La paradoja de marchar un miércoles

La paradoja de marchar un miércoles

Ya alguien dijo antes lo raro que son los miércoles. El de ayer en México fue un día de paradojas. Paradoja porque al son de las palabrotas, de las groserías, al canto de “Estamos hasta la madre”, en Cuernavaca nació ayer un nuevo y muy civilizado movimiento social, en el que un poeta ha decidido callar ante la injusticia, y paradójicamente, cada que toma el micrófono estremece a quienes escuchan su arenga, mensaje al mismo tiempo demoledor e institucional, discurso cívico y místico, trémulo y viril, grosero y pacífico, con lágrimas y algunos toques de alegría.

Javier Sicilia ha logrado despertar eso que se ve poco. No la indignación, que nadie se confunda, esa vive en muchas casas mexicanas hace mucho, lo que el poeta de Cuernavaca ha despertado es ese elemento que no aparece en la tabla periódica de la química nacional de México, esa sustancia que de repente pone a los extraños a caminar juntos, que mueve a los vecinos a comprar cartulinas y escribir la antítesis de las narcomantas: si lo malos pueden mandar mensajes los buenos también saben hacerlo. Y los que han estado callados salen con sus mensajes escritos a mano, y hay que decirlo, con mucha mejor ortografía que las de los criminales dicen: ya estuvo, ya basta. Sicilia despertó ese ligamento que hermana a los que pasmados ven en soledad que sus gobernantes están en las cavernas, elegantes mansiones y palacios donde se autoarrinconan sentados en dinero, pero cavernas porque ahí se guarecen de las salvajadas que han prohijado, de las policías que no nada más solapan, sino que incluso dotan de armamento, de los criminales a los que conocen pero no detienen.

Es una paradoja sobre todo porque una tarde tan bella como la de este miércoles en el centro de México, una concurrencia tan animada que no rompe un cristal, que no hace que ningún comerciante baje sus cortinas porque esta multitud no es vándalica, esta manifestación se siente casi como una fiesta primaveral hasta que uno recuerda que surge de un asunto antinatural, para la cual, como ha explicado Javier Sicilia no existe palabra en el idioma español: ¿qué somos cuando se nos muere un hijo? “No se es huérfano ni viudo se es simple y dolorosamente nada”. Ése es el absurdo que está en la génesis de este movimiento que ayer tocó a veinte estados del país.

De haber estado ayer en Cuernavaca, en el mitin, muchos mexicanos de mediana edad habrían recordado nuestros años 60, 70, 80. Recuerdos de cuando un puñado de valientes quería que este país fuera mejor, fuera democrático. Javier Sicilia montado en una combi, en una combi destartalada, diciéndole al Ejército, tienen una oportunidad para evitar esa tontería mal llamada daños colaterales, tienen la oportunidad les insistía frente a la XXIV zona militar de ser lo que siempre han sido, los guardianes de una nación, de la nación que ayer se manifestó con un nuevo hasta aquí.

Siempre a partir de sus papeles de poeta que ya no escribe, Sicilia mandó una advertencia a las autoridades civiles: esta vez el “si no pueden renuncien van en serio”, porque, expresó en el mejor castellano del mundo, “cuando uno manda a chingar a su madre a alguien, tiene que asegurarse de que vaya”.

Hoy jueves en el zócalo de Cuernavaca amaneció un poeta que ha fijado un plazo que vence el día 13 de abril para que las autoridades presenten a los verdaderos asesinos de sus hijos, y a sus cómplices. Un poeta que ha adoptado a los hijos de otros padres también agraviados, un poeta al que se acercaban personas anoche para decirle, oiga, puedo pedir por mis muertos, y era una chamaquita a la que hace seis meses le mataron ahí mismo en Morelos a sus dos hermanos, a un primo y a su novio; un poeta que quiere que la gente tuitee en @mxhastalamadre ideas para salir de este desastre, un poeta que dice que no va a volver a escribir hasta que no sane el tejido podrido del México de hoy. Llegó el día después de la marcha y este poeta parece que sí sabe lo que sigue: ofrece su silencio a cambio de que México no se calle más.

Salvador Camarena/http://blogs.elpais.com/aguila-sol

Deja un comentario