El retrato de barba púbica

El retrato de barba púbicaEl retrato de barba púbica

El espíritu es fuerte y la carne se resiente.

La muy vegetariana montó un restaurante a su gusto. Se hipotecó para comprar un local antiguo. Quiso renovarlo del todo. No obstante, hubo algunos detalles que no se atrevió a eliminar. Fogones, baldosas y sobre todo un cuadro horrendo que parecía salir de algún hotel en quiebra de los peores años 70. Se trataba de un retrato de medio cuerpo, de cintura para abajo, de una joven con la cara de un indio pintada entre el pubis y el abdomen. Aquel rostro indígena de mirada atávica podría haber sido el autor del retrato, por lo que el cuadro se mostraba como presunto autoretrato dentro de un retrato. El vello púbico de la retratada, le servía al indio de barba.

La joven emprendedora sufrió una retratovalitis preparando la reforma del restaurante.

Retratovalitis: 1.f.Med.Enfermedad psicológica en la que el paciente interpreta un retrato como un ente vivo.Ya te habrás dado cuenta, seas literato o funcionario, que la enfermedad en cuestión debe su nombre a un relato corto de Edgar Allan Poe: El retrato oval, donde el protagonista padece precisamente un delirio de este tipo. Es verdad que en los albores del siglo XXI, la sumisión de los pacientes suele producirse ante una fotografía o un vídeo colgado en internet. Pero la muy vegetariana la padeció a la antigua. Ante un cuadro. Harto desagradable, por cierto.

Víctima pues de una retratovalitis aguda, la joven entendió no solamente que debía mantener el cuadro que sustentaba el espíritu añejo del local (si no atendía al mensaje del indio, los fogones del restaurante se iban a desraizar del asfalto, destrozando baldosas y prestigio en su devastadora retirada). Tenía además que tatuarse aquel rostro solemne de indio en la zona más íntima de su cuerpo, a imagen y semejanza del cuadro. Los pelos de su pubis serían para siempre barbas de indígena. Y el cuadro, una representación de ella misma.

Hoy la empresa es un éxito. Las bebidas no entran en el precio del menú y nadie se ha quejado todavía. Parece que la joven ha aprendido a convivir con el indio duplicado. Todo sería perfecto si no fuera por el mirón.

Hace cuatro días que visita el restaurante vegetariano un mecánico ciertamente voluminoso. No cabe en las sillas de metacrilato. Hay que ponerle un sillón de segunda mano que la joven compró para decorar. El ancho individuo siempre come solo, enfundado en un mono azul. Su figura resulta mugrienta, comparada con la imagen postmoderna del local. El muy animal lleva cuatro días comiendo lo que le echen, como si estuviera hipnotizado, con la vista fija en el cuadro. Nadie diría por su aspecto que se trata de un vegetariano. Siempre hay que apagar las luces para que se marche.

La muy vegetariana piensa que la condena que tiene que cumplir ahora para que su negocio se sostenga, es que un desconocido abyecto coma cada día mirándole fijamente el coño.

Marcos Jávega
(Colaboración para el fanzine Fake Barba)

http://marcosjavega.blogspot.com/

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