La bomba de Juarez

La bomba de Juarez

Un coche bomba en el centro de una ciudad es una bomba en medio de la gente. El coche bomba detonado por sicarios en Ciudad Juárez la noche del jueves sigue el guión visto en otras partes respecto del ascenso de la violencia criminal bajo la presión del Estado.

Es la espiral colombiana: las bandas empiezan disparándose entre ellas, disparan luego contra el Estado (autoridades, mandos de la seguridad, etcétera) y terminan disparando contra la sociedad: matan candidatos, vuelan periódicos y ponen bombas en centros comerciales.

Sólo cuando se llega a estos últimos puntos, dice el guión, la sociedad en su conjunto empieza a reconocer que efectivamente está en medio de una guerra y que los criminales son los enemigos de todos, no sólo del gobierno que los combate.

El coche bomba de Ciudad Juárez se asoma al peldaño final del guión: un coche bomba en el centro de una ciudad es una bomba para todos.

La espiral violenta crece pero la conciencia de que estamos en una guerra que amenaza a todos, no forma aún parte del paisaje.

Los medios piensan que es un asunto del gobierno. Los de la capital pensamos que es un problema de Chihuahua y Juárez.

Las autoridades de ese estado piensan que es una guerra del presidente Calderón, aunque sean sus ciudadanos quienes la padecen.

En una extraordinaria radiografía de los resultados de la guerra contra el crimen organizado, que la revista Nexos publicará en su número de agosto, Eduardo Guerrero ha medido, entre otras cosas, el esfuerzo policial de los estados entre 2007 y 2009.

¿Cuánto crecieron en esos años de brutal aceleración de la violencia las fuerzas policiacas estatales en Chihuahua? No crecieron nada. Eran mil 217 en el año 2007 y eran mil 217 al empezar 2010. ¿Cuánto crecieron las policías municipales del mismo estado en esos años? No crecieron, disminuyeron 2.63 por ciento. Eran 4 mil 608 en 2007 y 4 mil 482 en 2009.

Difícil pensar en una omisión mayor de las autoridades locales en el esfuerzo de seguridad que pide a gritos, entre tiroteos y bombazos, su ciudadanía.

Pero esa misma ciudadanía parece coincidir en que los responsables de contener la violencia no son sus autoridades, sino el gobierno federal, pues en la elección reciente refrendó a los candidatos del PRI.

Supongo que los ciudadanos que votaron así piensan también que la guerra no es de ellos aunque sean ellos quienes la padecen todos los días.

El coche bomba de Juárez alcanzó a unos, pero es para todos.

Hector Aguilar Camin/mileniodiario

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