«Operación Pavo» o cómo devolver a México el «penacho de Moctezuma»

«Operación Pavo» o cómo devolver a México el «penacho de Moctezuma»
"Operación Pavo" o cómo devolver a México el "penacho de Moctezuma"
Detrás de un nombre tan superficial como “operación Pavo” se esconde un emperador deseoso de agradar al conquistador. Un conquistador ansioso por contentar a su rey. Un rey, el más poderoso del mundo, obsesionado por mostrar a todos sus riquezas. Y entre medias, quién sabe si un pirata francés, las peligrosas aguas de Jamaica, un botín y un ladrón. Son los ingredientes que sazonan la odisea de casi 500 años del conocido como “penacho de Moctezuma”.
La pieza, un tocado de plumas de quetzal engarzadas en oro y piedras preciosas y símbolo del poder azteca, es actualmente propiedad del museo vienés de Artes Populares, y se ha convertido durante casi un siglo en motivo de recelos diplomáticos entre México y Austria. Tanto que desde hace un tiempo se llevan a cabo discretas conversaciones entre ambos países, bautizadas con la poca afortunada definición de “Operación Pavo”, para que la pieza regrese a México.
Como ha explicado la directora del museo, Sabine Haag, después de las conversaciones mantenidas con México el museo vienés está dispuesto, por primera vez, a ceder la pieza, aunque sólo de forma temporal. A cambio, en un inusual trueque que demuestra el interés que otorga México al penacho, el país americano entregaría un escudo con plumas y un carro de oro de Maximiliano I, el fugaz emperador austriaco que gobernó México. La carroza se conserva actualmente en el castillo de Chapultepec.
Se sabe, porque así lo relata Bernal Díaz del Castillo en la “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, que Hernán Cortés envió a Carlos V un lote de 158 piezas que le había regalado Moctezuma, entre ellas el tocado del Emperador. Sin embargo, no era esto lo más valioso del cargamento, sino tres discos, el primero de oro y dos metros de diámetro, que representaban al Sol, la Luna y a Venus.
Aquí, sin embargo, la historia se complica con dos versiones que separan a los historiadores. La primera sostiene que la corona llegó finalmente a Europa con destino a la exposición que en Bruselas hizo Carlos V de sus tesoros de las Indias, quien posteriormente se lo cedió a su sobrino Fernando.
La segunda versión, más “romántica”, relata que los hombres del corsario francés Jean Fleury atacaron el barco en plena travesía a España.  50 años después, a su vez, acabaron en manos de un ladrón, que las vendió en Italia y después al archiduque Fernando de Austria, que las destinó a su castillo de Ambrás, en Insbruck.
También está envuelto en misterio la propia “titularidad” del penacho. Algunos historiadores dudan de que sea realmente propiedad de Moctezuma, una tesis a la que se suma con entusiasmo el gobierno austriaco.
Pese a que es la primera vez en muchos años en la que Viena abre la posibilidad de trasladar la pieza, que México considera “un objeto sagrado de la cultura del país”, la propia Haag se encargó de enfriar el entusiasmo. “Puede formar parte de la herencia cultural tanto de Austria como de México”, dijo.
No obstante, el fallecido presidente del país Thomas Klestil había pedido el regreso de la pieza como agradecimiento a que México fuera el único país que no reconoció la anexión de Austria por parte de Hitler. Hace cinco años los socialdemócratas y los verdes pidieron en el Parlamento su devolución, pero los conservadores se opusieron.
No es éste el único tesoro precolombino que reclama México a museos extranjeros, al igual que otros países latinoamericanos. Pero, ¿a quién pertenece realmente? La historiadora Carmen Cook Leonard sostiene que “este penacho no fue “robado” a México, palabra despectiva que ya se ha usado hasta en televisión, pues es parte del envio de 158 piezas de variable valor, que mandó Moctezuma como regalo, como era costumbre en aquel entonces, a Cortés como importante visitante”.

Ernesto Villar/larazon.es

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