Siete

Siete

Vale la pena seguir contando con el 7, un número independiente. Más carismático que cabalístico, muy futbolero. Se mueve entre el 6 y el 11, vive adelante del medio campo o existe en la banda. Completa las líneas con su herencia defensiva, es primogénito del 5; un contención perpetuo. Pero diferente al talentoso 8, juega más al frente por vocación. Delantero natural menor que el 9 o mediocampista espiritual mayor que el 6. Se puede confiar en él todo el partido. Suma valores muy respetables, no cualquiera triunfa siendo 7. Es un guarismo antiguo que eterniza dorsales: nombres y apellidos guardados en la caja fuerte de los estadios. El 7 como sucedió alguna vez con el número 10 está prescribiendo. CR7 lo regresó al mercado con una estrambótica combinación de iniciales y bíceps, pero le siguen faltando las milésimas de punto del 7 capitán, del 7 solitario, del 7 de Raúl. Al que las matemáticas condenaron en los sótanos del Bernabéu.

Con treinta y tantos la decisión final de su carrera era otro papeleo bancario para la Major League. Seis millones de dólares anuales, membresía en Wall Street, penthouse en la Quinta Avenida y otoño en Nueva York. Raúl siguió el camino del 7, el de los números libres. Prefirió mancharse la camiseta en un futbol más suyo, el de carbón. Se refugió en las minas de Gelsenkirchen, la Westfalia. Dentro de un equipo que sólo existe bajo tierra: el Schalke 04. El honor de Raúl está entre leones. Ayer (0-1 al Bayern) volvió a impugnar su retiro. Con 11 goles suyos el Schalke es décimo en Bundesliga, lo tiene vivo en Champions (1-1 al Valencia) y lo lleva a la final de la Copa alemana. Sigue cargando el 7 en la espalda. Quedarse o irse, hay palabras que cuentan y números que hablan.

José Ramón Fernandez G. de Quevedo/mileniodiario

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