Qué fácil es madrear a Cuauhtémoc

Qué fácil es madrear a Cuauhtémoc

El último gran ídolo del futbol mexicano se paró en el centro del campo y se dirigió, micrófono en mano, a la tribuna que lo aclamaba: “Estoy feliz de estar aquí en Irapuato, fue un gran esfuerzo de la directiva. He tenido retos en mi vida, esperemos en Dios que subamos al equipo de Veracruz a la Primera División”.

Los aficionados del Irapuato no pararon de silbar y abuchear a Cuauhtémoc Blanco después de que confundió a su nuevo equipo. El futbolista intentó seguir con sus lugares comunes, como que esperaba que lo apoyen en las buenas y en las malas, pero fue inútil.

En los últimos días no se ha escuchado o leído un comentario positivo sobre la decisión del capitán de la selección mexicana de quedarse en la Liga de Ascenso. Pero Cuauhtémoc está feliz lejos de Primera División. Puede seguir jugando futbol profesional, pero nadie le pide que entrene mucho, tiene permiso para hacer su programa de televisión y no lo molesta ni le exige la prensa.

Cuauhtémoc Blanco no está para finales de película de Hollywood, no es su estilo. Es un conservador, el último ícono del ídolo de barrio mal hablado, ignorante y que toma malas decisiones. Es fácil madrearlo desde el púlpito de lo que parece correcto. Pero el Cuau, el Temo, ya se ganó el derecho a hacer lo que le dé la gana. Ahora es jugar en Irapuato y decirle Veracruz.

Roberto Velazquez/mileniodiario

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