¡Churro por churro, pacheco por pacheco!

¡Churro por churro, pacheco por pacheco!
Hasta aquí se oyó el alivio celebratorio en Los Pinos cuando las tendencias en California dejaban fuera la despenalización de la mota. Fue estentóreo, mayestático, porque ya veían cómo se derrumbaba el teatrito de lanarcoguerra y de los daños colaterales. Imagínate tú que de pronto todas las certezas, empeños y obsesiones de un gobierno se iban a ir a los confines de ninguna parte, y luego ¡qué iba a hacer!
Pero esto, espero que tengan claro el señor Poiré que no Poirot, es sólo temporal, pues la derrota de la mariguana será pasajera o no será.
Para la próxima vez, los pachecos saldrán a votar en masa en vez de recrearse por adelantado, y los rucos que sufragaron en contra, atormentados por los espectros conservadores, seguramente aprenderán a dominar a sus Bush y Palin internos.
Así que la presente administración calderónica tendrá que estar ya en chinga explorando otras justificaciones para defender sus tabúes medievales contra la achicalada sin semilla, porque aquello de que “no descenderá la violencia del crimen organizado si se legaliza” suena pobre y lo que le sigue. Contra sus esquemas habituales, van a verse obligados a ir más allá de la superstición para armar una agenda que no esté basada en operativos y balazos.
Digo, algo más integral, de miras más amplias, menos rupestre, que no multiplique la mortalidad porque, además, ya no hay dónde enterrar a los caídos (la crisis en el ramo es tal, que ya los panteones no se dan abasto) y el negocio funerario, uno de los que más ha repuntado en los últimos tiempos, ya no requiere de programas de apoyo ni incentivos para su desarrollo.
O sea, lo que no pueden hacer en el gobierno jelipista es caer en las trampas de la fe antidrogas y hacer el ridículo. Ahí está el ejemplo de los senadores, fundamentalmente priistas, que dejaron la mentada ley contra la obesidad, hueca y chimuela, para que la chatarriza siga campeando en las escuelas donde se producen simpáticos mexicanitos altos en grasas, triglicéridos y colesterol. Sí, no fuera a ser que México pierda los primeros lugares en materia de sobrepeso y en la producción de paisanos nada portátiles.
Es grato saber que sin necesidad de maiceadas a nuestros políticos y con el debido relleno cremosito, las férreas políticas de salud sean contundentes e inobjetables. Curioso, con los cigarros en las cámaras se comportan bárbaros y fundamentalistas, mientras que a la chatarra aprendieron a perderle el asquito.
Como sea, hay que exigir un recuento ¡churro por churro, pacheco por pacheco!

Jairo Calixto Albarran/mileniodiario

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