‘Saint-seller’

'Saint-seller'
Tengo mucho que agradecerle a este periódico, pero también un gran reproche que plantearle: que nunca me haya enviado especialmente al Vaticano para cargarme informativamente al Su Santidad, como hizo Der Spiegel con su colaborador Peter Seewald. De haberme mandado, yo -como le ocurrió a él- me habría caído del burro anticlerical y ahora sería Su Biógrafa. Por poco porcentaje que le haya pagado el Pontífice a cambio de encontrarle el lado humano y escribir Luz del mundo (hay una secta cristiana que se llama igual, no sé si B-16 es consciente de que pueden demandarle), si me hallara en su lugar ahora estaría forrada. Aunque fuera en indulgencias plenarias, un bien situado más allá de los mercados y de Fernández Ordóñez. Qué idea tan extraordinaria para resarcirse del fracaso de público y crítica que fue la última visita papal a España. ¡Un saint-seller! Reconozcan que hay que ser inteligente, sutil e incluso sibilino para conseguir un éxito de ventas simplemente anunciando que en el dicho volumen el Papa se pronuncia algo favorablemente sobre el condón. Legiones de católicos congelados, enfriados o simplemente entibiados por los anatemas lanzados anteriormente por Benedicto se precipitarán a las librerías para conocer el dónde, el cómo y el cuándo. Yo misma, si me hallara en funciones, no dudaría en consultar el nuevo catálogo de manualidades emitido por Ratzinger. Tentador, lo es. Según leo por encima, a la espera de que la editorial me mande un ejemplar (esta columna lo vale), parece que el Cabeza de la Iglesia se aviene a que usen el elástico invento las prostitutas (veo aquí una tierna solidaridad de faldas; y no olviden el precedente de la Magdalena), lo que le garantiza un alto nivel de ventas en todos los putódromos de la cristiandad. Quizá es el secretario quien realiza las conversiones. A tenor de lo que dicen mis amigos gais -y yo misma-, tiene poderes. Aquí, suspiros (vaticanos).

Maruja Torres/elpais.es

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