en Afganistán desde 2004 a la fecha. Assange compartió los documentos con el diario londinense The Guardian, el New York Times y el semanario alemán Der Spiegel, los cuales habrían recibido la información top secret hace algunas semanas.

Entre muchos otros datos salidos de “sesiones secretas de estrategia”, informes de agentes o de colaboradores afganos de la embajada de EU en Kabul y otras fuentes, se consigna la muerte de civiles afganos como parte de los famosos “daños colaterales” de las guerras.

Entre las revelaciones figura la certeza de la inteligencia militar de Estados Unidos de que el servicio secreto paquistaní (ISI) está detrás del fallido intento de asesinato del presidente afgano Hamid Karzai en 2008; de los ataques de rebeldes afganos contra aviones de la OTAN, y de los atentados contra la embajada india en Kabul, en 2008. Por supuesto, el embajador paquistaní en Washington criticó de “irresponsable” a WikiLeaks y negó por “tendenciosos” los documentos.

Pero más allá de los contenidos filtrados, que podrían convertirse en otro escándalo como el de las bestialidades cometidas por soldados de EU en la cárcel iraquí de Abu Ghraib, el tema nos remite al viejo debate sobre el derecho a la información. La polémica hizo furor en los años de 1970, cuando el entonces activo Movimiento de los Países No Alineados (NOAL) decidió en su cumbre de Argelia (1973) impulsar lo que se llamó el Nuevo Orden Internacional de la Información, cuyo objetivo era democratizar el uso de los medios y asegurar a los países del Sur en vías de desarrollo el libre acceso a la información, controlada por los gobiernos y la “gran prensa del Norte”, escrita y electrónica. Una utopía que tenía que ver en ese momento con las luchas de liberación en Asia y África y contra el colonialismo político y cultural en todo el planeta que, a la vuelta de las décadas, parece estar más cerca de dicha meta, con las herramientas de la cibercarretera -Twitter incluido-, según muestra el caso de WikiLeaks y muchos otros ejemplos de abusos de poder denunciados en la red.

Deja un comentario