Ya basta de perseguir a Contador

Ya basta de perseguir a Contador
Hay deportistas tramposos. Miren ustedes, para mayores señas, el famoso episodio que protagonizó Maradona en aquel Mundial: no solo se ayudó con la mano para meter el balón sino que luego, cuando le pidieron cuentas, masculló, ni más ni menos, que había sido “la mano de Dios”. Que yo sepa, al tipo no lo suspendieron los mandamases de la Federación argentina ni lo excomulgaron los sumos sacerdotes de doña Iglesia por arrogarse soberanías que el Altísimo no suele otorgar a los futbolistas sino a los santos. Ben Johnson, por su parte, pasó de ser el hombre más rápido del mundo al corredor dopado más famoso del planeta. Y los ejemplos sobran: muchos competidores, asesorados por médicos no enteramente honorables, se administran sustancias para acondicionar su cuerpo por encima de sus potencialidades naturales. Casi todos los infractores, sin embargo, son detectados, tarde o temprano.
Bueno, pues, justamente, el caso de Alberto Contador, uno de esos portentosos campeones que tiene España, ganador del Tour de Francia, me parece muy extraño y sospecho, por ahí, que la persecución y el acoso de las autoridades deportivas han llegado demasiado lejos. Al hombre le encontraron 0,00000000005 gramos de clembuterol por mililitro de sangre, una cantidad tan absolutamente infinitesimal que viene siendo 400 veces menor a lo que deben detectar los laboratorios reconocidos por la Agencia Mundial Antidopaje. Ni a Contador ni a ningún ser humano le sirve de nada un porcentaje así de minúsculo de la dicha sustancia. Pero la respuesta de la Unión Ciclista Internacional (UCI) fue implacable y desmesurada: el campeón ha sido suspendido, ahí sí, y espera que los resultados de nuevas pruebas y contrapruebas le ayuden a probar su inocencia. Dice el ciclista que el clembuterol que tenía en el organismo provenía de una carne que comió luego de una etapa del Tour. Una contaminación alimentaria, o sea.
En todo caso, no hay razón para declarar la culpabilidad de Contador antes de tiempo y creo, más bien, que los sabuesos inquisidores tienen ya demasiado poder. Una cosa es la lucha contra el dopaje y otra muy diferente es la despiadada persecución que padece un deportista ejemplar. Pues eso.

Roman Revueltas Retes/mileniodiario

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