El amor y la artrosis

El amor y la artrosis
pintura de Raul Cañestro

Es cierto que los seres humanos hemos sustituido la intuición por el conocimiento y que ésa es la razón por la que hemos progresado, lo que explica que en las carreras del hipódromo no seamos nosotros quienes entremos en la meta con el caballo cargado a la espalda. Conservamos sin embargo cierta capacidad intuitiva y presentimos la inminencia de hechos que luego se constata que ocurren. Una de las sensaciones intuitivas más generalizadas es la relativa al amor.

Cada vez que alguien pide mi opinión sobre cuál es la esencia del amor, suelo contestar que, a falta de explicaciones bioquímicas que suelen resultar simpáticas pero poco fiables, el amor es algo que no se puede explicar de una manera racional y que si el amor se pudiese explicar, con seguridad no sería amor. A una mujer que nada más conocerla le dije que la quería, hube de darle explicaciones porque ella no entendía que un sentimiento semejante pudiese surgir sin apenas conocernos. Como no podía ser de otro modo, recurrí al argumento de la intuición: «No me pidas que te lo explique.

La intuición del amor es algo instintivo. Para saber si uno está enamorado, se guía por el presentimiento, del mismo modo que para predecir el tiempo los ancianos se fían de la artrosis». Le dije también que el conocimiento de la otra persona no sólo no garantizaba el enamoramiento, sino que en muchos casos lo impedía, igual que en el caso del matrimonio la convivencia conduce a menudo a su destrucción. En materia de amor cualquier hallazgo empírico es dudoso y a menudo surge condenado a ser sustituido por un hallazgo nuevo, a veces contradictorio incluso con el anterior.

Uno se fija en la boca de la persona con la que desearía emparejarse y hace cuanto puede para seducirla con la esperanza de besarla. Luego surge la convivencia y pueden ocurrir muchas cosas, una de ellas, que detrás del beso aparezca el aliento insoportable. Todo está sujeto a crisis. ¿No se dice ahora que el pan no engorda? Durante siglos los seres humanos creyeron lo contrario apoyados en la referencia de la báscula y resulta que no, que uno puede hartarse de comer pan sin coger peso.

Además se recomienda comer de todo y muchas veces al día, en la seguridad de que la gula moderna, que es científica, no engorda como la gula de antes, que era una instintiva gula de recebo. En cambio parece que atiborrarse de amor conduce sin remedio al fracaso por culpa de la torpeza de conocerse bien. Una pareja puede ser feliz si los dos se preocupan de no conocerse demasiado. Ambos sabrían  en ese caso que a veces entre un hombre y una mujer las cosas marchan bien hasta que en lo suyo se entromete el amor.

José Luis Alvite/larazon.es

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