El psiquiatra loco

El psiquiatra loco
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Estamos perdidos, pensé cuando leí en Metrópoli la noticia de que cinco grandes obras colapsarán el tránsito de la ciudad de México. El año sube el telón y en la escena aparecerá la obra de un psiquiatra loco, no sé si he escrito un grave pleonasmo. Dicen los que saben de todo a todas horas que la obra pública revela gobiernos emprendedores y decididos a gastar el dinero en el bien común. Qué bueno, los felicito, faltaba más, pero sé también que toda obra pública provoca desdichas privadas, sobre todo cuando todas esas creaciones se realizan al mismo tiempo.
En una pesadilla, el psiquiatra ha concebido la construcción simultánea de cinco obras de grandes magnitudes: dos líneas de Metrobús, una cubrirá el recorrido de Buenavista a San Lázaro y otra de San Lázaro al Río de los Remedios; segundos pisos de cuota, del Toreo a San Antonio y de San Jerónimo a Muyuguarda, calle, animal o cosa de la que yo no tenía conocimiento, me disculpo. A estas obras hay que añadir los trabajos en marcha de la línea 12 del Metro que avanzará a través de veinte estaciones de Tláhuac a Mixcoac. El costo de estas edificaciones se cerca a los 30 mil millones de pesos. No es necesario ser un reputado urbanista para saber que el día en que los trabajos de todas estas construcciones coincidan, la ciudad de México será una sucursal del infierno. No sobra decir que la pesadilla del psiquiatra somos nosotros.
Durante la edificación del segundo piso del Periférico, algunos amigos tuvieron que ser asistidos por psicoanalistas argentinos o competentes neurólogos, lo que llegara primero. El tiempo promedio que duraba un viaje de San Jerónimo a Polanco oscilaba entre la hora cincuenta y las dos horas diez minutos. Recuerdo el día en que un asunto de trabajo me llevó al sur profundo de la ciudad: Fuentes Brotantes. ¿Qué hacía yo en Fuentes Brotantes? En casa me prepararon una torta de jamón y me dieron una bebida energizante para tragar el migajón de la telera. Agregaron al paquete “Segundo Piso” un Tafil y una revista de interés general (no sé qué quiera decir esto, pero no importa). Supongo que así abandonaban su casa los hombres a quienes los esperaba el destino en guerras fraticidas, o no fraticidas, da lo mismo.
He revisado las rutas en un mapa de la ciudad y concluido sin lugar a error grande que si usted no tiene que circular nunca, y nunca es nunca, por Periférico a la altura de Palmas y la Fuente de Petróleos, el cruce de Periférico Sur y Luis Cabrera, es decir si usted viene de Santa Fe, si usted no tiene que pasar entre los cierres ocasionados por la Línea 12 del metro: ejes 8 y 7 no quedará atrapado en una nube de monóxido de carbono. Insisto en que si usted no necesita circular por el rumbo Cuatro Caminos, Mixcoac, San Antonio, Eduardo Molina, en fin, San Lázaro y anexas, si la mano de Dios le permite vivir sin estas vialidades (así se dice), no tendrá ningún problema. Pero si la vida ha querido en su infinita maldad que su ruta se cruce con el sueño del psiquiatra, en el porvenir lo esperan las tortas, el psicoanalista, las bebidas energizantes y, añado, unos tragos de Riopan.
En otra página he escrito que somos las ciudades que hemos perdido, a partir de este momento seremos un poco la ciudad que desaparece bajo la maquinaria pesada y las toneladas de cemento que sepultan una parte de nuestra historia. Por cierto, anoche soñé con el psiquiatra, en un rapto de obra pública ordenaba la edificación de un segundo piso entre la sala y la cocina de mi casa. Me negué con rotundidad, pero las leyes son frías, no reconocen excepción (mju).
Organizaba un movimiento y un plantón en el comedor de la casa de usted. Nada detuvo la construcción de la obra: segundo piso entre la sala y la cocina, y a la brevedad porque las elecciones se acercaban como un búfalo herido. Desperté desconcertado, no sé qué pensar.

Rafael Pérez Gay/eluniversal.com

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