¡Ya!

35 años. Era tan evidente que esa noticia se iba a producir de un momento a otro, era tan obvio que cualquier día, de mañana, de madrugada, de tarde, de noche, se pararían las emisiones para dar LA noticia, que cuando la escuché en la radio de la cocina tan solo grité ¡YA!, y la casa se enteró de todo tan solo gracias a esa expresión de dos letras y unas interjecciones. Luego fui al periódico, donde un compañero lloraba; después hicimos el periódico, y aquel compañero se fue calmando. En la tele ponían imágenes que vio mi hija junto a mi madre, que estaba en el hospital. La niña tenía dos años, y se acostumbró a considerar esa como una noticia, porque todo el mundo miraba el aparato. Franco ha muerto. Pusieron muchas veces esa imagen de Arias Navarro llorando; era un hombre antipático, antipático como los hipócritas. Pero entonces era, para el régimen, la imagen que el franquismo quería: un hombre que lloraba mientras miles de personas, en el silencio aún impuesto de las calles, gritaban hacia adentro ¡YA! Ahora hace 35 años de ese grito. Como si el país hubiera estado taponado, un estanque quieto que de pronto se agitó y se puso a andar. El llanto de Arias duró un tiempo, pero este país quería quitarse de encima lo que significaba esa metáfora que Franco dejó encima de su mesa como un nudo: todo atado y bien atado. Basta es una buena palabra para decir lo que significa la expresión ¡YA!

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