Japón

Japón

Vivimos ahora la incertidumbre de Japón, que se convierte en una desgracia mundial. Japón, capital mundial de la desgracia, escuché esta mañana. Escuché también elogios a la capacidad de sufrimiento y de organización en medio del sufrimiento de ese pueblo. El accidente nuclear que ha venido aparejado a la tremenda consecuencia del seísmo y del tsunami convierte ahora el debate sobre ese tipo de energía en un endiablado conflicto que no se liquidará tan solo con las seguridades científicas acerca del control que se establece sobre los peligros que entrañan estas centrales. Japón saldrá de su atolladero, pues tiene fuerzas para hacerlo, y además cuenta con la tradición del éxito en sus empeños desde abismos aún mayores, o similares en la grandeza de su tragedia. Pero el daño que se supone irreversible, el de las fugas nucleares, tendrá mucho menos remedio; es un daño de consecuencias universales, que pone en cuestión uno de los tópicos que se han abierto en nuestra época: que el riesgo está controlado, que todo hace daño, que nada es seguro. La vida está marcada por la incertidumbre, es cierto; nada se salva de la incertidumbre, pero el hombre tiene derecho a preferir energías alternativas cuyos riesgos son mucho más manejables y en todo caso menores. El hombre tiene derecho a preferirlo y por tanto tiene derecho a decirlo. Se ha avanzado demasiado ya en la organización nuclear de la energía, es difícil volver atrás, eso está claro, pero ahora hay muchísimos ciudadanos que deploran que se haya avanzado tanto.  

Juan Cruz/elpais.es

http://blogs.elpais.com/juan_cruz/

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