El pulpo debe votar

El pulpo debe votar

Que el mundo está mal lo sabemos porque nos fiamos más de un pulpo que del Foro de Davos o un presidente de Gobierno. El pulpo del Mundial sabe lo que no está en los escritos porque, puestos a que nadie diga ni sepa nunca nada, mejor fiarse de algo aunque sea de un cefalópodo que se alimenta con almejas. A saber cuántos políticos no nos recuerdan precisamente a un pulpo por esas mismas cosas: ser cefalópodos, toquetear y mangonearlo todo, hablar poco o casi nada y arramplar con las almejas. La diferencia es que a este pulpo, siendo alemán, se le entiende lo que dice sin hablar ningún idioma  y a nuestros políticos difícilmente se les entiende algo hablando bien español.

El pulpo Paul  no se ha enredado con opiniones melifluas, ni con pedos ideológicos ni con un «sí, pero no» tan político, correcto y moderado como se acostumbra ahora. Ni se ha andado por las ramas con un brillantísimo discurso insustancial pues, al fin y al cabo, tan sólo pretendía destapar y comerse aquella almeja.

Y sin acentos, historias ni papeles, el pulpo ha votado por España y ha conseguido desconcertarnos porque, estando acostumbrados a querernos sacar siempre los ojos, a discutir por ver quién tira el córner o a que un árbitro cabrón nos « joda» los partidos, esa gelatina comestible ha logrado devolvernos un poco de esperanza.

No sé exactamente si este pulpo será de derechas o de izquierdas o si tendrá tantos tentáculos como autonomías tenemos en España, pero si él nos tiene fe y nos ha elegido puede que, sin saberlo, también nos haya dado autoestima, pertenencia y todo eso que dicen los madrugadores de la patria, aunque yo creo que lo que, sobre todo, nos ha dado es claridad de ideas y fe en la entrega solidaria. El bicho, como un votante cualquiera, disponía de dos urnas y prefirió la de España que aunque él no lo sepa es un vínculo común y un solar patrio. Y si más tarde en el campo de fútbol ocurriera lo que tenga que ocurrir, no será porque su voluntad no la haya puesto en ese único y claro empeño colectivo.

 ¡Qué sería de nosotros si todos en las urnas lo hiciéramos igual y cuántas almejas no habría perdido España de tener la conciencia que tiene el pulpo Paul!

Manuel Prieto/larazon.es

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