Aguirre y su contrato por un día

Aguirre y su contrato por un día

Es una silla eléctrica, no recuerdo un tipo que haya sido el mismo después de sentarse allí. El shock no es exclusivo del futbol mexicano, dirigir a la selección nacional de un país favorito, emblemático, o sobredimensionado como el nuestro es una profesión de alto riesgo. El precio lo paga, casi siempre se van bien despachados. Ninguno tendrá problemas económicos. Pero terminan desquiciados. Hay que ver la cara de Aguirre los últimos días, no hace falta ser psicólogo para entender que acabó odiando el futbol. Queda demostrado que fue obligado a dirigir a México. Durante meses fingió demencia, sabía que el riesgo para su carrera era inmenso. Por eso se dejó pedir el oro del moro, hizo bien. También es cierto que mejorar su futuro como entrenador estuvo en sus manos.

El día de Sudáfrica lo culparon, el día de Francia lo exaltaron, contra Uruguay se enterró el solo y con Argentina, si hubiera ganado por ejemplo, hoy estaría cotizadísimo. Es lo que tiene un Mundial. Te consagra o te hunde, Aguirre terminó tablas. Tiene su cartel en Europa, pero ante los ojos de los clubes grandes, la suya es una propuesta muy típica, desgastada. Hay que verlo así, durante meses Aguirre fue un patriota, como muchos, se equivocó con buenas intenciones. Me queda claro que nunca pretendió el mal del equipo. Todo lo contrario. Hizo cosas buenas, esta vez las menos y otras impresentables, rayando en el ridículo. La duda queda si eran parte de su contrato o realmente sus convicciones cambiaron. Aquel día del famoso “jodido” realmente explotó, se encontró con él mismo, se proyectó. Era el Aguirre verdadero, así veía las cosas, me refiero al Mundial, no al México que lo utilizó y ayer lo despidió. Al final lo contrataron para este día.

Jose Ramon Fernandez jr./mileniodiario

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