Indios again

Indios again
Diego Rivera

Una cifra, una sombra, un pasado, una vergüenza, un rostro que ocultar. A los mestizos les incomoda. Para los que vienen de la Colonia, los criollos, su doble moral les impide voltear a ellos (no dudo que hay excepciones). Pero otra vez fueron olvidados en el nuevo mandato constitucional: derechos humanos sin importar sexo, religión o raza. Si los gays y lesbianas son beneficiados por las reformas a los 10 artículos constitucionales, de nada servirá si dejamos atrás a las minorías indígenas.

Los indios de México son millones. Dueños de esta tierra hasta el descubrimiento de América, supuestamente por Colón. De 1492 a la fecha las vejaciones no paran. Su incorporación a la vida civil es una mancha para cualquier mandatario que se diga democrático. Nada ha podido desaparecerlos. Ni los terremotos, ni las enfermedades, ni las sequías y, obvio, ni el hambre. Ahí están: una conciencia clavada cada vez que uno los mira a los ojos.

Los gays y lesbianas serán respetados al menos constitucionalmente con los cambios que se hicieron la semana pasada en el Senado de la República, hay que decirlo, en un ejercicio democrático de los partidos políticos, incluido el Partido Acción Nacional, PAN. (Ahora el Partido de la Revolución Democrática, PRD, tendrá que hacer más esfuerzos para continuar por una línea civilizatoria que garantice que realmente ejerce su oficio de partido de izquierda en materia de los avances sociales). Y a los indios, ¿quién podrá defenderlos? Ni siquiera fueron noticia en esta materia. ¿Los gays están de moda y los indios, no?

Levanto la frase de los 70 coreada en las calles para protestar por los derechos humanos: “Nadie es libre hasta que todos seamos libres”. Ese sería el espíritu con que los marginados, las minorías, y desde luego las mayorías civilizadas deberíamos pugnar para hacer algo por esos 24 millones de hogares donde al menos en cerca del 10 por ciento de esas familias se habla una lengua indígena. ¿Cómo proteger sus derechos humanos sin discriminación de raza, sexo o religión? ¿Cómo instrumentar mecanismos legales para sus garantías plasmadas en la Constitución, esa que presumen que con los cambios dimos un paso fundamental en la historia del país? Y esos cambios, para los indios, ¿cuándo?

Si dudan del atropello lean el libro de Rius: 2010, ni independencia ni revolución. Nada que celebrar.

Braulio Peralta/mileniodiario

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