La manca de Juárez

La manca de Juárez
“Sangre incomprensible gira”.
Tomo este verso del blog literario de Susana Chávez donde la poeta y activista también se presenta brevemente. Dice que participó de modelo en la portada de la película 16 en la lista dedicada a los feminicidios de Juárez. De modelo, pasó a ser víctima. La asesinaron hace unos días.
Asistía regularmente a las manifestaciones contra los asesinatos de mujeres en Juárez. Se dice que ella fue quien acuñó la frase “Ni una más”. Terminó sus vidas como una más.
El prólogo de su libro de poemas, Canto a una ciudad en el desierto, explica que éste: “representa un grito de fuego desde el corazón de la poesía contra la violencia que adquiere múltiples formas, entre ellas las más inadmisibles: los asesinatos de cientos de mujeres. La frontera del norte mexicano es una vieja cicatriz y no sanará hasta que no haya una muerta más.” De ser la voz de las muertas en sus poemas, Susana Chávez pasó a ser otra silenciada.
Sus huesos no están en el desierto. La encontraron poco después del asesinato a unas cuadras de su casa. A la poeta le cortaron la mano, grotesca referencia al oficio cervantino. La manca de Juárez entra a nuestro panteón literario con su voz-testimonio, encarnando en su vida y muerte el horror de la época.
Cuando las autoridades recuperaron la mano cercenada, la funerario acomodó el miembro en su lugar, y enlazó las dos manos con un rosario, como el que, cuenta la leyenda, se rezó en la Batalla de Lepanto para obtener la victoria sobre los infieles por intervención divina.
Lo rezó entonces el Papa, lo rezó el rey, lo rezaron en muchos conventos, iglesias, pueblos, ciudades. Ahora las autoridades, en cambio, salen con un rosario que parece estar diciendo “eso le pasa por andar paseando sola en la noche, hablando quién sabe con quién”. Eso, señores, no es rezo aceptable. No pueden dejar de enmarcar su asesinato con los otros feminicidios. Están enlazados. Son parte de un mismo horror.
La Batalla de Lepanto dio la victoria a los cristianos. En la muerte de Susana Chávez no hay ninguna victoria. Aquí la poeta murió, no sobrevivió para contar su historia, para hacerlo parte de la literatura. Tampoco hubo intervención divina. La poeta escribió: “en la mano de Dios se retuerce de risa contigo”.
“Los fantasmas sollozan”: otro verso del blog de Susana Chávez. Nació en la ciudad en la que murió, el 4 de noviembre de 1974. Empezó a escribir a los once años. Vivía con su mamá. Había dirigido algunos cortometrajes.
“Hablo del corazón frente a la muerte, / con el árbol de la voz, / con un labio de tierra y otro / de noche”.
No podemos escucharla, leerla, saber de ella, sin enlazar nuestras manos con las de ella, con la mano cercenada, con la que quedó adherida a su lacerado cuerpo.
“Siempre en tu sombra -escribió en un poema a un árbol- / comprendo un poco más a la palabra”.
“Ay, mi árbol de muñones blancos”.
Al momento, la versión de las autoridades es que la asesinaron tres menores de edad, tres ni-nis que no tienen historial criminal. No les hizo falta ningún entrenamiento: simplemente se acogieron a la ética ambiente. Uno de ellos, El Balatas, vivía en un cuarto que le prestaba un maestro jubilado. Él y su familia, al enterarse, sorprendidos por el crimen, conmocionados y conmovidos, fueron a dejar una veladora a la iglesia, por Susana Chávez.
Tienen que hacer justicia, dijo en entrevista la mamá de la poeta muerta. La comprendo y exijo con ella que haya justicia, pero ¿de dónde podemos sacar la confianza? Hace un mes fue asesinada Marisela Escobedo, la mamá de Rubí, por reclamar justicia para el asesino confeso de su hija. Ni una más. Ni una más.
“Qué le puedo decir a los demás / de mi embalsamada palabra si poco sé de ella”. Escribió Susana Chávez. Mucho nos dicen hoy sus poemas. Y nos habla su muerte. No podemos abandonar a la Manca de Juárez. De su blog cito por último dos versos que debiéramos tomar de rosario y de veladora para hacer un reclamo público:
“mi boca suspendida / en la fijeza de su fuerza”.

Carmen Boullosa/eluniversal.com.mx

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