Panteones, patrones y campeones

Panteones, patrones y campeones

Si existe un equipo fantasmagórico es Uruguay. A “La Garra” le alcanza con recorrer los panteones en pretemporada para entender de dónde vienen y encontrar su identidad. Azul celeste es el color de los milagros. Los uruguayos llevan 60 años poniendo los santos de cabeza. San Roque, San Alcides y San Obdulio, portero, delantero y cacique del 50. El Mundial del mito. Uruguay está en semifinales con el aroma de un campeón rancio, añejado, enmohecido. Es una selección Gran Reserva, de colección. Sólo un equipo con el uniforme milagroso es capaz de salvar un gol en la línea con la mano, perder un hombre, buscar la vida en un penalti y decidir el juego en once pasos con la mentalidad de un Loco.

De este tipo de historias está hecho el deporte. El Mundial no es el mismo sin los uruguayos, hace tiempo que el futbol necesitaba recuperar su leyenda. Esculpida en hueso y músculo, llena de osteoporosis. El planeta estuvo a centímetros de enroscar su eje de rotación, África se quedó en la línea de meta, el paralelo de los héroes. Ghana pudo ser verbo, la gramática no importa, hoy es un nombre propio.

Panteones, patrones y campeones

El carácter que sobró a Uruguay le faltó a Brasil. La personalidad de un equipo se demuestra cuando va abajo en el marcador. Los holandeses la tuvieron y ganaron una placa, los brasileños perdieron más que un partido, se quedaron sin honor. En el horizonte todavía hay dos patrones. Alemania, la nueva metalurgia, y Argentina, la vieja descamisada. El partido tiene aroma de revancha, un clásico de pulmón y lágrima. En la misma llave aparece España, la gran favorita ha sido reconstruida por la crisis, la desconfianza, la crítica y el miedo. Todos los estados de ánimo en el mismo torneo, así es como se talla un campeón mundial.

Jose Ramon Fernandez Gutierrez de Quevedo/mileniodiario

Deja un comentario