Cuestion de fe

Cuestion de fe

Este Mundial le ha devuelto a uno la fe en unas cuantas cosas.

Uno creía, por ejemplo, que quienes se atrevían a hacer predicciones eran necesariamente tontos o deshonestos. Entre los tontos me incluyo yo, convencido como estaba (lo dije hace unos días) de que Argentina iba a ganar a Alemania y a España. En algún otro lugar opiné también que Ghana iba a ser la revelación y que Milito o Villa iban a ser los máximos goleadores: subrayo mi acierto con Milito.

Cabe el consuelo de que hay casos peores. Ahí está Moody´s, una empresa cuyas acciones suben con brío mientras escribo estas líneas.

Moody´s se dedica a valorar activos financieros. Es decir, pronostica si unas acciones tenderán a subir o bajar, o si unos bonos valen mucho o poco, o si una deuda pública es segura o insegura. Uno de los propietarios de Moody´s es el inversor más famoso del mundo, Warren Buffet: debe ser muy útil, cuando te dedicas a comprar y vender por miles de millones, tener mano en una de las sociedades que deciden los precios.

Moody´s, lo recordarán, dio la máxima calificación a los bancos forrados de derivados financieros hasta el mismo día del batacazo. Antes de eso, despidió a varios analistas que se atrevieron a intuir la hecatombe bancaria. Y ahora que los Estados han salvado a los bancos pagando cantidades gigantescas, Moody´s empieza a considerar que algunas deudas nacionales, como la española, no son del todo seguras.

Moody´s demuestra que las predicciones no tienen por qué ser necesariamente tontas o deshonestas. Pueden ser ambas cosas a la vez.

Y el pulpo Paul demuestra lo contrario: que se puede ser relativamente espabilado (los pulpos poseen de largo la inteligencia más poderosa entre los invertebrados y en diversos experimentos se ha demostrado que tienen memoria e incluso capacidad de aprender mediante la observación), relativamente honesto (las tarifas de Paul se limitan a algún mejillón que otro) y acertar casi siempre en las predicciones.

No sólo Paul me ha devuelto un poco de fe. También Puyol.

Soy de los que tienden a exasperarse y a mirar el reloj en cuanto la selección española se dedica a sobar la pelota y a moverla de una banda a otra sin ganar un metro. Ya, ya sé que soy un antiguo. Por eso me llevé una alegría cuando Puyol demostró que el equipo de España no siempre necesita 20 toques en el área pequeña, una filigrana de Iniesta y una curvatura del espacio-tiempo hacia Villa para fabricar un gol, y que aún es capaz de marcar un gol clásico, como los de antes.

Gracias a Puyol, creo más en la selección. Gracias a Paul y a Puyol, me declaro moderadamente optimista ante la final.

Enric Gonzalez/blogdelpais,es

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