Chicharito, el duende de Old Trafford

Chicharito, el duende de Old Trafford

Los campos ingleses llevan en sus nombres esa consonancia de novela fantástica: Anfield, Stamford, Pride Park, Highbury… sugieren reinos, ogros, dragones. Quien logra el respeto de un estadio inglés, alcanza inmortalidad. Ryan Giggs cruzó Old Trafford hace muchos años. Se volvió himno. Un galés de escudo y mesa redonda. La hora del partido es puntual con el caballero. Chelsea y Manchester United jugaban un capítulo privado de Champions. Arrancó el juego con Torres pasado de libras, el último consorcio de Abramovich es un futbolista de 58 millones, pero solitario. El Chelsea oficialmente quebró. Termina el proyecto que deslumbró al futbol con su poder adquisitivo: un club que se compró un pedigree. Aún así el partido guardaba respeto por Lampard y Terry, antiguos príncipe y verdugo.

Pero al 43’ (Hernández 1-0), Rooney alteró el metabolismo del juego. Recibe un balón fuera del área, olvida su pasado ferroviario y cambia el balón de paralelo con detalle de mariscal. El pase descoloca a medio Chelsea que le seguía y abre un pedazo de cancha donde Giggs es mitológico. En esa banda pegada a la tribuna, un espacio entre pueblo y dioses, toca de primera para O´Shea, que entiende el movimiento del pegaso y lo manda a volar. Giggs con 37 años entró al escenario principal del viejo teatro mirando por la escotilla del ojo a Rooney, que hizo de rompe olas en el área. El galés centró con la decisión de los highlanders: fuerte y raso. Un servicio mortal. El balón llevaba espíritu, gol del Chicharito. Vale una semifinal de Champions y destierra de la vetusta Europa a la moderna dinastía del Chelsea. Hernández es el nuevo duende del fantástico Old Trafford, donde vive Ryan Giggs, el último caballero que pasó por aquí.

José Ramón Fernandez G. de Quevedo/mileniodiario

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