Messi es inocente

Messi es inocente
Inoxidable, debería ser la coronación de Messi como futbolista de oro en nuestro planeta y parte de la Vía Láctea que lo naturaliza como extraterrestre. Pero a la entrega del título durante una ceremonia cósmica al estilo FIFA, donde Blatter es Saturno, le faltó ese detalle que el organismo está desperdiciando: la nostalgia.
Parece que el futbol moderno no está dispuesto a detenerse en antigüedades ni pequeñeces. Necesita el estruendo de las masas para monetizar pasiones a la velocidad de la luz. En este apartado Messi es arrasador, su figura es una plataforma de lanzamiento universal para cualquier marca y FIFA debe avalar ante el mercado la exposición de su mayor estrella. Porque Xavi, un veterano en etapa de jubilación, y Andrés Iniesta, un calvito prematuro con la palidez de un bibliotecario por lo visto no garantizan el “fenómeno fan”. De eso Messi no tiene la culpa.
La elección del Balón de Oro por jugadores y entrenadores fue diáfana, el proceso entre iguales impidió la antropofagia y el argentino es el futbol encarnado. Es imposible pensar que el futbol votó en contra de sí mismo. Pero algo sucede cada vez que Blatter pisa un escenario. Su presencia amarga la fiesta y sugiere el debate sobre cualquier decisión, es un cuerpo extraño. Hemos perdido la confianza en FIFA, que se volvió un organismo de ciencia ficción. Donde Messi es Luke Skywalker; Xavi, Obi-Wan Kenobi, Iniesta parece el Yoda y Blatter sin ninguna duda es el Jabba the Hutt. Lo mejor es que a final de cuentas el Balón de Oro se encuentra en la bóveda de un club al que FIFA no tiene acceso, el vestuario del Barcelona. Hay lugares donde las estrellas bajan a la Tierra aunque hay épocas donde parece que se alejan y no podemos verlas.

José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo/mileniodiario

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