Lapidación y pena

Lapidación y pena

Es preciosa. Sakineh Mohammadi Ashtiani, está condenada a la lapidación, en Irán. Sus hijos, Farideh y Sajjad, acompañados por su abogado y varias organizaciones de derechos humanos, promueven en la red una campaña para salvar su vida. En http://freesakineh.org/ ustedes pueden dejar su firma pidiendo, rogando, exigiendo, que esa costumbre espeluznante deje de existir. Y que esta específica mujer no sea lapidada porque tras recibir noventa latigazos dijo que sí había sido infiel a su esposo. No quisiéramos saber que existen en el mundo quienes aprueban la pena de la lapidación, no quisiéramos ni pensar en eso. Al leerlo se nos hace un nudo en la nuca -¿verdad?-, se nos lastima algo en medio de estómago, nos duelen lugares que no sabíamos que existen dentro de nuestro cuerpo. Y no podemos hacer sino tan poco. Tan nada: Firmar. Saber. Compadecernos. ¿Cómo puede pasar esto sin que hagamos nada más? ¿Cómo podremos, -porque podremos- ir a dormir, comer, incluso soñar, mientras esto sucede? ¿De qué estamos hechos? ¿De qué servimos? El mundo condena la lapidación en Irán, dice la nota. ¿Y quién es el mundo? ¿No puedo la ONU impedir esto? ¿Para qué sirve la ONU? ¿Para qué los presidentes de los países en los que vivimos? ¿Para qué nosotros?

Angeles Mastreta/puertolibre

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