El silencio

El silencio
La palabra está llena de éxitos y de fracasos, exornos, sentencias y oropeles pero el silencio es divino. Dios es aquel que es gracias a su extremo silencio. No hay modo de arrancarle una palabra y de eso se deduce que lo posee y lo sabe todo. No dice una sola palabra pero puede decirse que es amo del verbo, el dueño del mundo. La autoridad, la riqueza, el respeto, la devoción de los demás a causa de su silencio es tan desorbitada que no la igualan todas las fortunas y ejércitos de este ruidoso mundo. Muy a menudo, para la descalificación del adversario se cree necesario  ametrallarlo con palabras, frases finamente estudiadas y labradas para hacer daño y, sin embargo, nadie da mejor en el blanco y anula basalmente que el empleo del silencio. Como sucede con el puñado de elementos nucleares que componen el mundo ahora conocido, el silencio se encuentra entre los de corazón más disolvente, inteligente  y duro. Deshace o edifica con una solvencia y rotundidad, con una elegancia y habilidad, que ningún otro sonido le igual. Más que eso: el silencio es la base radical de cualquier otro sonido y en las ocasiones más graves que exigen eliminar a alguien no hay mejor procedimiento letal que administrarle silencio puro.

el blog de Vicente Verdú

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