Perdón si aguo la fiesta

Perdón si aguo la fiesta

Pero me resulta difícil compartir el júbilo desbordado de tantos ante la llamada ola democrática que sacude a Medio Oriente: no puedo dejar de observar que, incluso con menos sutileza que en el caso mexicano, allí también se fueron los dictadores pero se quedaron las dictaduras. Y es que la caída de Ben Alí, de Mubarak y, quizá muy pronto, de Gadafi, no ha hecho nada por reemplazar las instituciones autocráticas de la región, donde las masas sedientas de libertad y armadas con redes sociales —cuya efectividad ha sido grandemente exagerada: éstas aceleran y facilitan, pero no crean, los levantamientos— han comenzado el proceso, pero jamás podrían haberlo terminado. Quien ha tumbado a esos sátrapas no han sido los ciudadanos, sino los ejércitos de cada país que, de manera oportunista, han abandonado a sus comandantes supremos cuando ya no les servían: las dictaduras militares, tan imbricadas en la vida patria de esos lares, han cambiado de patiño, pero no han resquebrajado ni un ápice el yugo.

Falta ver, en los hechos, si las revueltas en esos países materializan la igualdad de género, si los derechos humanos comienzan a significar algo tangible, si se terminan los privilegios de las élites y si la religión pasa a ser, o permanece, un asunto del ámbito estrictamente privado, condiciones todas necesarias para el florecimiento de sociedades abiertas y libres. O si todo queda igual y sólo llega alguien más, con nombre diferente y eslóganes frescos, a seguir ordeñando al pueblo.

Porque ése es el punto: ¿qué significa realmente tener o ser democracia? Se supone que significa ejercer las preferencias de las masas, de las mayorías. Pero, ¿será eso garantía por sí mismo de buen gobierno, de prosperidad, de civilidad y, sobre todo, de libertad? Las masas, que no siempre tienen conciencia, ¿tienen la razón? Porque en México desde hace más de una década hay democracia y, sin embargo, la clase política que nos pudrió durante siete décadas sigue allí, intacta, aunque bajo otras siglas, ejerciendo una autoridad tan férrea y quizá más desligada que antes de las necesidades del país desde el congreso, sancionada por algo que solemos llamar “voto ciudadano” y que todos nos congratulamos de haber logrado, como panacea, el 6 de julio del año 2000.

PS: ¿Y Cuba? Cuba, la que, igual que los hoy repudiados líderes medio orientales, censura internet, encarcela y tortura disidentes y restringe el libre tránsito y el derecho de reunión de sus ciudadanos. ¿Y allí? ¿Cuándo se van a sacudir a su tirano?

Roberta Garza/mileniodiario

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