La Iglesia

La Iglesia
Alguna vez lo he dicho aquí: las primeras historias que me contó mi madre tenían que ver con Ferrer i Guardia, el educador catalán asesinado a principios del siglo XX por sus posturas radicales a favor de la educación laica. No tengo miedo a la muerte, vivan los niños, vivan las escuelas laicas. Mi madre me contaba esas frases que Ferrer esculpió gritando ante el pelotón poco antes de que le mataran, y lo hacía como quien recuerda una vieja lección inolvidable. Me crié con esas palabras. Seguramente mi madre no sabía que estaba sembrando en un alma que sería laica, rabiosamente laica. Ni siquiera anticlerical: laica. Desde esa óptica, me parece insoportable la agresión del Papa contra la voluntad civil de los españoles de irse desprendiendo de la costra beata que cayó del cielo burocrático y episcopal que cubrió el franquismo de boato y adulación perversa; el manto sigue, poco a poco la sociedad se lo va sacando de encima, como ha demostrado ahora el desdén nacional hacia la visita de Ratzinger. Ni soy anticristiano ni soy anticatólico, ni me importan ni me molestan las religiones, ninguna religión, pero soy laico; el laicismo es una voluntad que exige esfuerzo y pasión, pues tiene que ver con la responsabilidad civil de creer en valores humanos, en derechos civiles, entre los cuales está el derecho a que otro profese cualquier fe o cualquier religión. No diré que me alegra que el Papa haya pinchado (como dice Manuel Rivas) en Galicia y luego en Barcelona, pero sí deseo fervientemente que este tropiezo les haga pensar que con la libertad civil no se juega, y esa alusión al laicismo agresivo de los españoles fue una falta de respeto (una más) a la sociedad laica que aquí se construye en medio de enormes dificultades y de periódicos retrocesos.

http://blogs.elpais.com/juan_cruz/

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