El narcoterrorismo y el paraíso perdido…

El narcoterrorismo y el paraíso perdido...Niños de Guerrero, desde poco antes que terminara el reciente curso escolar 2009-2010, han tenido que empezar a convivir con una nueva realidad: efectuar simulacros de balaceras. Así les ocurrió a educandos de un par de escuelas en Chilpancingo y Taxco. Y cuando inicie el ciclo 2010-2011, estudiantes de Acapulco y de la conflictiva región de Tierra Caliente los emularán.

“La realidad (por la guerra contra el crimen organizado) no se tiene previsto que vaya a cambiar. Los tiempos de antes, no volverán”, decía el general de división Juan Heriberto Salinas Altés, secretario de Seguridad Pública de la entidad, cuando explicaba que estos simulacros también se realizarán en “lugares públicos”. ¿Centros comerciales y playas? ¿Discotecas y restaurantes?

No hay de otra en Guerrero. Como no hay de otra en varias entidades de la República…

Covadonga Gómez, directora general de la Asociación de Hoteles y Empresas Turísticas de Acapulco, defendía al puerto con esta reflexión: “No hay ningún turista que venga a Acapulco desde el paraíso: el paraíso ya no existe”. Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas, Michoacán, Sinaloa, Morelos… No, en estos nuestros tiempos de la inevitable guerra contra el narco, ya no existe el paraíso en México. En mayor o menor grado, todas las entidades de la República —todas— sufren estragos.

Cuernavaca se vacía durante varios fines de semana por rumores sobre enfrentamientos entre células de cárteles. En Acapulco hay varias muertes colaterales en medio del fuego cruzado de fuerzas federales y narcos. En Morelia varias personas mueren y otras quedan mutiladas luego de que estallan granadas en plena fiesta de El Grito. En Ciudad Juárez, curada de por sí de espantos porque ahí el miedo es idiosincrasia, cunde el terror luego de que estalla un coche bomba cargado con un kilo (o diez, las autoridades no concluyen) de explosivos plásticos (al parecer del tipo Tobex, no C-4, como redacté). En Tijuana evacuan un kínder por una balacera entre delincuentes y tropas: los pequeños, entre lágrimas y sollozos, avanzan por las aceras… ¡con los brazos en alto!…

Estampas de distintos momentos: en México vamos teniendo que asimilar que esta guerra nos va arrancando, a punta de balas silbantes y artefactos detonados, algo que nos enorgullecía como nación: nuestros pequeños y entrañables paraísos.

Y lo peor: al convertir nuestros antiguos oasis en purgatorios, esta guerra va incrustándonos también nuevos e indeseables hábitos: nuestros hijos ya no se preparan nada más contra terremotos y huracanes, sino contra un desastre humano: la guerra contra el narcoterrorismo que nos ha alcanzado, con todo y sus simulacros…

Juan P. Becerra-Acosta

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