Nuevo yacimiento flamenco

Quedan pocos caminos inexplorados para el flamenco. O muchos. Pero sin duda uno de los más atractivos es su fusión con la música afrocubana heredera de los esclavos negros. En esa mina de oro, al margen de la salsa y el latin jazz, anda picando piedra el cantante Diego Guerrero (Huelva, 1982) desde hace unos años. Y de la mano del trompetista Jerry González que encontró el yacimiento, Guerrero ha dejado boquiabiertos también a los infieles. No sólo a los hambrientos de música fresca, furiosa, peleona, sangrienta.

“Cada proyecto es un experimento. Y ahora toca investigar la música de los esclavos negros que dejaron África, con toda su santería y ritos. Está basada en voces y tambores, pero nosotros la aderezamos con otros instrumentos”, relata Guerrero. Afincado en Granada, donde formó la Flamenco SmallBand, en 2009 se trasladó a Madrid y éste es su año. Tras triunfar en el Festival de Granada, esta semana tiene dos citas en Huelva. En septiembre se irá de gira por Israel y Australia, con un concierto estrella en el Sydney Opera House incluido.

“Quien dice una mentira dice dos, y dice cien, se inventa mil, dice un millón. Hay gente que nació para engañar. Busca el poder engañativo, engañador y volverán con voz de supermán, cobrándote interés, librándote del mal”, canta con retranca en Malos tiempos, una joya cuya grabación ha subido a youtube.

Guerrero es un tipo curioso, peleón incansable, como su apellido. Capaz de rechazar una beca del BerkleeCollegeof Music de Boston, la escuela para músicos de mayor prestigio internacional. Pero claro, si en el camino se te cruzan el trompetista Jerry González, el baterista Jeff Ballard (entre los tres mejores bateristas del jazz mundial, según los críticos) el percusionista RubemDantasy el flauta flamenco Jorge Pardo, pues tiene su lógica. Desde que dejó Granada por Madrid, los proyectos han llevado en volandas a este guitarrista y cantaor onubense. “Su voz me suena a Ibrahim Ferrer… ¡pero flamenco!”, ha dicho de él Diego El Cigala.

El último de ellos es Diego Guerrero y Solar de Artistas, que actuaron en el FEX del Festival de Granada hace tres semanas y el Palacio de los Córdova se quedó pequeño. El éxito desbordó las previsiones y gran parte del público se quedó sin entrar por falta de aforo. Esta semana Guerrero tiene en Huelva dos citas: el jueves actúa en Villanueva de los Castillejos y el sábado en Punta Umbría.

El problema de contar con primeras figuras es que cada proyecto musical varía su formación. “Cuando falla un fenómeno, viene otro fenómeno”, resalta el cantaor. Junto al pianista cubano Iván Lewis ‘Melón’, el bajista Dani Noel, músicos habituales de la cantante Concha Buika, forma la banda la percusionista de origen persa NasrimeRahmani, el también percusionista Changó Dely y la joven cantaora Sindy Cruz, apadrinada por Arcángel.

Guerrero ha sufrido los sinsabores de abrirse paso en el ingrato mundo del espectáculo. “Nos topamos a diario con el regusto amargo de que ciertas convocatorias ni siquiera escuchan tu proyecto. El tráfico de influencias se está cargando el arte. Hay demasiada gente que piensa que te tienen que dar de comer, cuando quien te da de comer es el público”, censura. La última ha sido positiva porque acaba de ganar el concurso de música joven de Alhama (Granada).

Nuevo yacimiento flamenco

“No tengo miedos de crisis, ni de gripes, ni terror… tengo más miedo a que el mundo se quede sin guagancó, llegó Supermán bailando guaguancó, bailando rock and roll, bailando qué sé yo”, canta en Malos Tiempos.

Pero esa crisis no parece afectar la agenda de Guerrero, al menos en 2010. A los diez conciertos de su tercera gira por Australia, le sumará Corea del Sur, y antes de volar a las antípodas, durante la parada en Israel dirigirá unas clases maestras en Tel Aviv, con el flautista flamenco Jorge Pardo y el guitarrista jazzero Dan Ben Lior como invitados de lujo. Para finales de año comenzará a grabar su disco, pero posiblemente con un sello pequeño. “Cuando los músicos más grandes están volviendo a las discográficas más humildes, por algo será. Cuanto más grande, peor”, explica.

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