¡No, por Dios!

¡No, por Dios!
Fernando Botero
Han corrido apenas nueve días y la ilusión metafísica de que las cosas mejorarían con el año nuevo se hace pedazos. En sólo nueve días, los criminales demonizaron la esperanza.
Nada más el sábado se registraron 57 ejecuciones, 14 de ellas en Juárez, empecinado en demostrar que no hay medicina que lo cure; 27 en Acapulco, con la marca de las decapitaciones, que alguna vez merecieron las ocho columnas, ya no.
Hace una semana se invitaba a pensar que estaba por llegar la hora en que los despliegues militares y policiacos comenzarían a rendir frutos, la violencia disminuiría y la vida cotidiana sería un poco mejor. A creer que después de las 12 mil 700 ejecuciones de 2010 (52 por ciento más que en el terrible 2009), no se podría estar peor.
Pero, como ha reconocido Héctor Aguilar Camín, “el animal se ha dado la vuelta”, con un hambre sin hartura. Quizá ya no parezca una candidez periodística preguntar ¿cuántas muertes más en 2011?
Y estamos hablando de ejecuciones. Las noticias de voz en voz vuelven a dar cuenta de impresionantes robos con violencia en la ciudad y el Estado de México, del triunfo inobjetable de las extorsiones en la zona metropolitana de Monterrey, del avivamiento de los secuestros en las dos costas. Por no citar a los migrantes, las cárceles, los narcomenudistas…
¿En dónde estamos, hacia dónde vamos? ¿Cuándo se sentirán los efectos de los operativos? ¿Cuándo habrá una policía que actúe a tiempo?
Preguntas que siguen estando tan vivas como hace uno, dos, tres años. Porque, dígase lo que se diga, mídase lo que se mida, es inaceptable que, ante la incapacidad del Estado, 110 millones de personas tengan que seguir encomendándose a Dios.

Articulo de Ciro Gómez Leyva/mileniodiario

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