Bofetada con cita

Comprendo que el escritor que hace citas en sus textos demuestra erudición y que esa sensación de sabiduría produce en muchos de sus lectores un impacto indudable.

Bofetada con cita

Como cualquiera de vosotros, también yo he tenido ocasión de leer artículos elaborados con una retahíla de ocurrencias ajenas en los que el articulista sólo ponía de su parte unas cuantas frases con las que separar los numerosos entrecomillados. La verdad es que siempre me dieron envidia los tipos con tantos recursos bibliográficos, aunque con el tiempo me he dado cuenta de que escribir con citas es en cierto modo tan impersonal como si en su próxima película Spike Lee dedicase la mitad de metraje a incluir secuencias de la filmografía de John Ford. El mismo efecto desalentador me lo causaría un pintor que copiase «Los girasoles» de Van Gogh y presentase la obra como algo propio luego de haber sustituido por ramitas de perejil un par de flores. Yo he preferido siempre al escritor de ideas propias, alguien que sea capaz de argumentar sin necesidad de arroparse en el prestigio de otros, como el aventurero que prefiere explorar el territorio sin echar mano del mapa de carreteras. Ni siquiera me importa cuál sea el resultado si me consta que hizo el esfuerzo por conseguir cierta originalidad. A veces llegamos a un buen sitio gracias a habernos confundido de camino. Yo mismo escribo a menudo sin saber muy bien lo que pretendo, arrastrado a la escritura por la necesidad de liberar los nervios de la angustia que los atenaza. En la literatura ocurre a veces como en cualquier otra manifestación de la vida y mientras pensamos en una cosa se nos ocurre otra que no hay que descartar que sea más interesante. Yo me he casado dos veces y podría decir que si bien mi segundo matrimonio es la obvia demostración de lo mal que me salió el primero, también podría argumentar que sin el fracaso de mi segundo intento será difícil que acierte por fin con el tercero. No dudo de que la escritura con citas sea más segura e irrefutable que el intento constante de ser original, pero yo he sido siempre de la opinión de que a una mujer es mejor besarla sin saber mucho de ella, no sea que al besarla presientas en sus labios la cita de los labios de su anterior pareja. Puede que por haber improvisado sin tomar precauciones ella te responda con una bofetada. Pero en ese caso siempre te quedará el consuelo de pensar que esa bofetada en realidad sólo fue una cita femenina y perfumada de Cassius Clay.

José Luis Alvite/larazon.es

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