Talibanes

Talibanes
Ha escrito el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla que la ley del tabaco es «talibanesca». No está mal. También nazi y estalinista. Se trata de una ley trazada por una incompetente y rematada por un personaje ridículo. De Trini a Pajín y tiro porque me toca. Trinidad Jiménez ha conseguido, al fin, pasar a la Historia. Perdedora nata, su protagonismo en la política se ha sostenido exclusivamente por el dedo. Cuando ha tenido que ver con los votos, Trinidad Jiménez se ha dado contundentes batacazos, siempre premiados por el dedito. Carece de cimientos democráticos, y por ello, en un sistema aparentemente democrático, no se puede aspirar al respeto. Pero pasará a la Historia –creo que la mayúscula es exagerada–, como una liberticida y una autoritaria. Su sucesora en el Ministerio de Sanidad se encontró con la ley escrita, y no ha tenido empacho en empeorarla mediante su impulso a la delación. La delación popular ha mantenido algunas tiranías, todas ellas del agrado y aprecio de Leire Pajín. En Cuba, nadie ha estado nunca seguro por miedo a la invencible red de delatores. «Hasta las botellas de ron oyen, apuntan y delatan» me comentó el gran escritor cubano Raúl Rivero, que entregó varios años de su vida a las mazmorras húmedas y malolientes del castrismo en defensa de la libertad.

Insisto en la ley anterior, asesinada por las chicas totalitarias y los diputados que se creen superiores a los ciudadanos. También ha existido talibanismo, estalinismo o nazismo en los parlamentarios del Partido Popular. Tengo en grandísima estima a Ana Pastor, que fue una estupenda ministra de Sanidad. No es analfabeta. Es doctora en Medicina. Pero en lo que respeta al tabaco, también Ana Pastor abomina de la libertad, y nos impone sus criterios. Con la anterior ley, existía buena armonía y convivencia entre los fumadores y los no fumadores. No se puede asestar un golpe tan brutal y certero a millones de españoles. Prohíbase la venta del tabaco y que el Gobierno renuncie a sus fabulosos impuestos. Pero el cinismo de los talibanes es insuperable. Se permiten miles de nuevos puestos de venta de tabaco, se aumentan los impuestos y aplastan nuestra libertad. Que de eso se trata. El tabaco es secundario, como la acción de fumar. El objetivo es imponer, ordenar, denunciar y machacar la libertad de muchos millones de ciudadanos. Talibanes, nazis y estalinistas.

Pero no lo van a tener fácil, a no ser que conviertan a la mitad de los españoles en policías, como ha hecho la tiranía cubana durante décadas. Por un lado, se terminaría con el paro. ¿Cuál es su trabajo? «Soy delator nacional». Como lo de «nacional» no les gusta, podría adoptarse la figura de «delator estatal». Tres categorías de delatores. «Delatores estatales», «delatores autonómicos» y «delatores municipales». Los delatores de las tres categorías podrán agredir a los fumadores resistentes. Una delicia.

España, señoras y señores talibanes, nazis y estalinistas, es una nación turística. Los ingresos del turismo nos mantienen. Además de la costumbre y la libertad, siempre respetuosa con la libertad de los demás, en España hay trescientos mil negocios entre bares, cafeterías, tabernas, ventas, discotecas y hoteles. Su odio a la libertad puede arruinar a centenares de miles de empresarios y llevar al paro a más centenares de miles de trabajadores. La libertad demanda que el impulso de valentía del «Asador Guadalmina» se contagie a otros empresarios. Que la sociedad se imponga a los talibanes, los nazis y los estalinistas. Eso, la libertad.

Alfonso Ussia/larazon.es

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