Trevor Brown: que cada quien opine…….

Trevor Brown: que cada quien opine.......
Trevor Brown es un oscuro genio contemporáneo cuyas obsesiones particulares, a través de su estupendo arte, levantaron y siguen levantando innumerables polémicas y profundas admiraciones: fetichismo médico, inocencia infantil mancillada, iconos de fragilidad en tortuosos sometimientos, bondage/domination, sadomasoquismo; y un interesantísimo etcétera. Este es un pequeño semblante de su trabajo, algo desconocido en este hemisferio, y que podría inspirar la exploración temática gráfica de los sombríos rincones de nuestra condición humana.
Todas las sociedades (y más aún la nuestra) son muy afectas a manejar dobles estándares morales. Desde esa hipocresía se critica lo “no conveniente”, lo “inmoral”, lo que “no debe ser”, y Trevor por supuesto, desde muy joven se sentó en esas maniqueas formas moralinas y experimentó, primero para sí, sus más recónditas alucinaciones, valiéndose para ello de lo que en apariencia es lo más frágil: la inocencia infantil, los juguetes femeninos, la delicadeza quirúrgica. Nuestra sociedad, ahora tan afecta a las salas de operaciones en pro del “good looking”, de la propia alteración de la anatomía con fines absolutamente superficiales; esa sociedad, también condena la exposición de la sangre y la “macabra” aparición de las entrañas humanas, salvo por supuesto, que exista consenso en su mostración (cine, tv shows, etc.). Todo un círculo ambivalente al cual Trevor, desde su propuesta estética, le saca la vuelta, y genera apasionamientos y disensos, horror y solazamiento.

Trevor Brown: que cada quien opine.......

“Terror” no es exactamente lo que el trabajo de Trevor Brown genera, aunque algunos sí lo encontrarán terrorífico, más aún, enfermizo, degenerado, retorcido. Otros admiramos su pulcritud gráfica, su estilo depurado y su arrojo para exponer lo que anida en su inconsciente. Pero lo que unánimemente se puede sentir ante su arte es estupefacción, sus galerías incomodan a los estómagos débiles, sus aventuras temáticas excitan las parafilias ajenas, aunque para Trevor sólo sea experimentación artística, mancillar en el papel lo inmancillable, escupir sobre lo sagrado, violentar lo que en apariencia debe ser protegido.

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Trevor Brown nació en Londres, Inglaterra, desde muy joven sintió el impulso artístico por lo que rápidamente se inscribió en escuelas de arte y trabajó en oficinas de diseño, sin embargo, dentro de él había algo más que necesitaba ser expuesto, por ello, decidió ser un ilustrador freelancer hasta que, en 1985, publica unos booklets fotocopiados con trabajos en tinta bajo títulos como “Autopsia Gráfica”, “Necro Porno” e “Imágenes Ultrajadas”, y que fueron distribuidas en el circuito underground londinense. Sus primeros trabajos fueron inspirados en la novela de Michael Ballard, “Crash” y en las revistas de “Bazooka Producciones”, una contracultural editorial francesa. En 1991, inicia su interés por la animación y la gráfica japonesa, se contacta con Masami Akita, un ilustrador, músico, escritor, director y varias cosas más de primera línea. Pronto, la música noise y la técnica japonesa afilan su estilo hasta que en 1993 exhibe oficialmente sus trabajos en técnica aerográfica, en las fiestas para fetichistas en el mítico “Jardín de la Tortura Club”. Sin embargo, su exposición fue muy criticada por la oficialidad londinense, en donde la represión sobre el arte que pueda “lindar” con lo pornográfico o brutal, es fortísima.

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Harto de esta situación, decide mudarse a Tokio con la artista especializada en ositos de peluche Konomi Izumi (también conocida como Hippie Coco), con quien luego se casaría en Japón. En oriente inicia una nueva vida profesional, participando en incontables revistas de arte gráfico e inventa o funda lo que él denomina “Baby Art”, una nueva veta del arte gráfico para adultos en la que la temática principal radica en experimentar gráficamente con la tierna imagen de las muñecas infantiles. Entonces toda la atención se centra en él e inicia la publicación de libros de tiraje muy limitado pero que generan muchos cultores. Su primer libro se llamó “Hear No, See No, Speak No”, tuvo un tiraje de un millar que se agotó a los seis meses de editado. Luego se transforma en colaborador estable de la revista japonesa “Too Negative” con quienes realizaría su primera gran exposición. En 1998 las puertas de EEUU se le abren, y expone en una galería de Los Angeles con un éxito inusitado. Es decir, finalmente el trabajo de Trevor logra ser apreciado al quitarle el hálito de censura que se le quería imponer y entendiéndolo como otra expresión artística más. Incluso, muchos grupos de música (sobre todo noise rock), lo requieren para que se encargue del arte de los booklets de sus CDs: Pornoise, Whitehouse, Despair, Deicide, Noise Girl, etc.
Trevor Brown: que cada quien opine.......Trevor Brown: que cada quien opine.......Trevor Brown: que cada quien opine.......El trabajo de Trevor Brown no puede ser apreciado por cualquier mortal. En las imágenes que mostramos vemos muñecas golpeadas, material quirúrgico atacando inocentes niñas, atisbos de pornografía hardcore, autotortura, y sobre todo, la exposición honesta de los delirios del machismo. La muerte o la cercanía hacia lo fatal también es explorada, pero se vale de elementos delicados para hacerlo, es decir, ataca gráficamente las significación de algunos objetos, subvierte su interpretación y los acomoda deshibidamente para expresar la falsa pureza de las cosas, denuncia —de cierto modo— la hipocresía que nos gobierna y que protege lo que según mandato divino debe ser protegido.
Trevor Brown: que cada quien opine.......Su trabajo es contracultural e iconoclasta, de ello no cabe duda, y le agrega algunas veces, elementos psicodélicos, fondos, frases, colores; como desnudando su origen onírico. Y ciertamente, lo de Trevor es sólo experimentación artística, él está cansado ya de que siempre le pregunten cuán masoquista o sádico es, si a su esposa le gustan las amarras o que si alguna vez a violado alguna niña. No, no es pedófilo, tampoco una mente enferma, es un tipo común y corriente con una caudalosa y envidiable imaginación; y con un talento en sus manos que ya quisiéramos muchos. Trevor es el sujeto que vive a la vuelta de la esquina, un genio que pasa desapercibido (como todos los auténticos genios), alguien que encuentra inspiración en donde nosotros no vemos nada.

Trevor Brown: que cada quien opine.......

No hace mucho, el crítico local Luis Lama opinó acerca del trabajo de Trevor Brown cuestionando sobre él si es que eso se podía llamar arte o alguien lo podía encontrar “artístico”. Por supuesto, discrepamos diametralmente con el omnipresente crítico, por el contrario, creemos que el trabajo de Brown debiera ser difundido con mayor ahínco en tierras locales; no por el ensalzamiento de la violencia o la hematofilia, sino porque siempre resulta bueno y agradable abrir (o destapar) algunas mentes, romper los esquemas. Aquello no inspira la sangre ni la violencia (salvo estupidez intrínseca) sino las ganas de explorar desde la propia trinchera, derribar lo establecido. Aquella es la única manera de que el arte encuentre nuevos caminos, muchos erráticos tal vez, pero algún otro con el valor de la innovación o renovación.•
Todas las imágenes son propiedad intelectual de Trevor Brown© utilizadas en este artíuclo sólo con fines informativos.

lo vi en: http://www.macanadas.es

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