Tambo

Tambo

Encantado de la vida de saber que con el permiso de las autoridades del Cereso de Durango, reos vengadores salían por las noches a cometer toda clase de matazones en la zona de Torreón, supe que las cosas iban conforme a derecho. Eso sí, yo pensaba que había suficientes sicarios en la calle pero, dadas las circunstancias, no hay tantos como podría imaginarse y el crimen organizado tiene que reclutar a la mano de obra carcelaria para cumplimentar las estrategias de la sangre con daños colaterales incluidos.

Datos que se agregan con gracia a los miles de huérfanos que se desprenden de la narcoguerra. Maravillas de la violencia desatada frente a un burocrático aparato de seguridad al que lo carcome la abulia y el valemadrismo, como bien apunta en su libro y en su quehacer cotidiano la señora Isabel Miranda de Wallace.

Una cosa era que los tambos del país fueran permisivos (sus puertas, como se ha sabido, no están cerradas con tres candados) y fuente inagotable de maldad (de ahí emergen las llamadas telefónicas que aterrorizan a la población con sus chantajes), y otra que de plano sean el refugio de matarifes e hijosdeputa.

Jairo Calixto Albarran/mileniodiario

Deja un comentario