Ni jalea real ni vitaminas: los niños neandertales crecían antes

La lucha por la supervivencia les obligaba a madurar más rápido, según un estudio

¿Qué es más eficaz para que sus hijos crezcan rápido y se conviertan en unos mocetones? Tres opciones: un buen complejo vitamínico, una dieta equilibrada o la preocupación continua de no morir devorado por las fieras, el frío o el hambre. La respuesta correcta, efectivamente, es la C.

Ni jalea real ni vitaminas: los niños neandertales crecían antes
Reconstrucción por ordenador de un niño neandertal desarrollada por la Universidad de Zurich – Foto: Ap
Los manuales de los médicos y las revistas especializadas están llenos de consejos como éstos para que su hijo crezca fuerte, sano y feliz: jalea real infantil para estimular sus defensas, calcio de ostras para reforzar sus dientes y huesos, preparados de plantas medicinales para abrir su apetito, L-casei para derrotar a las infecciones, un gran vaso de leche para ser el pívot de su clase y aceite de hígado de bacalao para darle un chute extra de vitaminas.
Sin embargo, parece que lo realmente les ayuda a crecer con rapidez y convertirse en hombres es, simple y llanamente, la lucha por la supervivencia. Un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) ha concluido que los niños neandertales crecían mucho más rápido que los niños humanos modernos debido a que tenían que estar preparados para afrontar los riesgos del día a día.
Vivían menos, por supuesto, y en condiciones más precarias, pero a pesar de las deficiencias de su dieta iban devorando centímetros de altura a más velocidad que sus parientes actuales, que maduran mucho más despacio.
Analizaron los dientes de los neandertales
Para llegar a esta conclusión, un equipo de científicos de la Universidad de Harvard de Estados Unidos, el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Alemania y la Instalación Europea de Radiación Sincrotrónica (ESRF) de Francia analizaron los dientes fosilizados de once neandertales, entre ellos el del primer homínido hallado en Bélgica.
Les aplicaron herramientas de investigación no empleadas hasta ahora, como un supermicroscopio y una nueva técnica de rayos X, que pusieron de manifiesto que este individuo tenía tan sólo tres años cuando murió, en lugar de los cuatro o cinco que se le atribuyó por su altura y características.
La larga infancia es un “invento” moderno
Los investigadores concluyen que la larga infancia y el lento desarrollo de los niños son un “invento” exclusivo de nuestra especie. Es más, estaríamos ante una de las señas de identidad del humano, la de pasar de la máxima “vive rápido porque morirás joven” a la de “vivir despacio pero muchos años”.
Según Tanya Smith, del Departamento de Biología Evolutiva Humana de la Universidad de Harvard, esta maduración lenta y prolongada dio al humano la posibilidad de mejorar su aprendizaje y conocimiento, lo que a la larga le permitió pervivir sobre los neandertales y forzar su extinción.
Otro de los aspectos llamativos del estudio es la valiosa información que se esconde en los dientes, analizados ahora con complejas técnicas nunca utilizadas hasta ahora. “Son unos fantásticos testigos del paso del tiempo, pues registran cada día de crecimiento de forma similar al modo en que los anillos de los troncos de los árboles muestran su progresión anual”, afirma. De hecho, ha quedado demostrado que los dientes de los niños neandertales crecían mucho más rápido que los de nuestra especie.
«Aún más llamativo es el hecho de que nuestros primeros molares contienen una “partida de nacimiento” en miniatura que permite calcular con exactitud la edad a la que murió un niño», agregó. Bajo la premisa de que no tiene sentido prolongar la infancia sin garantías de que se va a llegar a la vejez, los investigadores pretenden averiguar cuándo se produjo este punto de inflexión trascendental en el ser humano. Cuando dejaron de ser pequeños hombres para convertirse en niños grandes.

http://www.larazon.es/reporter/ciencia

Deja un comentario