Ganar en tres tiempos

Ganar en tres tiempos

Irse

En la pared de un hospital se despega la última estampa que tenemos del futbol en sepia, boina calada y muelles. Alfredo Distéfano pide la hora y agua, pregunta por Puskas y dice que vio a Kubala. Cruza la línea que vuelve humano al héroe. Nunca lo vi jugar, existe porque confío en la palabra de mi abuelo. Es herencia, no me hizo falta el videotape. Contaba que Distéfano era dos en uno. Resolvía una desgracia en la línea convirtiéndola en gracia metros más tarde. Invento el desdoble. Un by pass marca su ritmo, se escabulle el mito que evitó la televisión de control remoto, un aparato que mi abuelo jamás entendió.

Quedarse

Los meses son las cajas de la historia, julio de 2010 guarda fechas imposibles, ahí se quedaron para siempre. Nunca un país ganó tanto en tan poco tiempo, Wimbledon, Mundial y Tour de Francia remachan su cerradura con el Gran Premio de Alemania en apenas cuatro semanas. España es la potencia de la época. Estados Unidos es del siglo pasado. Una pena que Cervantes no viva para traducirnos la historia del deporte al castellano.

Volver

Raúl González Blanco lleva escudo en el apellido, se despide una mañana para volver una última noche. Extraña cualidad de los campeones. El Real Madrid, un señor que sabe dar las gracias, convertirá a su capitán en rival con permiso de la suerte. Algo que hace de cada partido una belleza irrepetible. Raúl se va para volver a ganarse el Bernabéu en una fecha imposible, jugará Champions con el Schalke, equipo que le da oportunidad de querer más. Si el amor compite muere. El silencio es don de caballero, irse es don del solitario, volver es don de luchador. Querer no es don alguno; es la esperanza invencible del campeón para no decir adiós esta mañana.

Jose Ramon Fernandez jr/mileniodiario

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