El efecto ambiental de los fuegos artificiales

El efecto ambiental de los fuegos artificiales

¿Cuál es el impacto ambiental de llenar el cielo nocturno de increíbles efectos luminosos y sonoros en alguna de las múltiples celebraciones de verano? Los espectáculos pirotécnicos son la máxima expresión de la fiesta, del estallido de la alegría, pero también tienen su lado negativo: contaminación, ruidos, molestias a la fauna o incluso incendios forestales.

La Asociación Española de Fabricantes de Fuegos Artificiales (Afape) asegura no disponer de datos de la cantidad de material pirotécnico que se quema en el país. Lo que sí afirma es que se trae mucho de fuera, fundamentalmente, de China. Según esta organización, el año pasado se importaron más de 3 millones de kilos de artículos pirotécnicos (valorados en 9,5 millones de euros), más de un millón de kilos menos que en 2008. Y, a la vez, los fabricantes españoles exportaron en 2009 casi 700.000 kilos (valorados en 8,7 millones de euros) a países como Canadá, Japón, Francia, Grecia, Emiratos Árabes, Cuba…

“El producto chino es más barato, pero también de peor calidad”, comenta Guillermo Rodríguez-Bronchu, representante de Afape, que asegura que este tipo de espectáculo ya no es como antes: “Ha cambiado la filosofía, antes se anunciaban exhibiciones de fuegos artificiales, con muchos efectos, ahora lo que cuenta es que haya mucho material, aunque dure poco en el cielo”.

Los fuegos artificiales son mucho más que pólvora. Para conseguir los distintos efectos y colores se requieren mezclas con múltiples compuestos químicos: bario para los tonos verdes, estroncio para los rojos, sodio para los dorados, aluminio para chispas plateadas y blancas, antimonio para destellos… Entre sus ingredientes, algunos estudios llaman la atención sobre el uso común de perclorato de potasio o de amonio como oxidantes. Un trabajo publicado hace unos años en la revista científica “Environmental Science & Technology” documentaba el aumento de concentraciones de perclorato en lagos de Estados Unidos cercanos a espectáculos pirotécnicos desde 2004 a 2006. Los investigadores encontraron aumentos de entre 24 y 1.028 veces la concentración media de estos compuestos en el agua a lo largo de las 14 horas siguientes a los fuegos artificiales, registrándose las mayores cantidades en la celebración del 4 de julio, Día de la Independencia de EEUU. La buena noticia es que existen fuegos artificiales más “verdes” que no utilizan perclorato, la mala es que resultan también más caros de fabricar.

En España, todo lo relacionado con el material pirotécnico está regulado por el Real Decreto 563/2010, aprobado el pasado 7 de mayo. En esta normativa se incide, por ejemplo, en que el nivel sonoro máximo no puede exceder los 120 dB (A,imp). Sin embargo, no se encuentra gran cosa sobre el polvo que cae del cielo tras una de estos espectáculos de ruido y luces.

¿Corremos el riesgo de morir en una tarde de 14 de julio demasiado iluminada? Esta es la pregunta que se hace de forma irónica la revista francesa Terra Eco para referirse a las consecuencias de los fuegos artificiales de la fiesta nacional de este país (en cuya celebración en París “se enciende la mecha” de 3 toneladas de material). Obviamente, resulta poco probable. Aún así, esta publicación advierte que tampoco son tan inocuos como se piensa. Para ello, cita las recomendaciones de la Oficina Federal de Medio Ambiente de Suiza para sus grandes fiestas del 1 de agosto: “Los grandes fuegos producen una concentración, breve pero realmente importante, de polvos finos y de compuestos colorantes metálicos”. Según este organismo, en proporción anual, la contaminación que se produce por estos espectáculos no deja de ser menor que la de grandes fuentes como el tráfico, pero considera que no es aconsejable asistir para las personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares.

“Si estalla y funciona bien, la contaminación química es mínima”, indica Rodríguez-Bronchu, que asegura que donde hay más riesgo químico es durante la producción del material pirotécnico. “Estamos avanzando”, afirma.

En zonas cercanas a espacios naturales estos espectáculos tienen otros impactos negativos. Por un lado, pueden suponer una fuente de estrés para la fauna. Pero, sobre todo, en determinadas circunstancias, constituyen un grave riesgo de incendio forestal. Ya ha ocurrido que el fuego que ha encendido la mecha de algunos de estos artificios pirotécnicos haya sido el detonante que ha acabado llenando de llamas algún monte cercano.

Clemente Alvarez

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