La noche de los muertos vivientes

Yahvé M. de la Cavada
Aunque, en cierta forma, el revival es un género (o más bien un “para-género”) que siempre ha estado presente en la vida musical de occidente, su auge empieza a ser un poco desesperante. Viendo el exitoso concierto que Eli “Paperboy” Reed ofreció en el Kafe Antzokia bilbaíno el pasado jueves, me quedaron claras un par de cosas. La primera, que a la gente le encanta, algo irreprochable. La segunda, que las “bandas tributo”empiezan a tener muchas formas, incluyendo la de los revivalistas que, a partir de la mera imitación, reciben la atención de una nueva estrella .
Todo esto tiene que ver, muy probablemente, con la falta de ideas o cosas que decir por parte de la industria musical y con la necesidad de encontrar lugares comunes en el inconsciente colectivo de la música popular. La cuestión no tiene que ver con que lo hagan bien o lo hagan mal.“Paperboy” Reed es un vocalista asombroso, eso es innegable, pero su cercanía con Sam CookeJames BrownOtis ReddingAl Green, va mucho más allá del homenaje o la inspiración. Si sólo fuese su voz, no sería tan llamativo (James Hunter, mismamente, es un imitador de Cookeque en directo rodea su voz de un contexto algo menos mimético), pero cada tema y cada arreglo son calcos de aquel soul de los 60, lo que acaba derivando en una música divertida, pero sin ningún espíritu. Un karaoke de lujo o una verbena de categoría. Válido como espectáculo; puro cartón piedra en el plano musical.

EliPaperboyReed

Esta música tiene sentido, en todo caso, en directo, pero en disco pierdecasi cualquier justificación. ¿Quién puede querer escuchar una imitaciónpudiendo escuchar a Sam Cooke o a Wilson Pickett? Es cierto que nunca volveremos a ver a James Brown en concierto y que pocos pueden decir que hayan hecho lo propio con Marvin Gaye, con lo que la actuación en directo queda relativamente justificada pero, ¿qué sentido tiene el disco deKitty, Daisy & Lewis o lo nuevo de Imelda May, por ejemplo?
Hay diferencias, por supuesto: si uno ve en directo a Imelda May se encuentra un revival digno capitaneado por una vocalista carismática y extraordinaria mientras que, en un concierto de Kitty, Daisy & Lewis, uno asiste a un espectáculo lamentable de un pseudo-hype, cuya principalatracción son unos jovencitos disfrazados que no saben ni tocar. La cuestión es que, la industria musical, aparentemente incapaz de colmar al aficionado con nuevas propuestas (¿o es que no quiere arriesgarse?), avala como nuevas algunas que, en realidad, no son sino “bandas tributo”. Cantan como X, tocan como X y se visten (disfrazan) como X; y ahí acaba su interés. Y al igual que ocurre con el soul o el rockabilly, ocurre con casi todos los géneros.

KittyDaisyLewis

La explosión revival que hubo en los 80 era otra cosa. Muchas bandas (algunas conocidas, otras olvidadas) se dejaron infectar por rasgos,sonidos y formas de vestir provenientes de los años 50 y 60, pero supieron seguir perteneciendo a su propia época y mezclar sus influencias con lo que ocurría a su alrededor. Si uno escucha a los Stray Cats, a los Long Ryders, los Beat Farmers o a Jason & The Scorchers, puede percibir la comunión entre la música que les inspiraba y la de su propio tiempo.
Como ellos, ha habido (y siguen apareciendo) decenas de grupos y solistas que podemos considerar revivalistas, pero aportan algo a la escena musical. Me vienen a la cabeza nombres como Heavy TrashThe Black KeysBlitzen TrapperSouthern Culture On The Skids, por ejemplo, y todos ellos han sacado disco recientemente. Músicos que beben del pasado y viven en el presente, y que hacen de sus influencias una inspiración, no algo a copiar a rajatabla.
Las célebres frases de “fulanito toca como”, “canta igual que” o “suena idéntico a” encierran un anhelo comprensible, en principio, pero también una gran mentira. No tiene nada de malo disfrutar de ello, como no tiene nada de malo disfrutar con cualquier película palomitera para pasar la tarde. Eso sí, de ahí a situarlo en el mismo plano de propuestas mínimamente nuevas, hay un trecho.

http://blogs.elpais.com/muro-de-sonido

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