Las desventuras de El Cochiloco

Las desventuras de El Cochiloco

Debo confesar que ya la he visto dos veces. Se llama El Infierno y está haciendo furor enMéxico. La primera vez que fui a verla, en el Cinemex que está en Insurgentes esquina con Sonora, a punto estuve de quedarme fuera de la cantidad de gente que había. Ya para entonces –y eso que apenas habían transcurrido dos semanas desde su estreno— el boca a oreja estaba funcionando a un ritmo endiablado. Un amigo mexicano me había puesto en canción: “El Infierno, la nueva película de Luis Estrada, está bien chingona, no te la puedes perder”. Había dos opciones. O ir al cine –el DF dispone de muchas y muy buenas salas— o comprar por 10 pesos –algo más de medio euro— una copia pirata en la misma puerta de Cinemex. Lógicamente, opté por ir al cine (no podría confesar aquí lo contrario). Ya había visto el tráiler y por tanto sabía de qué iba la historia. Benjamín GarcíaEl Benny, es deportado de Estados Unidos después de 20 años y, cuando regresa a su pueblo, todo ha cambiado, pero a peor. Se lo cuenta su padrino, sentados ambos en la puerta de un taller en ruinas:

– No tienes ni idea de en lo que se ha convertido este país.

– No puede estar peor que cuando me fui, padrino…

– Pues no más imagínate: crisis, desempleo, violencia… En lo que va de año van como 13.000 muertos. Casi casi como una guerra civil. Todos contra todos…

El Benny no sale de su asombro. Hasta el nombre del pueblo ha cambiado. Ahora se llama San Miguel “Narcángel”. En estas que ve aparecer a su amigo de juventud montado en una lujosa camioneta Ford y con un revólver con las cachas de nácar bien visible en la cintura. El Benny se dirige a él por su apodo de siempre: “Quiúbole mi gordo Mata, ¿cómo está…?”. El otro saca un revólver y le apunta a la cabeza: “Ya no soy el gordo Mata. Ahora soy El Cochiloco, ¡¿está claro?! Pinche Benny culero…”.

Lo que va transcurriendo en la pantalla no es más –ni menos— que una sátira de lo que ocurre en MéxicoEl Infierno es una caricatura de los capos del narcotráfico, pero también de los policías y de los políticos corruptos . Ni el presidente Felipe Calderón ni las celebraciones del Bicentenario de la Independencia se salvan de la quema. Hay ejecuciones, descabezados y un poco o un mucho de todo lo que aparece cada día en los periódicos mexicanos. Pero lo que llama la atención poderosamente es la reacción de la gente. La película, en vez de conducir a la depresión ante el retrato descarnado del país, provoca en el espectador mexicano la risa o, más exactamente, la carcajada. Aunque comparar es bien feo, El Cochilocopuede llegar a asemejarse al Torrente que Santiago Segura se inventó para retratar y de paso enviar a la hoguera lo más casposo del paisaje patrio, y El Infierno cumple la misma función que el Vaya Semanita que puso en circulación ETB cuando los vascos, adivinando el final de ETA, empezaron a reírse de sí mismos. Crítica, terapia o simplemente arte, lo que la nueva película de Luis Estrada pone de manifiesto una vez más es la capacidad de los mexicanos para, a pesar de los pesares, convertir su día a día en un espacio agradable y su país en un destino atractivo. Para los turistas que buscan el sol del Caribe y también para los empresarios que huyen del frío invierno de la Europa en crisis.

Este blog que empieza hoy intentará aprender esa lección.

http://blogs.elpais.com/america-df/2010/11/divina-omnipresencia.html#more

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