Los diplomas ya no sirven de nada

Los diplomas ya no sirven de nada
La educación es importantísima, la educación lo es todo, la educación es fundamental para el desarrollo de la economía, la educación es factor de progreso, etcétera, etcétera, etcétera. Eso nos dicen. Y eso creemos también. Bueno, pero ¿qué pasa cuando un joven, justamente, educado —es decir, con estudios universitarios y con una maestría o hasta un doctorado— sale a la calle y no encuentra trabajo o, en caso de sí hallarlo, le pagan un salario miserable siendo que, encima, esta sociedad te bombardea constantemente con mensajes para que consumas y compres cosas que solamente puedes obtener con (mucho) dinero?
Lo que ocurrió en Túnez —la estremecedora inmolación de un profesionista desempleado que se prendió fuego para protestar porque la policía no lo dejaba siquiera tener un puesto ambulante de frutas y verduras para ganarse la vida— es ciertamente una monstruosa tragedia pero también, de manera paradójica, plantea una interrogante muy inquietante: ¿ya no bastan los estudios para tener un lugar en el universo laboral? ¿Los diplomas ya no aseguran un sueldo decoroso? Dicho en otras palabras ¿la educación ya no sirve de nada?
En un país como el nuestro nos hemos acostumbrado a convivir con la miseria y a no ver ya a los desheredados: en cada esquina podemos encontrarnos con un niño de la calle harapiento y desentendernos cómodamente de su condición; advertimos distraídamente la presencia de mendigos por todas partes y sólo ocasionalmente les damos una limosna; y nos acomodamos así a una realidad que, digamos, no nos parece demasiado anormal. Esa gente, después de todo, nos resulta obligadamente ajena en tanto que le suponemos un destino —y, sobre todo, un origen— bien diferente al nuestro. ¿Qué pasa, sin embargo, cuando el perdedor —dicho esto en el espanglés de curso legal, ya que el término loser no solía traducirse a nuestro idioma— es un técnico en computación o un licenciado en administración de empresas? Pasa que ya no entiendes nada de lo que está ocurriendo. Ah, y que te asustas mucho…

Ramón Revueltas Retes/mileniodiario

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