Duele Mexico

Balas anquilosadas en la tierra de un país que teme y llora a cada uno de sus muertos, de sus ciudadanos que no saben cuál será el último de sus días.

Yuriria Sierra /exonline.com.mx

Duele Mexico

De nuevo sangre, de nuevo esquirlas, de nuevo llanto, de nuevo furia que cosecha furia y siembra miedo. Otra vez nuestro país con ese rojo en su bandera más profundo que nunca. Ya no es sólo Ciudad Juárez, ya es un territorio de 32 estados que se cubre a momentos para sortear las ráfagas de fuego. Es Tijuana, Monterrey, Morelia, Cuernavaca, Torreón, Reynosa. es una calle y dos más adelante, es una nota policiaca escrita a diario convertida ya en referencia para el resto de la prensa en el mundo.

De nuevo amanecimos adoloridos, una herida más sobre las otras veinte que no han terminado de cerrar. Son esas balas anquilosadas en la tierra de un país que teme y llora a cada uno de sus muertos, a cada uno de sus ciudadanos que no saben cuál de todos será el último de sus días. Bajo una espesa nube de pánico, aquí, allá y acullá, por todas partes se respira miedo. es terrorismo, narcoterrorismo. como deseen llamarle, pero es terror al final de cuentas, terror hecho una molécula del aire que se respira en todos lados.

Duele México, duele cada una de esas semillas de pánico que se siembran y a veces se evaden. Fue el coche bomba en Ciudad Juárez el que puso en perspectiva el límite que se ha rebasado, por supuesto, con un cúmulo de antecedentes que respaldan esa penetración que el crimen ha logrado al interior de cada hogar donde, hayan llorado o no a sus muertos, le dan a ese pánico provocado la autoridad de decidir qué hacer con sus días.

¿Qué pasará ahora en Torreón? ¿Cómo podrán asegurar las autoridades que sus ciudadanos estarán a salvo en cualquier lado? ¿Cómo se pondrán a trabajar si no hay respaldo de un Estado que se empeña en minimizar los acontecimientos? ¿Cuándo se darán cuenta de que la evasión y el silencio es la peor estrategia para ejercer control?

¿Qué sucederá en Cuernavaca? ¿Cómo se regresa la confianza a una sociedad que ya no puede estar en paz ni siquiera bajo su propio techo? ¿Con el Ejército, con la Marina? ¿Con los de aquí? ¿Con los de allá?

Nos estamos convirtiendo en presos aun en las calles, estamos viviendo bajo el yugo de esos a quienes odiamos, se les ha otorgado autoridad a quienes callan, se les ha dado nuestra seguridad a quienes disparan apuntando contra nosotros. Convertido hoy en un Estado en guerra contra sus “malos hijos”, México nos duele al resto porque quedamos atrapados entre la impotencia y el miedo, entre una esperanza que se esfuma al escuchar lo que antes eran disparos al aire y hoy tienen un claro blanco.

México nos duele y seguirá así hasta que no se nos regresen las calles, hasta que no podamos tomarlas de nuevo, hasta que no se llenen con las risas de nuestros niños, de los jóvenes y de todos quienes aún nos sabemos los verdaderos dueños.

Duele México porque se piensa al unísono como un país que perdió el estribo y quedó entre una guerra ideológica sin sustento mientras aprovecharon el momento quienes usan las armas como argumento para defender lo que no les pertenece…

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