Cárcel

Cárcel

Inauguro mi nueva andadura con un drama de dimensiones colosales. La típica visita a la cárcel en la que todo va bien, se habla de la familia, de lo cabrón que es el abogado, etc. y que a la hora de la despedida los dos sujetos ponen sus manos sobre el cristal, siendo éste un gesto afectivo muy arraigado. Que podrían ser originales de una vez por todas y hacer lo mismo aunque dándose dos besos en las mejillas por ejemplo, pero no, la gente tira por ahí.
El caso es que hay un temblor en ese momento o algo raro, ellos ven que algo pasa, como que los cimientos se van a tomar por culo. Y la primera reacción que tienen es la de intentar sostener la luna de separación con sus propias manos. Y con todas sus fuerzas. Mantener la estructura del recinto en su sitio, digamos. Lo lógico sería dejar hacer, ¿verdad? El cristal se hace añicos y así pueden aprovechar y tocarse, abrazarse incluso. Nada de eso. Aquí prima la infraestructura, el amor por lo arquitectónico. Antes todo muy sentimental e íntimo pero a la hora de la verdad, cuando al ser humano se le presiona y tiene que reaccionar en milésimas de segundo lo hace por el camino más sistemático… La organización. El orden. La armonía.  Los arrumacos vienen después, pero joder, las vigas en su sitio primero.
Aquí Dios y después gloria.

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