Extranjeros

SERGIO SARMIENTO

“Cuando es tiempo de cosechar, eres un migrante……Después, eres un vago.”

Nunnally Johnson

Extranjeros

Una encuesta de CNN/Opinion Research Corporation revelaba hace unos días que el 55 por ciento de los estadounidenses está a favor de la ley SB 1070 de Arizona a pesar de reconocer que generará actos de discriminación. Solamente el 40 por ciento se opone a ella.

Muchos mexicanos han empezado ya a desgarrarse las vestiduras ante la ley. La verdad, sin embargo, es que los mexicanos discriminamos más a los extranjeros que los estadounidenses.

Son pocos los estudios de la actitud de los mexicanos hacia los extranjeros. Una encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica en octubre de 2009 señalaba que el 38.1 por ciento de los mexicanos considera que el número de extranjeros que viven en el país es muy alto, contra el 37.7 por ciento que dicen que no. Lo que sorprende es que sólo el 0.5 por ciento de los residentes del país nacieron en el extranjero, una cifra muy pequeña. En cambio, en Estados Unidos el 12.6 por ciento de la población nació fuera del país. Parece inverosímil que alguien pudiera suponer que hay demasiados extranjeros en México.

Si hablamos de los derechos de los inmigrantes, el 65.9 por ciento de los mexicanos encuestados piensa que los extranjeros no tienen ningún derecho a criticar lo que sucede en el país.

Si bien los mexicanos solemos pensar que somos muy abiertos, lo diminuto del porcentaje de la población nacida en otros países debería alertarnos sobre nuestro error. En México hay una actitud de desconfianza que a veces se traduce en abierto desprecio a los extranjeros: estadounidenses, españoles, argentinos, chilenos, libaneses, judíos, africanos. Tenemos reglas migratorias que serían inaceptables en casi cualquier lugar del mundo, como la que obliga a un inmigrante a vivir bajo la dependencia económica de su cónyuge mexicano en lugar de promover su participación en el mundo laboral. Igualmente discriminatoria es la regla que establece un límite al número de extranjeros que puede contratar una empresa. Los extranjeros tienen también prohibido comprar propiedades en la frontera o en las costas de México (mientras que los mexicanos han invertido decenas de miles de millones de dólares en propiedades en Estados Unidos).

En los casos de los inmigrantes centroamericanos o los negros la discriminación social y racial es abierta. Las dificultades para que un técnico o trabajador extranjero obtenga residencia en México son enormes sin importar los beneficios que pueda tener su labor. La ley establece, por otra parte, que la pena por la pérdida de empleo de un extranjero es la expulsión inmediata del país, como si perder el trabajo fuera un crimen.

Durante décadas los mexicanos cuyo padre o madre nacieron fuera del país no podían ocupar la Presidencia de la República. Si bien la restrictiva legislación que teníamos se ha modificado para permitir la doble nacionalidad, a los mexicanos que cuentan con ella se les impide ocupar cargos públicos relevantes o tener ciertos empleos, como el de piloto de aeronaves comerciales. Lo peor de todo es que los estudios internacionales revelan que la migración, en lugar de despojar de empleos a los locales, produce crecimiento económico y prosperidad para todos.

Quizá uno pueda culpar a la ignorancia por las actitudes xenofóbicas. Lo que no podemos hacer, sin embargo, es cuestionar a Estados Unidos por sus leyes cuando nosotros tenemos una legislación bastante más restrictiva que ha significado que el número de extranjeros en nuestro país sea uno de los más bajos del mundo.

SUSPENSIÓN

La suspensión temporal y parcial de algunas partes de la ley SB 1070 de Arizona no resolverá el problema de los migrantes mexicanos. La única solución real es muy sencilla. Hagamos las reformas económicas de fondo que nos permitan ser más productivos. Una de esas reformas sería abrir nuestro mercado laboral en lugar de mantenerlo atado con reglas peores que las de la Unión Americana.

www.sergiosarmiento.com

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