Inauguración y exposición

Inauguración y exposición
Hoy se inaugura mi primera exposición de pintura y un amigo pintor, muy veterano, me pregunta qué se experimenta en este trance porque él, a fuerza de exponer, ya no se siente expuesto.
Podría ocurrir como con la escritura, que si el primer libro o el primer artículo nos excitan, más tarde dejan de hacerlo o sólo conceden una emoción sobresaliente en casos excepcionales.
Pero hay una importante diferencia, una diferencia radical, entre exponer el cuadro y mostrar el libro o el artículo. La escritura posee el defecto y la virtud, a la vez, de que no dice nada, no significa nada si no se extrae su significado emocional y racional de descodificar su garabato.
Con el cuadro, sin embargo, la dicción es directa y, de hecho,  cuando una colección de ellos queda a disposición del público se la llama “exposición”. En la “exposición”, en esta exposición total, no hay muchos  modos de esconderse. Todo escrito es un “reflejo” del autor pero el cuadro se acerca más al “retrato”. Basta pensar que con la escritura nos sometemos a un sistema común de signos mientras el cuadro pinta más singularmente y mejor.
Se  requiere mucho narcisismo para exponerse, tanto escribiendo como pintando, pero también valor. La diferencia entre colgar la pintura o dejar el libro en las librerías es precisamente que en el primer caso los detractores nos cuelgan más deprisa y, además, más cargados de sinrazón. No será la mente tanto como en el libro la que oriente su dictamen sino notablemente los sentidos que sentencian sin mediar la razón. ¿A qué recurrir pues? Exponer cuadros comporta  una arrogancia o una impertinencia suficiente como para ocultarse en la inauguración pero, encima, el criterio que uno u otro de los visitantes conciba vendrá a ser irrebatible. O, lo que es lo mismo, su sentencia definitiva, sin recurso. Vencido y desarmado se va al desafío que  ni en el mejor o más positivo de los casos, se puede ganar. Porque ¿cómo celebrar con todo fundamento las emociones del público que sabe Dios con qué humor asisten, con qué talante ponderan,  con qué frase (o sentencia gramatical) podría el autor corregir sus sentencias del corazón?

http://www.elboomeran.com/blog/11/vicente-verdu/

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