¿Ya no vamos a viajar por carretera?

¿Ya no vamos a viajar por carretera?

Una familia viaja en coche de Matamoros a Ciudad Victoria. De pronto, un retén. No es la policía ni el Ejército. Son Los Zetas. O, vaya usted a saber quiénes. El conductor, tan asustado como cualquiera de nosotros, decide dar media vuelta. Los sicarios disparan. Mueren dos personas…

Así están las carreteras en nuestro país. Un conocido mío tiene un rancho en Zacatecas al que solía ir, con mucha frecuencia, desde Aguascalientes. Pues, ya no va. Tiene miedo. Ha oído historias de asaltos, secuestros y asesinatos. En un momento pensó que manejar su Ford Lobo podía ser un peligroso pavoneo, una imprudencia. Se compró entonces una desvencijada troca de ocasión. Bueno, ya ni eso. Por lo que parece, te atacan y te matan simplemente por estar ahí, por encontrarte en tu huerta, con tus animales y tus cultivos.

¿Esto es vida, lectores? ¿Esto es una sociedad viable, con futuro y con posibilidades de prosperar mínimamente? Pero, además, ¿qué precio estamos pagando, desde el punto de vista económico, por dejar de viajar, de salir, de visitar lugares y de atender los asuntos propios?

Los restaurantes están llenos en Guadalajara y en Ciudad de México, me han dicho algunos lectores en ocasión de otros arranques míos de pesimismo catastrofista. Es cierto. Pero hay también bares y cenadurías y merenderos vacíos en muchos lugares de la República. Hay negocios cerrados porque a los dueños se les exigía una cuota por “protección”. Hay gente que ha debido abandonar el terruño e irse a vivir a otro lugar. Y esto pasa en Chihuahua, en Sinaloa, en Nuevo León, en Michoacán, en Guerrero… en muchísimos lados. Ciudades que antes eran tranquilas ahora son el escenario de ejecuciones y atrocidades. A un ex gobernador de Colima lo mataron y, por si no fuera suficiente, la policía del estado —tan inepta como brutal— no tuvo mejor idea, para esclarecer el crimen, que meterse a la propiedad de un médico muy respetado en la comunidad y asesinarlo delante de su hijo.

O sea, que si no te toca de un lado te cae del otro. Así (mal)vivimos los mexicanos.

Roman Revueltas/mileniodiario

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